Columnistas

Por un pensamiento crítico latinoamericano (2)
Autor: José Hilario López A.
18 de Mayo de 2016


En columna anterior planteamos algunas premisas para empezar a trabajar propuestas, que permitan identificar alternativas para afrontar las ideologías y modelos que el mundo globalizado y el neoliberalismo han querido imponer en nuestro medio.

En columna anterior planteamos algunas premisas para empezar a trabajar propuestas, que permitan identificar alternativas para afrontar las ideologías y modelos que el mundo globalizado y el neoliberalismo han querido imponer en nuestro medio.  El Nuevo Mundo que somos requiere un pensamiento crítico sobre la cultura impuesta por la colonización europea y el imperio norteamericano.


Gracias al profesor Eufrasio Guzmán del Instituto de Filosofía de la Universidad de Antioquia, con quien he compartido muchas de estas preocupaciones, he conocido el ensayo de Lucio Capalbo, presidente de la Fundación Unida de Buenos Aires, titulado “Aportes para la Resignificación de la Idea del Desarrollo en Tiempos de Transición Paradigmática”, que ayudará a avanzar en nuestro empeño. 


En 1992 con la Conferencia de la ONU en Río de Janeiro sobre Medio Ambiente surge el concepto de “desarrollo sustentable”, que sería aquel que se puede lograr sin socavar las necesidades de las generaciones presentes y futuras, pero sin limitar la industrialización y el crecimiento acelerado, bases éstas del naciente neoliberalismo.  Esto se repitió en la Conferencia de París del año pasado.


Ahora bien, si consideramos el daño ambiental como producto de las variables población, tecnología aplicada y consumo per cápita, se concluye que para la ONU el desarrollo sustentable se centra exclusivamente en la minimización de los dos primeros factores.


Los países del norte fundamentan sus preocupaciones en el crecimiento poblacional del tercer mundo, con el argumento que de cada 10 niños nacidos 9 lo hacen en países pobres, olvidando que cada niño rico contaminará y destruirá el ambiente en la misma medida que lo hacen 30 niños pobres.  El argumento va más en el sentido de reducir la presión de las masas hambreadas sobre las sociedades privilegiadas, que en ofrecer una propuesta de sustentabilidad ambiental.


En lo que se refiere a la implementación de tecnologías limpias aplicadas en la producción industrial si hay una propuesta seria, pero que tiene severas limitaciones económicas, en el tiempo y en los tratados internacionales.


En primer lugar, las tecnologías limpias para la producción de energía son todavía costosas, mientras que los combustibles fósiles son abundantes y baratos, caso colombiano con el carbón.  En segundo lugar, si el cambio tecnológico no se da antes de que el Calentamiento Global llegue a un umbral crítico, el daño al planeta puede haber ya llegado a una crisis terminal.


En relación con los tratados internaciones para reducción de emisiones de efecto invernadero, para que produzcan resultados en los plazos convenidos se encuentra que no se tienen medidas coercitivas suficientemente drásticas, como para asegurar sus efectos precautorios.


Queda sólo la posibilidad de trabajar en la vía de reducción del consumo per cápita, única alternativa de detener drásticamente la crisis ecológica global. Y esto es, justamente, lo que no se menciona en los discursos del desarrollo sustentable.


Los latinoamericanos habitantes de un territorio con la mayor biodiversidad del planeta y lejos de haber llegado a las exigencias del confort y consumos superfluos del primer mundo, para conservar los ecosistemas y la especie humana somos los llamados a liderar, con un pensamiento crítico, la cultura de la austeridad. Para ello es necesario revisar lo que significa satisfacción de necesidades humanas básicas de lo que son los seudo-satisfactores, principalmente las modas, tema que ya tratamos en pasadas columnas sobre desarrollo a escala humana.