Columnistas

Reforma Política, posconflicto y legitimidad
Autor: David Roll
26 de Mayo de 2016


El pasado martes el ministro del Interior recibió a los miembros del Girepo, un grupo de expertos en reforma política y partidos.

El pasado martes el ministro del Interior recibió a los miembros del Girepo, un grupo de expertos en reforma política y partidos, constituido por miembros de organizaciones de la sociedad civil y tanques de pensamiento y por profesores universitarios estudiosos de estos temas.


El grupo, liderado por el MOE, está preocupado porque no se desperdicie la oportunidad de los acuerdos de paz para hacer las reformas políticas que el país necesita. Quienes asistimos a la reunión escuchamos cual es la estrategia del Gobierno en este sentido y le expresamos nuestras inquietudes.


La que presentó el Grupo de Investigación de Partidos de la Universidad Nacional, que llevamos trabajando estos temas desde el sigo pasado, fue la siguiente: ¿Cómo se va a evitar que las reformas políticas postergadas una y otra vez no vuelvan a quedar como una intención no concretada y el sistema político no produzca los cambios que el país necesita, más aún en el posconflicto? Le recordamos al ministro Juan Fernando Cristo y al viceministro Guillermo Rivera, como en 1995 hubo un gran consenso entre Gobierno, Congreso y Consejo Nacional Electoral para hacer una reforma política que incluyera normas de democracia interna en los partidos, limitación de avales y control de la financiación de las campañas políticas, entre muchas otras cosas igual de importantes; pero que esas normas no pudieron aprobarse en el gobierno de Samper, ni en el siguiente de Pastrana, aunque ambos lo intentaron, ni a través del fallido referendo de Uribe.


Y así fue, esas reformas se aprobaron en el 2003 por decisión del Congreso y modificaron positiva pero tardíamente el sistema de partidos, que luego fue golpeado por la parapolítica y por otra serie de reformas posteriores o antimodernizadoras o débiles, llegando a una situación actual quizá mejor que la de 1991 en algunos aspectos, pero que deja mucho que desear aún. Lo que planteamos en esa reunión, e intentaremos expresar desde este grupo de investigación de partidos de la Universidad Nacional UN-Partidos, y en el marco de Girepo sobre todo, en adelante, es algo sencillo pero contundente: El gobierno debe comprometerse a que como parte de las reformas del posconflicto, cuya enmarañada estructura jurídico-constitucional sólo entienden los expertos más expertos, pase lo que pase, no se dejen para un futuro indefinido tres reformas sobre las que hay un gran consenso y una urgencia vital para la democracia: la regulación de la financiación estricta de las campañas, le reestructuración de las autoridades electorales, y la exigencia a los partidos de fortalecer su democracia interna, sus métodos de selección de candidatos y su institucionalización, sin afectar con ello los nuevos partidos que surjan de los acuerdos.


Sin esas reformas no podrá normalizarse la política colombiana tras el proceso de paz, porque la legitimidad del sistema político no se fundamenta en que un partido antisistema o varios dejen de considerarlo ilegitimo, sino en que la gran mayoría de la población piense que es legítimo, y eso no se logrará sin sanear el sistema electoral y la estructura de partidos actuales.