Columnistas

De odio y venganza a reconciliación
Autor: Hernán Mira
22 de Mayo de 2016


"En Colombia no existen partidos políticos sino odios heredados” Miguel Antonio Caro.

En Colombia no existen partidos políticos sino odios heredados” Miguel Antonio Caro


La historia y la política en Colombia siempre han estado muy teñidas de odio y venganza. En las constantes guerras que hemos vivido los odios ancestrales han sido un motor fundamental del conflicto armado que ha causado innumerables víctimas. Esa forma de cultura del odio y la venganza, lógicamente se ve reflejada en la violencia e intemperancia verbal de la dirigencia política nacional que también ha incendiado el país. En el inicio de la llamada violencia partidista fueron famosos los discursos en el parlamento, en el enconado enfrentamiento entre liberales y conservadores. En esa época, año 1949, Carlos Lleras, en un discurso en el Senado, calificó a Laureano Gómez como “el hombre que había hecho invivible la República” y el que había contribuido a establecer “en una campaña de muchos lustros el espíritu de odio que está saliendo a la superficie.” Las respuestas siguieron la misma tónica y ese ambiente, moderado por el Frente Nacional y ahora con otros partidos, aun la seguimos viviendo en alguna forma.


La sociedad estadounidense siempre ha tenido una fascinación por la venganza, lo que hace difícil una visión racional, así lo plantea la filosofa Marta Nussbaum, las tasas de homicidios en Estados Unidos son muy superiores a las de países europeos desarrollados. En Colombia, esa cultura de la venganza está tan arraigada en la historia que en los dos últimos siglos, solo ha habido unos pocos años de paz. En la época de la llamada violencia y ahora en el conflicto armado guerrillero, se calculan en unos 500.000 los muertos. Ante está enorme cantidad de homicidios, es posible que la resistencia de algunos a terminar la guerra ahora, se deba a un larvado deseo de venganza, militar o de estricta justicia penal, que repare el mal causado. 


En la degradación de la guerra que se ha vivido, ese lenguaje del odio justiciero se ha ido imponiendo en lo nacional y en lo político se presenta como sustituto de la ideología, así lo dice el abogado, doctor en ciencia política y profesor de la Universidad de los Andes, Iván Orozco Abad, en el artículo La postguerra colombiana: divagaciones sobre la venganza, la justicia y la reconciliación. La democracia colombiana debe defenderse de sus enemigos internos, dice, pero teme que sea posible que “el rencor de las víctimas no se transforme en justicia retributiva sino en la guerra de los vengadores.” 


Llama la atención que Álvaro Uribe, víctima de las Farc por el asesinato de su padre, haya escogido como vicepresidente a Francisco Santos, víctima del secuestro por Pablo Escobar; así, para Orozco, querían unirse alrededor de un simbolismo de rabia justiciera. Es como si esta nueva derecha entre nosotros, quisiera que esta “economía del odio” dejara de ser periférica para convertirla en el centro y corazón emocional para alimentar la furia de la retaliación. La “sed de venganza y rabia retaliatoria”, además de contribuir a la degradación de la guerra se presenta como justificación moral. Así aparece también en la historia de “Tirofijo”, que en su lucha guerrillera cobra el que los pájaros conservadores asolaron su tierra y mataron sus animales y amigos en Marquetalia, y en la de Carlos Castaño en su guerra también movida por el odio contra los que secuestraron y asesinaron a su padre.


No se nace odiando, se aprende a odiar. “La gente tiene que aprender a odiar, y si ellos pueden aprender a odiar, también se les puede enseñar a amar” dice Mandela. Es la hora de superar la cultura de la venganza y el odio para emprender el camino del perdón y reconciliación que son mucho más humanos y cristianos. ¿Cuantos más muertos necesitaran para aceptar la paz?