Editorial

Las lecciones de Salgar
18 de Mayo de 2016


A tono con la alerta que invita a los gobiernos de Antioquia a cumplir la Ley 1523 de 2012, se percibe en autoridades de todo el pa韘 una resignaci髇 pasiva frente a las amenazas naturales.

Con eventos religiosos, culturales y político-administrativos, los habitantes y autoridades de Salgar conmemoran el aniversario de la tragedia del corregimiento La Margarita, tras una avalancha de la quebrada La Liboriana. Deudos y vecinos han recordado a los 104 salgareños muertos o desaparecidos. Los damnificados, las autoridades y la comunidad, aún trabajan en la reconstrucción de las 309 viviendas afectadas por la creciente, así como en la recuperación integral de las vidas de 1.465 habitantes damnificados, casi diez por ciento del total de población municipal. Su dolor e incertidumbre concitan la solidaridad de los antioqueños y colombianos.


La creciente de la quebrada puso en evidencia, como anotamos en el editorial Solidaridad y reflexión con Salgar, los vacíos técnicos, financieros y culturales en la gestión del riesgo de un municipio que en 2014 había concluido las bases del plan de gestión del riesgo, señalando la necesidad de actualizar mapas de zonas vulnerables y de que “las autoridades ambientales y las responsables de la gestión integral del riesgo dirijan las intervenciones en el territorio a fin de cambiar la cultura de irrespeto a las fuentes hídricas”. Coincidiendo con este aniversario, el contralor de Antioquia, Sergio Zuluaga, alertó porque todavía 18 alcaldías de Antioquia carecen de planes de gestión del riesgo, a pesar de que “en dichos municipios se presentaron 86 emergencias en el año 2015 y 2.165 personas se vieron afectadas”. Según informe publicado ayer en EL MUNDO, el jefe del control fiscal también alertó porque en quince municipios antioqueños no tienen constituido su cuerpo de bomberos. Para ajustar gravedades, el informe revela que en 2015, los alcaldes apenas aumentaron en 4% el presupuesto para gestión del riesgo, pero que en el mismo período las emergencias crecieron en 72%. A tono con la alerta que invita a los gobiernos de Antioquia a cumplir la Ley 1523 de 2012, se percibe en autoridades de todo el país, una resignación pasiva frente a las amenazas naturales. Cuando las lluvias apenas empiezan, las autoridades han registrado 17 fallecimientos por emergencias a causa de estas, así como afectaciones directas a más de 600 personas, en su mayoría de la Costa Caribe, Chocó, Tolima y Huila. Estas circunstancias recuerdan el drama de Ecuador, donde la debilidad de la gestión del riesgo se convirtió en causa de penosas afectaciones a las poblaciones de Pedernales y Manta, y de costosas acciones de recuperación física y social. 


El reporte de la Alcaldía de Salgar y el Ministerio de Vivienda sobre la gestión del desastre, parece satisfactorio. Según este, la recuperación avanza en 86%, pues se reconstruyeron puentes y vías destruidos y se espera culminar en agosto la construcción de 178 viviendas gestionadas por el Gobierno Nacional y Viva. No tan satisfactorio es el balance de coordinación en un proceso nublado por celos que afectaron la convocatoria a la solidaridad y han dificultado la coordinación de Gobierno y ONG experimentadas. En los balances integrales destacarán las limitaciones por haber hecho a un lado a Solidaridad por Colombia, que recibió apoyos para construir la urbanización Las Margaritas, con 30 viviendas, y a Antioquia Presente, que con recursos de donación por casi 1.000 millones de pesos consiguió evaluar las condiciones socioeconómicas de las familias y ahora trabaja en la reconstrucción integral de habitantes y comunidad. 


Las lecciones de Salgar no se han tomado plenamente. La de entender que la gestión del riesgo busca atenuar las amenazas que se ciernen sobre poblaciones vulnerables, es imprescindible para generar desarrollo integral y seguridad social. Y la de buscar sinergias entre la mayor capacidad del Estado para atender estas tragedias con el inmenso potencial de solidaridad que se vuelca para acompañar a los afectados, es necesaria para agilizar acciones integrales de reconstrucción física, humana y social, tras desastres que asolan infraestructuras y vidas. Los aprendizajes serán el tributo a las vidas perdidas por la imprevisión.