Columnistas

El reclutamiento de menores
Autor: Alfonso Monsalve Sol髍zano
22 de Mayo de 2016


Ahora resulta que le quedamos debiendo a los comandantes de las Farc por haber sometido a m醩 de once mil ni駉s, seg鷑 c醠culos conservadores de las Fiscal韆, y m醩 de diez y ocho mil, de acuerdo con analistas pol韙icos.

Ahora resulta que le quedamos debiendo a los comandantes de las Farc por haber sometido a más de once mil niños, según cálculos conservadores de las Fiscalía, y más de diez y ocho mil, de acuerdo con analistas políticos, a la atrocidad de involucrarlos en la guerrilla y someterlos a combates, violencia física y sicológica, explotación sexual y destrucción de su formación moral hasta convertir a algunos de ellos, en verdaderos sociópatas.


Según alias Iván Márquez, uno de los más contumaces reclutadores de esa organización, como se desprende de la información del ente investigador, muchos niños fueron asimilados a su filas por su propia voluntad, y otros, recogidos por las Farc, como si se tratase de una acción humanitaria del padre Javier de Nicoló o, más aun, de una guardería o albergue del Icbf, para preservarles sus derechos y “protegerles” la vida, “salvarlos” del abandono o de la violencia intrafamiliar o de las arremetidas del Estado. 


Anteriormente, las Farc esgrimían la justificación de incorporar menores en que la edad de reclutamiento fijada por el Derecho Internacional Humanitario – tanto en los protocolos de 1977, adicionales a la Convención de Ginebra, con mínimo 15 años como en un protocolo facultativo la Convención de los derechos del Niño (firmado por Colombia), que eleva la edad de reclutamiento a 18, el cual cumplen escrupulosamente las Fuerzas Armadas colombianas - habían sido inventados por el imperialismo (como la totalidad de normas del DIH para proteger a los civiles en los conflictos armados) para evitar que los pueblos del mundo se rebelaran.


Siendo terrible esa justificación, al menos no tenía el cinismo de lo que ahora defienden. Que un niño se incorpore voluntariamente a esa guerrilla es una contradicción en los términos, porque precisamente por su condición de menor debe ser preservado de todo tipo de violencia -incluso, a pesar de su deseo- porque sus derechos están por encima de los de todos, más todavía, si se quiere, en situaciones en las que su vida y su integridad física, sicológica y moral, se ponen en riesgo. Y lo peor es que en la “guardería” de las Farc, los niños y adolescentes, como se enunció más arriba, deben sobrevivir a los propios integrantes de la guerrilla, que utilizan sexualmente a las niñas -a quienes, además, obligan a abortar- y niños, los educan en el narcotráfico, la extorsión, el asesinato; los castigan con extrema dureza y hasta llegan a fusilar por las razones más inverosímiles. 


Y esto se potencializa cuando, como sabemos los colombianos por centenares de testimonios de las víctimas de este delito, o en videos, reportajes e informaciones escritas, que niños de diez o doce años son entrenados y utilizados en combate, usados como espías y mensajeros, como portadores de explosivos y otras armas, y un largo etc. de actividades peligrosas y degradantes. Miles de menores que han sufrido el reclutamiento se han convertido en hombres y mujeres en las filas de esa guerrilla. Les robaron su infancia y los educaron en la violencia y la delincuencia. 


Ahora las Farc salen con que liberarán a ciento setenta menores de quince años, de los que estaban “cuidando con esmero”. ¿Cuántos, en realidad tendrán? Muchísimos más, con seguridad, si se tiene en cuenta que hasta hace poco decían que tenían apenas veinte de ellos en sus “guarderías”. Y no dicen nada de los que están hoy entre los quince y los diez y ocho, a pesar de que en algún momento habían anunciado que sacarían de sus filas a los menores de diez y siete años.


Ciento setenta menores, si es que las Farc cumplen su palabra, podrán salir de la opresión de sus amorosos cuidadores. Bienvenidos a la sociedad colombiana de donde nunca debieron ser secuestrados. Pero si esa organización cree que engañará al pueblo colombiano y que este olvidara los terribles crímenes de guerra y de lesa humanidad que aquella cometió contra los niños colombianos, está equivocada. Estos delitos no pueden quedar impunes, que es la pretensión que sus comandantes tienen. No lo lograran porque la justicia internacional exige castigo para ellos, a pesar de los esfuerzos del gobierno de Santos para lavarles la cara y convertirlos en alma caritativa y porque el pueblo colombiano no permitirá que pase esta infamia ni las otras que están atadas en el acuerdo de La Habana.