Palabra y obra

“Metallic properties” written on paper
Propiedas metálicas escritas en papel
Autor: Daniel Grajales
20 de Mayo de 2016


La periodista argentina Leila Guerriero habla de su nuevo libro, Propiedades metálicas, que contiene sus crónicas y perfiles, además de compartir miradas sobre el oficio en el que se inició hace dos decenios y medio.


Leilita”, “dejá un momento el libro y mirá este paisaje”, le decía su padre, quien volteaba la cabeza y la veía en el asiento trasero del auto, con los ojos puestos en las letras de algún literato, mientras viajaban por las carreteras argentinas, cuando salían de vacaciones. 


Así lo relata Leila Guerrero, cuando es ella quien hoy escribe y publica sus propios libros. Al hablar de su infancia, sus ojos se iluminan, suspira, y luego afirma que “leer en movimiento es la forma ideal de leer”. Acepta que le cuesta mucho “estar en mi casa tumbada en un sofá leyendo, prefiero ver una película. Me muevo mucho por la ciudad y viajo, por lo que el momento de la lectura siempre es el medio de transporte: el avión, el bus, el metro, el auto”.


Entre las miles de posibilidades de leer en movimiento, esta periodista y editora prefiere el metro. Cerca a su casa, en la Estación de Orrego, toma la Línea B, “para ir hacia el centro sobre todo”, y, en un trayecto de unos 20 minutos, se transporta entre el universo congestionado de autores y obras: el de la literatura y el periodismo. 


Florida, Callao, una combinación con la Línea H, o la Línea D, que pasa por Palermo y va a Barrio Norte, el metro de Buenos Aires (Argentina) tiene una autora como lectora, que esta vez fue invitada por el Metro de Medellín a festejar la primera década de su programa literario Palabras Rodantes, en el que presentó su nueva obra Propiedades metálicas, que viaja por momentos de su obra, por sus perfiles y sus crónicas, pero, sobre todo, por su carácter y sensibilidad. 


“Traté de que tuviera crónicas y perfiles, que hubieran textos más conocidos, como El rastro en los huesos, y otros no tan difundidos como el perfil de Amelita Blatar. Por sugerencia de Luis Fernando metimos una crónica que para mí es muy viejita, que yo no la volvería a escribir igual, que es la de El amigo chino, publicada ya en Frutos extraños (2009)”, cuenta la autora, quien eligió el título pensando en que “todas las personas que estaban metidas en el libro, en crónicas, o en perfiles como los de Amelita Blatar y Nicanor Parra, son personalidades muy potentes, gente con mucha fuerza que se sobrepone a una cantidad de infortunios, de dificultades de la vida”. 


Guerriero cree que “Amelita y Nicanor son dos personas muy volcánicas, muy dragónicas, con personalidades muy potentes, los antropólogos forenses también, sino no tendrían esa profesión; pero también un joven chino que se viene a vivir a este lado del mundo” y a eso agrega que le gusta mucho “jugar con lenguajes provenientes de otras ciencias más duras, como las propiedades metálicas”. 


“¿Qué tengo yo de propiedad metálica?”, “tengo que soy fría como el acero (risas)”, bromea, “no, no es eso, pero sí siempre me pensé como una persona fuerte, obviamente tengo muchas debilidades, aunque siento que soy muy fuerte y bastante dura: en todo lo que tengo en mi labor de exigencia o autoexigencia y con templanza, ya que siempre uno se ve expuesto a historias de otros que a veces son muy duras, muy difíciles”.


Y es que el oficio de periodista requiere de nervios de acero, de firmeza, de metal y también de corazón, según explica: “Yo privilegio la idea de qué es lo que necesita una historia para ser contada, si estoy con una persona que está contando historias terribles, me siento como el vehículo para contarlo, no es que me ponga contenta porque le pasen horribles, sino que trato de ser noble, un buen receptor, para hacer algo noble después y de que no me afecte personalmente. Eso también me siento bastante dura, no me pongo a llorar con la gente”. 


Desde su perspectiva, se necesitan propiedades parecidas a las del metal para resistir en el día a día de la noticia.


“Yo creo que si una persona del común recibiera tantos rechazos, tantos ‘no’, como recibe un periodista, estaría aniquilada, terminaría muy frustrada. El periodista vive recibiendo no: ‘no, no quiero darte una entrevista’, ‘no, no quiero publicar tu nota’, ‘no, no me interesa el tema que me propones’, ‘no, el tema no está bien tratado’, ‘no, no te voy a pagar’. Un periodista vive, se hace, es mejor y más inteligente, en tanto y en cuanto pueda sobreponerse a esa experiencia de rechazo y no vivirla como algo personal”. 


Sí, “se tiene que tener personalidad fuerte”. Aunque no siempre está escribiendo sobre temas relacionados con la corrupción, Guerriero sabe que “esos colegas que se dedican a eso necesitan un grado de coraje y valentía muy especial. Por supuesto que hay aquellos que se creen Rambo, eso no está bueno tampoco, o la gente muy mesiánica que cree que con una nota va a cambiar el rumbo de la humanidad, eso no pasa nunca y uno no debe hacerlo por ese tipo de cosas”. 


