Columnistas


Por un pensamiento crítico latinoamericano (3)
Autor: José Hilario López A.
26 de Mayo de 2016


El pasado 23 de mayo en ciudad de México se instaló el XXXVI periodo de secciones de la Cepal, para el cual su secretaría ejecutiva preparó el documento de trabajo titulado “Horizontes 2030.

El pasado 23 de mayo en ciudad de México se instaló el XXXVI periodo de secciones de la Cepal, para el cual su secretaría ejecutiva preparó el documento de trabajo titulado “Horizontes 2030. La Igualdad en el Desarrollo Sostenible”. Ese documento incluye un acertado diagnóstico de nuestra situación regional, así como propuestas de desarrollo que vale analizar en nuestro propósito de visualizar alternativas para un pensamiento crítico latinoamericano.


Para empezarla Cepal pone como premisa que: “el mundo debe cambiar su insostenible estilo de desarrollo. La pérdida de dinamismo y la inestabilidad del sistema económico, las desigualdades y tensiones causadas por la concentración de la riqueza y de los ingresos entre los países y dentro de ellos, y el riesgo de una grave crisis ambiental son factores cada vez más visibles y presentes en el debate. Se busca un nuevo estilo de desarrollo y una nueva agenda de políticas, cuya urgencia es confirmada por la evolución reciente de la economía internacional y, en particular, de la región”. 


La débil e incierta recuperación mundial después de la crisis del 2008 ha obligado a que los países deficitarios desaceleren sus economías, mientras que los superavitarios no aceleran su crecimiento, lo que implica frenar sus importaciones. En este escenario la mayor presión recae sobre los países deficitarios de menor desarrollo, como los de América Latina, que tienen menos recursos financieros y carecen de adecuadas tecnologías para mitigar el impacto del ajuste, disminuir sus importaciones o aumentar sus exportaciones.


Por otro aspecto, la falta de demanda agregada coexiste con un exceso de liquidez del sistema financiero, lo que conlleva un mayor desequilibrio en la cuenta corriente de nuestros países, además de los desequilibrios comerciales y financieros. En la actual recesión internacional nuestros países dependientes de la exportación de materias primas, sin valor agregado, que carecen de equipamiento tecnológico para diversificar sus exportaciones e ingresar a nuevos mercados, resultan ser los más vulnerables.


Como solución a la encrucijada de AL surgen variadas propuestas desde el neoliberalismo y la socialdemocracia. En un extremo está el neoliberalismo, que asegura que el mercado corrige todos los desequilibrios y que el Estado sólo debe aplicarse a la seguridad y a mantener el orden social. Para la socialdemocracia la solución radica en un balance entre un Estado que además de orden y seguridad provea bienestar universal, dentro del marco de una economía de mercado.


Como una tercera alternativa, en AL se ha dado la vía del populismo, que implica la presencia de un caudillo quien, manteniendo la economía de mercado, redistribuya ingreso a los más necesitados, pero acosando a los ricos por su egoísmo, al imperialismo norteamericano por su injerencia y a las castas sociales locales por el resto de los males.


El marxismo fracasó en Cuba. En Venezuela se mezclaron unas ideas socialistas con el populismo, que también, en sus distintas variantes, ha sido un estruendoso fracaso. El neoliberalismo extremo no se ha dado en América Latina, quizá salvo en la oprobiosa dictadura de Pinochet.


Queda sólo la socialdemocracia. Nuestro subcontinente con sus riquezas naturales y biodiversidad, cuando logre consolidar una sociedad con estados fuertes fundados en los principios de la socialdemocracia podrá llegar a ser otra área del mundo donde las necesidades básicas puedan ser satisfechas. Será bienvenida la inversión extranjera para la explotación de los recursos mineros así como para los desarrollos agroindustriales, pero no al costo de la destrucción de los ecosistemas y consecuente deterioro de la calidad de vida de la población.