Columnistas

El dulce veneno del azúcar
Autor: Guillermo Maya Muñoz
16 de Mayo de 2016


Entre 2.5-3 millones de personas mueren cada año debido a la obesidad, y desde 1980, ésta se ha más que duplicado en todo el mundo, según la OMS (Organización Mundial de la Salud).

Entre 2.5-3 millones de personas mueren cada año debido a la obesidad, y desde 1980, ésta se ha más que duplicado en todo el mundo, según la OMS (Organización Mundial de la Salud). En 2014, más de 1.900 millones de adultos de 18 o más años tenían sobrepeso, de los cuales, más de 600 millones eran obesos. En 2013, más de 42 millones de niños menores de cinco años tenían sobrepeso (http://goo.gl/hakh2F). Esta situación genera un costo enorme en salud pública para todos los países, especialmente los más pobres.


Por su parte, “en Colombia el 52 por ciento de la población sufre de sobrepeso, según la OMS”. (Los TLC están volviendo más “gordos” a los colombianos: Sociedad Médica de Antioquia, elcolombiano.com, abril 4-2014).


La revista médica británica The Lancet señala que “se pronostica para el año 2035 cerca de 700 mil nuevos casos de cáncer que serán causados por el sobrepeso o la obesidad. Y el número estimado de personas viviendo con diabetes en todo el mundo ha alcanzado los 4 millones por primera vez” (Obesity: we need to move beyond sugar, January 16-2016). Es decir, el cáncer y la diabetes están relacionados con el sobrepeso y la obesidad.


¿Qué alimentos están ligados a la obesidad? The Lancet agrega que “ahora sabemos que la obesidad es el resultado de un ambiente propicio a la obesidad promovida por las grandes empresas de alimentos y bebidas a nivel mundial con un gran interés para proporcionar alimentos pobres en nutrientes, ultra-procesados de alta densidad energética, lo más barato posible”. Es decir, comida “chatarra” (empaquetada), bebidas y comidas azucaradas, etc.


Según Robert Lustig, en el periódico inglés The Guardian, “Los estudios epidemiológicos demuestran que el aumento del consumo de azúcar en la dieta aumenta el riesgo de diabetes (tipo 2)” (The science is in: the case for a sugar tax is overwhelming, Tuesday 27 October 2015). En este sentido, la recomendación de la OMS es “limitar la ingesta energética procedente de la cantidad de grasa total y de azúcares”.


Por su parte, Los economistas para desincentivar el consumo de azúcar han recomendado imponer impuestos a las gaseosas para reducir el consumo de bebidas azucaradas, así como se hace con el tabaco (cigarrillos) y bebidas alcohólicas. Mathew Harding y Michael Lovenhein han propuesto imponer un impuesto del 20% en EEUU a todos los productos que contengan azúcar, grasas y sal, de manera genérica, para que no pueda ser evadido por los productores como cuando se pone el impuesto a un producto específico. En conclusión: “Un impuesto sobre el azúcar, en particular, es una poderosa herramienta para inducir una canasta de nutrientes más saludables entre los consumidores” (2014, The Effect of Prices on Nutrition: Comparing the Impact of Product- and Nutrient-Specific Taxes, Nber).


Sin embargo, aunque se han preferido los impuestos específicos, a las gaseosas por ejemplo, a los impuestos genéricos, éste no se implementado de manera general en el mundo, sólo tímidamente. The Lancet, al respecto afirma que “una de las razones, sin duda, es la influencia indebida de la industria de alimentos y bebidas y otros grupos de presión sobre los gobiernos y los políticos”, porque “es un impuesto regresivo: los pobres sufren más. Pero la diabetes tipo 2 es una enfermedad regresiva, y los pobre la padecen más”, dice Lustig.


Aunque México es el primer consumidor de gaseosas a nivel mundial con 163 litros por persona al año, un consumo 40% mayor que el de un estadounidense promedio con 118 litros al año (La Representación en México de la OPS/OMS, Agosto 9-2013), el Congreso mexicano, apunta Robert Lustig, “rebajó los impuestos a las gaseosas a la mitad (…) a pesar (…) de una tasa de prevalencia de la diabetes del 12% en comparación con la tasa de Estados Unidos del 9,3%”. 


Los políticos mexicanos sucumbieron a las presiones de lobby de la Asociación de Bebidas de México, que sostenía que “el impuesto costó (a México) 1.700 puestos de trabajo. Pero los estudios muestran que las bebidas azucaradas contribuyen a la muerte de 24.000 mexicanos cada año, y causan discapacidad, como enfermedad cardíaca, accidente cerebrovascular, insuficiencia renal, amputaciones, y la caries dental en decenas de miles más” (Lustig).


La pregunta a nuestros políticos y gobernantes es: ¿Salud pública o ganancias privadas? La industria tienen que reinvertirse, hay muchas oportunidades de ganancias en industrias nuevas. La revolución industrial no consistió en embotellar aguas azucaradas, y empaquetar comida “chatarra”.


Para todos: más ejercicio físico y menos azúcar, gaseosas, grasas saturadas y sal. El agua de la llave es preferible a la embotellada, mejor en calidad y más barata.