Hay que tener templanza, dice, como también cree que se requiere conocimiento de la miseria humana en el ejercicio periodístico: “Un periodista que funciona sólo a fuerza de pena o de indignación es un mal periodista, yo me indigno mucho con las cosas que escucho y creo que la mejor manera de escribir esas cosas, salvo que sea una columna de opinión, no es descargar mi indignación con tono indignado en un texto, mejor que la realidad se muestre sola, que la indignación salte en el lector”. 


Sobre el momento de la crónica y el periodismo narrativo, Guerriero opina que “evidentemente, está pasando algo con la crónica en formato de libro que no pasaba tres o cuatro años atrás: la mayoría de las grandes casas editoriales tienen su colección de crónica, Alfaguara está traduciendo toda la obra de Gay Talese, por ejemplo. Referentes que hace un tiempo no estaban en el centro. Colecciones como las de Debate, la de Tusquets, y este mismo proyecto Palabras Rodantes, en otro momento hubiera sido raro poner a un autor diferente”. 


Algo está pasando, “hay un nicho de lectura, personas interesadas en leer historias de no ficción. A lo mejor, el mercado de las editoriales responde a que ya hay más producción de esto, hay más periodistas interesados en hacer esto, las generaciones más jóvenes se han acercado a este tipo de periodismo, que no sea sólo la noticia y el periodismo de investigación. No sé si el periodismo puede dar algo que no ha dado la literatura o que no está dando en este momento, a mí no me gusta pensarlo así, porque hay grandes escritores en habla hispana haciendo cosas maravillosas”. 


Quizás, continúa, lo que no hay es “la gran novela latinoamericana, hay cosas más dispersas. Somos muy nostálgicos, las editoriales y los periodistas estamos como esperando a que pase otra vez el Boom, y a lo mejor eso ha tomado otros visos”.


Se define como una autora y lectora que “nunca he sido de vanguardias, en términos de estar experimentando maneras nuevas, de llevar los textos de cosas, como el hipervínculo, esto y lo otro. Vos lees una página de Borges, del siglo pasado, y el tipo ya había inventado eso, en cuanto cada página te dispersa, te expulsa, te manda a otras diez lecturas, te hace setenta citas que te producen curiosidad, la diferencia es que antes tenías que ir a la biblioteca y ahora sólo es dar un clic. Yo siempre he sido la que mira primero la experimentación y después decide si eso nutre lo que yo hago. Me llevo bien con la tecnología, pero ese tipo de experimentaciones no me llamaron la atención, esa idea de leer un libre donde, por ejemplo, la palabra ‘que’ no existe, eso no va conmigo”.


De su crónica, Leila Guerriero tiene que decir que antes, hace diez años, “era mucho más barroca, mi voz era más recargada. Eso es un poco lo que siento de la crónica de El amigo chino, y algunas anteriores a esa que era un barroquismo enorme, como si las hubiera escrito una persona que ya no soy yo.  Me he puesto mucho más parca, mucho más seca, cada vez más mis notas terminan siendo como un collage de testimonios, casi sin intervención o con muy poca intervención de mi voz. Se ha ido siendo mucho más acético,  cada vez más humilde, porque estoy muy convencida de que es casi imposible llegar a aprehender una realidad ajena, externa, ya es muy difícil comprenderse uno mismo como para llegar a comprender al otro. En ese sentido, cada vez tiendo a borrar cada huella, de no indicarle al lector por dónde tiene que leer y que sea él mismo quien lo decida”.  


Sobre sus perfiles, dice haber aprendido a “asumir que uno nunca va a llegar a saber quién es el otro del todo, que en algunos casos a lo máximo que se puede aspirar es a tener la sensación de que lo sabes todo del otro, ese es el momento en el que decís: ‘bueno se acabó el reporteo’”. 


Y así, concluye, el termómetro mide la temperatura y dice que, quizás, se puede decir todo lo que hay que decir, el periodista dice adiós, con “la idea de haber llegado a cierta cosa genuina, a ver entre los entresijos, en los gestos, en lo que el otro hace o mira, algo que tiene que ver con lo genuino, por ahí le entra la vida a las crónicas”.



Sobre Leila Guerriero

Nacimiento:


Junín, Argentina, 17 de febrero de 1967.


En el periodismo:


comenzó en 1991, en la revista Página/30, del periódico Página/12. 


Actualmente:


Es colaboradora de distintos medios como La Nación, de Argentina, El País, de España, El Mercurio, de Chile y Gatopardo, de México, revista de la que también es editora. 


Editora de: 


los libros Los malditos y Temas lentos para la Universidad Diego Portales.


Premios:


En 2010 recibió el Premio Fundación Nuevo Periodismo Iberoamericano por su artículo El rastro en los huesos, una crónica sobre el trabajo del Equipo Argentino de Antropología Forense publicada en El País Semanal y Gatopardo. 


Premio Konex 2014: Diploma al Mérito, categoría Crónicas y Testimonios.


Una red social para conocerla: 


Twitter


Su cuenta es https://twitter.com/leilaguerriero2


Sus obras:


Los suicidas del fin del mundo (2005)


Frutos extraños ( 2009)


Los malditos, (editora, 2011)


Plano americano (2013)


Una historia sencilla (2013)


Zona de obras (2015)