Columnistas

¿Futuro de Colombia?
Autor: José Alvear Sanin
1 de Junio de 2016


Andrés Pastrana, con total razón, nos advierte: “El futuro de Colombia es el presente de Venezuela”. Si no reaccionamos, ya al borde del abismo, ese es el espantoso porvenir del país.

Andrés Pastrana, con total razón, nos advierte: “El futuro de Colombia es el presente de Venezuela”.  Si no reaccionamos, ya al borde del abismo, ese es el espantoso porvenir del país. 


Si el trato clandestino entre Santos y Timochenko para “refundar a Colombia” es elevado a “acuerdo humanitario” para incorporarlo automáticamente a la Constitución, en los siguientes 180 días el gobierno tendrá facultades para dictar centenares de decretos con fuerza de leyes habilitantes, para cambiar todos los ramos de la legislación colombiana, de tal manera que las 67 reformas ya convenidas con las Farc, más las 28 “salvedades”, determinen una Colombia castrista.


El desbarajuste institucional y el consiguiente caos comenzarán con el desmembramiento del país, porque en nueve millones de hectáreas se establecerán docenas de Zonas de Reserva Campesina (es decir, sóviets), donde bajo el dominio de las Farc, la única producción en alza será la de narcóticos, mientras se hunde la de pancoger y desaparece la ganadería. Vale la pena mirar el prototipo de las ZRC, el Catatumbo.


En las ciudades, a medida que aumente el desempleo, aparecerán programas de subsidio masivo para crear clientelas tumultuarias, como en Venezuela. Los guerrilleros, con buena remuneración y amplia capacitación para las actividades de agitación y propaganda, también actuarán como jefes de los colectivos bolivarianos de matones armados, que harán su aparición para “defender la revolución”. 


Las ciudades empezarán a experimentar la actuación de “maras”, como las que han surgido en desventurados países centroamericanos que antes que nosotros han firmado convenios —así hayan sido menos radicales allá— con la subversión.


La “justicia especial de paz” (¿presidida por Baltazar Garzón o por Eduardo Montealegre?), después de absolver a los reclutadores de niños, los enfermeros abortistas de las Farc, los voladores de oleoductos, los exportadores de alucinógenos, los secuestradores y demás “constructores de paz”, iniciará, con la ayuda de la comisión de la verdad, una caza de brujas para enviar  a las mazmorras de ese tribunal millares de ciudadanos que en el curso de los años se han opuesto a la subversión, empezando por los generales de la República, como alguna vez lo insinuó, en un lapsus linguae, uno de los negociadores de nuestro gobierno en La Habana.


En los campos, los propietarios expropiados se enfrentarán a “brigadas populares”, en el baño de sangre que sigue inevitablemente a toda reforma agraria estalinista, mientras el renovado y bolivarianizado Ejército colombiano, a las órdenes de la ONU, se hará presente en Siria, Aden o Chad…


Los dirigentes gremiales, los industriales y banqueros, los propietarios de grandes medios y los políticos corruptos, que para asegurar ganancias inmediatas se negaron a ver lo que se venía, podrán salir de Colombia rumbo a sus dorados exilios. Los quintacolumnistas (profesores universitarios, jueces y fiscales, periodistas y comunicadores, obispos y curas de la teología de la liberación) medrarán algunos meses, antes de que a ellos también los empiece a afectar la represión. 


El pueblo llano será el que sufrirá la hiperinflación, el desempleo masivo, la desaparición de los magros ahorros, la escasez de medicamentos, el colapso total de la salud y la vida convertida en una sucesión de interminables colas…


El gobierno, para ganar siempre las elecciones, tendrá que aumentar su control de los medios, incrementar el clientelismo y perfeccionar los mecanismos de fraude electoral.


Entretanto, una economía desordenada y cada vez más improductiva, con petróleo barato, para atender los inmensos gastos del populismo y el asistencialismo, no tendrá más solución que emitir y depender de las exportaciones de drogas ilícitas, como cualquier narcoestado. 


Vamos a Venezuela. Todo el mundo espera, lógicamente, la caída de Maduro, olvidando que para el comunismo nada importa la opinión de las gentes. Mientras el partido disponga del aparato represivo, la dictadura del proletariado seguirá aplastando al pueblo. En la isla famélica de Cuba, por ejemplo, llevan 57 años de infames padecimientos, opresión, delación, desesperanza, frustración y enormes carencias alimentarias. 


Por tanto tenemos que resistir, para evitar que el futuro de Colombia sea también el presente de Cuba. 


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La actitud pusilánime de Santos envalentona a los secuestradores de Salud; y la cínica de Timochenko pidiendo la liberación de la periodista a nadie convence, porque siguen en su poder incontables menores de edad.