Columnistas

El destino colombiano, ser cola de rat髇
Autor: Guillermo Maya Mu駉z
30 de Mayo de 2016


Los economistas cl醩icos ingleses Adam Smith y David Ricardo, con sus obras La riqueza de las naciones (1776) y Principios de econom韆 pol韙ica (1817), ten韆n el empe駉 de convertir al resto del mundo en compradores de las manufacturas que produc韆n.

Los economistas clásicos ingleses Adam Smith y David Ricardo, con sus obras La riqueza de las naciones (1776) y Principios de economía política (1817), tenían el empeño de convertir al resto del mundo en compradores de las manufacturas que producían los hoy llamados países desarrollados y en proveedores de las materias primas y alimentos necesarios para su proceso de industrialización y acumulación de capital. 


No estaban solos. Los intelectuales y líderes políticos de los propios países del resto del mundo los acompañaban en el empeño, como es el caso de Colombia, y muy pocos disputaban la libertad de comercio como el destino de las naciones para el progreso y la libertad.


Florentino González (1805-1874), en el primer gobierno de Tomás Cipriano de Mosquera (1845-1849), se convirtió en el defensor del libre comercio, y se expresaba así, de acuerdo con el barranquillero Nieto Arteta en su libro Economía y cultura en la historia de Colombia (1942), libro que debería ser leído en todas las universidades colombianas: “Los granadinos no pueden sostener en las manufacturas la concurrencia de los europeos y de los americanos del Norte (…).Debemos ofrecer a la Europa las primeras materias (primas), y abrir la puerta a sus manufacturas, para facilitar los cambios y el lucro que traen consigo, y para proporcionar al consumidor, a precio cómodo, los productos de la industria fabril”.


El líder liberal Manuel Murillo Toro (1816-1880), presidente de Colombia por dos veces, en su escrito Dejad hacer (1853) consideraba que había cierta fatalidad geográfica en la división del trabajo internacional: “Nosotros (…) tenemos que ser, (…) un pueblo agricultor y nada más”.


Incluso, el entonces neogranadino Camilo Torres (1809, Memorial de agravios) mucho antes que González, y Murillo Toro, recomendaba una articulación primaria exportadora agrícola debido al hecho de que América con “su suelo fecundo en producciones naturales (…) constituirán a la América en el granero, el reservatorio y el verdadero patrimonio de la Europa entera”.


El liberal Miguel Samper (1825-1889), ministro de Hacienda en dos ocasiones, en su texto Dejad hacer (1852), al que responde Murillo Toro, por su parte, se expresaba en contra de los aranceles o derechos de aduana “cuyo resultado no es otro que el de hacernos contribuir mas fuertemente a favor de un cierto numero de artesanos. ¡La libertad siempre, la libertad en todo!”.


Colombia importadora de manufacturas y exportadora de materias primas porque: “Europa, con una población inteligente, poseedora del vapor y de sus aplicaciones, (…) llena su misión en el mundo industrial dando diversas formas  a las materias primas” (Florentino González).


Por su parte, en el siglo XX el líder conservador y luego presidente de Colombia, Laureano Gómez afirmaba que: “El territorio colombiano (…)  no es apto para el progreso por estar situado en el trópico húmedo y (…) gran parte de nuestros conciudadanos por no ser blancos tampoco pueden mejorar la situación” (Julio Carrizosa, (2001, Reflexiones y Notas Sobre Ambiente, Desarrollo y Paz).


En retrospectiva, aunque los economistas son mejores mirando el pasado que el futuro -nadie tiene la llave del futuro- se podría decir que la economía nacional ha estado signada desde entonces por una articulación agraria y minera exportadora a la economía mundial, con incursiones importantes en el proceso de industrialización entre 1930-1970, pero con retrocesos, aún mas graves, desde 1990 hasta el presente.


En una reunión reciente en Medellín, entre el Ministerio de Comercio Exterior, los gremios exportadores antioqueños y el consejero comercial de la Unión Europea en Colombia, la viceministra de Comercio Exterior Mariana Sarasti hablando de oportunidades comerciales para Antioquia, inspirada, señalaba que estas descansan en productos agrícolas, “uchuvas, tomate de árbol, aguacate y piña”; productos agroindustriales, “las frutas y demás partes comestibles de plantas, conservas, chocolate y preparaciones alimenticias con cacao”; y productos industriales, “pantalones, bañadores, fajas, preparaciones de belleza, maquillaje (ojos, labios), cremas, protectores solares”. Antioquia y Colombia potencia exportadoras (UE y Colombia solidifican sus lazos comerciales, elmundo.com, mayo 25-2016)


Colombia en sus casi doscientos años de independencia no ha avanzado casi nada, aunque las expectativas de nuestros héroes nacionales coinciden exactamente con la realidad actual de 2016, acompañada con el regocijo empresarial, del gobierno, y de los medios.


Sin embargo, ahora los TLC, mucho peores que el mero librecambio comercial del siglo XIX, son instrumentos para anular y transferir a favor de las corporaciones privadas trasnacionales la soberanía nacional. 


Al menos, en el siglo XIX, la élite política  no pensaba en renunciar a la soberanía nacional sino en afirmarla, pero nuestra actual dirigencia todo lo convierte en dinero, en negocios de familia.


¡Qué fracaso ha sido la clase directora colombiana! (Fernando González, Revista Antioquia, No 16, p. 599, 1945)