Columnistas

La banda está borracha
Autor: Rubén Darío Barrientos
26 de Mayo de 2016


El numeral 2º. del artículo 60º. del C. S. T. pergeña que “se prohíbe a los trabajadores presentarse al trabajo en estado de embriaguez o bajo influencia de narcóticos o drogas enervantes”

El numeral 2º. del artículo 60º. del C. S. T. pergeña que “se prohíbe a los trabajadores presentarse al trabajo en estado de embriaguez o bajo influencia de narcóticos o drogas enervantes”. Esta es una norma rotunda y universalmente tratada como coercitiva para los eventos de empleados “prendidos” o “trabados”, e incluso para aquellos que presentan trazas de alcohol (“enguayabados”). Busca la disposición sancionar conductas que son peligrosas desde la seguridad ocupacional y que comprometen, por supuesto, la sobriedad en las actividades laborales. Y es legítimo que muchas empresas, soportadas en los reglamentos internos de trabajo, practiquen pruebas de alcoholemia antes de entrar a laborar, dentro de una sana política de prevención y de control de la accidentalidad. 


Digamos que nadie ha cuestionado la gravedad de una falta de estas: lo que se ha dicho siempre es que debe mediar una prueba técnica que corrobore el hecho (debido proceso y derecho de defensa). Ser una justa causa de despido (al motejarse de falta grave el presentarse a laborar en condiciones como las antedichas), es apenas darle curso a la proporcionalidad sancionatoria de acudir a trabajar contrariando el recto desempeño de las obligaciones laborales. Dicho de otra manera, llegar al trabajo “prendo” o con “una turra”, o consumir alcohol o drogas in situ, atenta no solo contra el buen servicio sino contra la prevención de riesgos para la integridad del propio trabajador, de sus compañeros y de los bienes de la empresa. Es apenas normal que “el que la tiene viva” sea despedido por justa causa.


Como aquí en Colombia estamos llegando “al todo se puede”, dos desocupados ciudadanos que quieren pasar a la posteridad por ir contra corriente, presentaron una demanda contra la prohibición legal que existe para trabajar en estado de embriaguez o bajo la influencia de drogas. Mejor dicho: quieren tumbar el numeral 2º. del artículo 60º. del C. S. T. Sus argumentos, para volver ripio la disposición legal, son los siguientes: a) Vulnera los derechos a la intimidad y el buen nombre: b) Las dependencias del alcohol y de los estupefacientes son una enfermedad común: c) Se rompe el derecho fundamental a ser iguales ante la ley, pues el ser una enfermedad común debe encasillarse dentro de la causal de que solo puede terminarse el contrato de trabajo después de 180 días de no poder ser curada.


Hablar de una vulneración al derecho a la intimidad y al buen nombre es ridículo. Una cosa es que a un empleador le digan que un trabajador está aumentando el consumo de alcohol los fines de semana y que por su buena condición laboral, busque rehabilitarlo (función social), lo que algunos hacen. Y otra cosa es el hecho objetivo de presentarse a laborar en condiciones no aptas, que tipifica una conducta que debe ser repudiada legalmente de manera drástica y ejemplarizante. Alcahuetear estos hechos es pensar ruinmente que en Colombia todas las leyes van a ser demandadas, bajo la reminiscencia dañina del “libre desarrollo de la personalidad”.


Si un trabajador golpea a otro y acaba hasta con el nido de la perra, también podría ser la consecuencia de una persona enferma que debe protegerse. Entonces se debería demandar la norma de esa justa causa. Robar productos o herramientas en el lugar laboral, también podría ser el resultado de una persona enferma que debe protegerse. Y lógico, debería tumbarse esa disposición prohibitiva. Y así sucesivamente, en nombre del derecho a la intimidad y ser considerados como enfermos, podemos volver pedazos el Código Sustantivo del Trabajo.  


En este país de leguleyos, no solo estamos sin justicia sino que no faltan las personas que buscan ser célebres, presentando insensateces. Y nada de raro es que les paren bolas algunos magistrados bien atravesados, que no faltan.