Columnistas

¿Con quién estoy hablando?
Autor: Dario Ruiz Gómez
23 de Mayo de 2016


Si pienso que para buscar la información necesaria “sobre lo que sucede en el país” me basta con leer los periódicos y revistas, los medios de comunicación que supuestamente tienen como tarea hacerlo compruebo que sería una equivocación hacerlo.

Si pienso que para buscar la información necesaria “sobre lo que sucede en el país” me basta con leer los periódicos y revistas, los medios de comunicación que supuestamente tienen como tarea hacerlo compruebo que sería una equivocación hacerlo. Homogeneizar la información es deshidratarla, desodorizarla, matarle la imagen. Entre la selva de símbolos vacíos creados por una publicidad igualmente vacía el ser humano de nuestros días transita agredido a cada instante por este paisaje donde los hechos se han tornado deliberadamente vacuos y donde como señaló en su momento Baudrillard el lenguaje como comunicación terminó por anularse, por dar un salto en el vacío. ¿Cómo volver a escribir poesía en la lengua que los nazis corrompieron, desacreditaron para justificar sus genocidios tal como lo llegó a expresar Paul Celán? ¿Puedo escribir poesía en el dialecto degradado de Timochenko, del exfiscal Montealegre ? ¿De, De la Calle o de Armando Benedetti? Un comunicado de prensa en la medida en que acomoda la verdad a los pactos, en que está mediatizado por un poder está mintiendo necesariamente. Quiero aclarar en este sentido que mis columnas periodísticas constituyen un intento de aclaración sobre una confusa situación como la que estamos viviendo alrededor de una presunta paz, no están, por lo tanto,  al servicio sino de este deseo personal de salir de la confusión en la cual intentan pescar pescadores de río revuelto. ¿Qué hicieron en su momento Camus, Malraux sino forzar las preguntas para impedir que se salieran con la suya los dogmáticos, los señores de la guerra o sea que la continuidad de la barbarie se encubriera con nuevas justificaciones? Es aquí donde las preguntas sobre el lenguaje se vuelven perentorias ya que si acepto ese lenguaje desodorizado de los comunicados estoy negando la función misma del lenguaje para comunicarse hasta con el más modesto ciudadano y estoy eludiendo las causas colaterales de la barbarie tal como lo señaló Cruz Kronfly, estoy cayendo en la sumisa aceptación del crimen político como justificación para “nuevas aventuras dialécticas”, me estoy poniendo de parte de los victimarios olvidando el alcance del sufrimiento humano, su capacidad de respuesta a la ofensa, olvidando lo que la justicia universal consagra al respecto.


Que apenas 22 niños de los cuatro mil que tiene reclutados las Farc sean liberados ¿es una metáfora de nuevo cuño estratégico o es qué? La Justicia universal consagra que absolutamente todos los niños deben ser liberados a la vez. En “La infancia de Iván” el gran director perseguido por las autoridades comunistas, negado por su propia familia, Tarkovsky construye una inmortal metáfora visual sobre la vida de un niño reclutado para la guerra, en la amargura de su niñez perdida, esos ojos tristes que indagan sobre la crueldad del poder que lo somete ¿Por qué no se exhibe ahora en todo el país para que nos demos cuenta de lo que significa la vida perdida de un niño reclutado? También Rosellini en su profunda descripción de la Alemania en ruinas después de la derrota nazi nos muestra la amargura y desesperación de un niño que al percibir el vacío que se abre ante su vida, decide suicidarse. ¿Quién, entonces, podría seguir escribiéndole poemas de alabanza a quienes han sido capaces de arrebatar la infancia a un niño, negándole el derecho a la infancia? ¿Quién podría seguir justificando una teoría “revolucionaria” en la cual sacrificar la vida de un niño, de un anciano,  de un adolescente se ha convertido en un fin en sí mismo? El problema para los victimarios es que esas imágenes son las que nutren el lenguaje de las gentes y es este lenguaje el que, finalmente,  no olvida.