Columnistas

¡Miremos la patria, no las habitaciones!
Autor: Mariluz Uribe
17 de Mayo de 2016


Hace ya algunas semanas vino a mi casa un extranjero franco-argentino, y en la noche mirábamos las noticias en la TV.

Hace ya algunas semanas vino a mi casa un extranjero franco-argentino, y en la noche mirábamos las noticias en la TV.  Él, acostumbrado a otras culturas, otros países y tal vez a la censura de prensa, estaba más sorprendido que yo, de que la vida privada de unos funcionarios fuera lo que se llama una ¡NOTICIA!


Esa misma noche unos jóvenes visitantes que llegaron a mi casa, volvieron a traer el tema a cuento y me dejaron boquiabierta con la importancia que le daban a ese chisme. Se trataba de lo que llamaron “Comunidad del anillo” (seguro sin saber el origen vikingo del Anillo, ni su razón; podrían leer EL ANILLO DE LOS NIBELUNGOS de Tolkien o ver la peli-culita, para su re-diversión. ¡Y mejor aún oír los discos de Diana Uribe!


A mí no me escandalizó la noticia porque como psicóloga con práctica, creo saber y entender la razón de muchas cosas. 


Lo que si me sorprendió fue la frescura con la que un joven se había puesto a grabar una conversación sin que la otra persona lo supiera, y después de haberla provocado con sus preguntas.


Odio la vida de hoy, todo con trampas, ocultándose tras aparatos electrónicos para hacer y decir hasta misa… ¡negra!


Recuerdo que los primeros sistemas para espiar estaban en cuartos de hoteles y espacios públicos de la Rusia comunista, por lo que, si se iba a hablar algo privado, se tenía que hablar en voz baja colocándose en el centro de la habitación. La Gestapo, la CIA… se especializaron en esos sistemas, y ahora ni se diga.


Precisamente el lunes 9 pasado encendí La Luciérnaga, que una vez me criticó feo cuando yo trabajaba en Teleperiódico, y dije una verdad: que una persona había enfermado y muerto por la tensión que le había producido una huelga en la empresa que manejaba…


Pero en estos días oí allí una corroboración a lo que acabo de mencionar sobre la época moderna y la falta de privacidad: Un contador de chistes decía que una mujer le había pedido a su marido que le prestara el carro y éste había contestado que nó, que desde el día del matrimonio se había firmado que lo de él sería de él, así como lo de ella era lo de ella (capitulaciones), y que el carro era de él.


Entonces ella le dijo algo como: -“Bueno, entonces, préstame tu celular. Llamo un taxi.” A lo que él rápidamente contestó: -“Mira las llaves, el carro está en el garaje y el tanque de gasolina está lleno.” 


La vida privada ha terminado. Recordemos a la dama que puso su celular a grabar, en el suelo del carro de su marido, pues sospechaba que él iba recoger a alguien, así saliera dizque para la oficina.  Grabada la infidelidad, terminada la relación.


Lo que más me sorprende de los cuentos de la llamada “Comunidad del Anillo”, es la forma como se trata el tema. Que el que grabó diera luego su grabación a la publicidad. Y que haya quienes crean que dándola a la luz se descubrió que el agua moja. 


Dizque Salomón fue el primero que dijo, lo que repitieron los romanos: Nihil novum sub sole = ¡No hay nada nuevo bajo el sol! 


¡Y qué dirían David y Jonatán!


*Psicóloga UJ y Filóloga UdeA