Editorial

Cuando el aire mata
19 de Mayo de 2016


Ante la vista de todos, todos los d韆s presenciamos verdaderas violaciones contra el m醩 com鷑, p鷅lico y necesario de todos los bienes: el aire.

Para nutrir la Asamblea Mundial de la Salud, convocada entre el 23 y el 28 de mayo, la OMS ha entregado su análisis de la base de datos Polución mundial de las ciudades (descargable en http://goo.gl/AK3MUo). En él se revisan las mediciones sobre presencia de partículas peligrosas en tres mil ciudades de 103 países (entre ellas ocho municipios del Valle de Aburrá). Las conclusiones brindan motivos para preocupar a los responsables del cuidado del aire, así como a las de control y castigo fuentes de polución. Ahora que la comunidad científica ha determinado que el aire contaminado es responsable del acortamiento de la vida y de deterioro temprano de los sistemas respiratorio y cardiovascular, así como que la mayor responsabilidad protectora es de las autoridades gubernamentales, queda el imperativo de actuar por la salud y el ambiente.


Ninguno de los municipios del Valle de Aburrá medidos cumple con los estándares de la OMS sobre contaminación del aire. En la emisión anual de PM2.5 (gases tóxicos respirables),  Barbosa, con un promedio anual de 14 partículas por millón, es el más cercano al estándar de diez, y La Estrella, con presencia de 41 ppm, el que más se aleja. En cuanto a la producción de PM10 (polvo, cemento, hollín, polen) que se espera sea de máximo 20 μg/m3 anuales, el más cercano a la meta es Barbosa, con 32 y el más lejano es Itagüí, con 50. La seriedad de los hechos y su recurrencia son invitación a radicalizar las acciones por el aire urbano de la subregión conurbada. 


Gracias a que varias alcaldías y distintas organizaciones ciudadanas sacan cada vez más provecho de la tecnología, para este análisis nos fue posible acceder al plan de desarrollo aprobado por el Concejo de Sabaneta y a los proyectos de planes sometidos a estudio de los concejos municipales de Caldas, Envigado, Itagüí, La Estrella y Medellín, así como a los lineamientos generales del que está discutiendo el Concejo de Copacabana. Se destaca en una primera revisión que en las 358 páginas del plan de Envigado, la palabra aire es mencionada 35 veces, y que en las 657 del proyecto de Medellín, aparece 36 veces. En los restantes municipios, las referencias ocurren menos de diez veces. 


A tono con el señalamiento que la OMS hace sobre la influencia de la movilidad impulsada por combustibles fósiles como una causa importante de aumento de partículas contaminantes, en especial las más pequeñas, los planes leídos ponen la movilidad sostenible como pilar de la gestión protectora del aire. Sin embargo, al definir las estrategias para realizarla dejan grandes vacíos, explicables en las dificultades crecientes para garantizar la cofinanciación nacional al desarrollo de los sistemas de transporte masivo sostenible, como el Metro, los metrocables y Metroplús. También comprensibles en la indecisión que desde enero muestra la Alcaldía de Medellín para llevar a término el proyecto en curso para la conversión de los buses del transporte público de la ciudad en equipos sostenibles, de gran capacidad y organizados en cuencas. En esas circunstancias, se pone más énfasis en la construcción de ciclorrutas y el apoyo a la política metropolitana de impulso a la bicicleta, todavía tan insuficiente ante la demanda y la construcción de cultura en torno a ella. También se acude a la promoción de la movilidad peatonal, que según la encuesta de origen-destino es usada por el 26,1% de habitantes. 


Entre las iniciativas sobre la protección del bosque y la cultura ambiental como estrategias para el desarrollo sostenible, aparecen nuevas como la creación del Índice de desempeño ambiental que propone Medellín, así como el Certificado verde para el sector privado, que complementa las iniciativas sobre producción limpia, que está contemplado en el plan de desarrollo de Envigado. Pero más allá de la promoción de esta clase de iniciativas, el clamor de la ciudadanía y el sentido común obligan a preguntarnos por la eficacia y responsabilidad en los controles de los mayores agentes contaminantes (Vehículos automotores e Industria), pues ante la vista de todos, todos los días presenciamos verdaderas violaciones contra el más común, público y necesario de todos los bienes: el aire. En el contexto mundial, la OMS reconoce la reducción en 8% de las emisiones de partículas contaminantes, lograda en los últimos cinco años.  ¿Cuál puede ser nuestra meta?