Largo & Ancho
Leyva, ¿otra ficha del ajedrez?
Autor: Rubén Darío Barrientos
9 de Agosto de 2006


En el gabinete de Misael Pastrana Borrero estuvieron los dos más controvertidos militantes del Partido Conservador de los últimos treinta años: Alfredo Vásquez Carrizosa, quien fue su ministro de Relaciones Exteriores, fallecido a los 92 años el 19 de diciembre de 2001, y Álvaro Leyva Durán, abogado bogotano que fue su Secretario privado y hoy cuenta con 64 años de edad.

El primero, humanista, maestro del derecho internacional, delegado ante la OIT, miembro de la Asamblea Nacional Constituyente, Embajador de Colombia ante la OEA, Naciones Unidas y Bélgica y cabeza visible de la defensa permanente de los derechos humanos. Recibió siempre un gran respaldo de la izquierda, no obstante su origen conservador. El segundo, sufrió un transitorio destierro durante la dictadura militar de Rojas Pinilla, también ministro pero de Belisario Betancur (Minas), el mismo que terminó absuelto en el año 2003 por presunto enriquecimiento ilícito. Siempre fue bien ponderado por los grupos guerrilleros del país, no obstante sus raíces conservadoras.

El país recuerda de Álvaro Leyva que medió ante el M-19 en el secuestro de Álvaro Gómez Hurtado, -en pleno gobierno Barco-, surgiendo luego la cumbre de Usaquén que logró desmovilizar al M-19; que representó al Partido Conservador en la Comisión de verificación de los acuerdos de paz en La Uribe (gobierno Betancur – Farc) y que en 1990 (como Constituyente del M-19) logró la reanudación de los diálogos en Arauca con las Farc, ELN, EPL, en donde se suscribió el acuerdo con el gobierno de César Gaviria.

Pero también está intacta la memoria en cuanto a que fue el que propició la famosa fotografía de Andrés Pastrana con Manuel Marulanda, presentándose también como gestor de los diálogos de paz aunque no actuó porque el sanedrín pastranista lo marginó toda vez que sobrevino una acusación en su contra de recibir 50 millones de pesos con origen non sancto en un negocio de una volqueta, lo que deparó su huida a México y luego a Costa Rica. Luego, el gobierno de Samper lo pidió en extradición pero no logró su cometido.

Leyva, hay que decirlo también, maneja el discurso demagógico de que puede detener la guerra en Colombia en seis meses; igualmente, se define como de “centro pragmático”, lleva más de 20 años hablando de procesos de paz y es el único en Colombia que le ha dedicado todo el tiempo a pensar y repensar este tema. Tiene la confianza de las Farc, es cercano al EPL y goza de la simpatía del ELN. Resumiendo, es el político del establecimiento (conservador) que mejor conoce e interpreta el discurso de la guerrilla.

Se ha confirmado que el Presidente Uribe sostuvo el viernes anterior una reunión con Álvaro Leyva. No se trata de designarlo como Alto Comisionado de Paz (claro que sería un excelente candidato) sino de aprovechar su experiencia y la coherencia de sus principios: “No nos frena el miedo para negociar la paz”, dijo Uribe hace dos días. Si se trata de abordar una salida al conflicto armado, Leyva es vital, es quien más sabe de estos asuntos y es un interlocutor obligado. Leyva le dijo al presidente hace ocho meses que “usted es la guerra y yo soy la paz”. Pero en política se pueden dar vueltacanelas.

En un eventual intercambio humanitario, pedido por la misma oposición, Leyva tendría el papel de mediador. Y a pesar de que Salud Hernández dijo que “Álvaro Leyva utilizó la paz y los secuestrados para hacer politiquería” y de que el país no está aún alineado con la iniciativa de negociar la paz con la guerrilla, Colombia no puede darse el lujo de despreciar la experiencia y la tenacidad de Leyva. Con todos los reparos, con sus conceptos tan viscerales y con una promesa ridícula de proscribir la guerra en seis meses, de todas maneras no hay ninguno como Leyva para esta aventura: sabe, conoce, habla, actúa y convoca. ¡Ese es!