Columnistas

Carta abierta a Álvaro Uribe Vélez
Autor: Luis Fernando Múnera López
16 de Mayo de 2016


Apreciado Álvaro: hace pocos días tuve la oportunidad de reunirme con usted. Fue grato ese reencuentro después de tantos años.

Apreciado Álvaro: hace pocos días tuve la oportunidad de reunirme con usted. Fue grato ese reencuentro después de tantos años. 


Ese día recordé una anécdota suya muy bonita. Cuando estábamos en el colegio en primero de bachillerato y teníamos doce años de edad, en un acto público usted tomó la palabra y pronunció un discurso político, completamente inusual para esas circunstancias. Algunos compañeros le reclamaron su aparente impertinencia y usted contestó: “Muchachos, todos debemos preocuparnos por los asuntos del país y prepararnos para intervenir cuando nos toque. Si no lo hacemos, alguien más lo hará y puede que no lo haga bien. Para lograr lo que les digo les anuncio que yo seré presidente de Colombia”. Y no se equivocó.


No es extraño que yo haya votado por usted en sus dos períodos para la Presidencia de la República.


También voté por Juan Manuel Santos para sus dos períodos en ese cargo. Hoy lo considero, con sus aciertos y sus errores, el presidente legítimo de mi país, y eso tiene para mí un valor institucional muy grande.


En nuestro encuentro de hace unos días me hubiera gustado poder decirle que he estado en desacuerdo con la forma de oposición que usted adoptó al dejar el gobierno, pues la considero poco aportante. Incluso, destructiva.


La semana pasada usted nos sorprendió con esta propuesta: “Los colombianos que no estén de acuerdo con lo acordado en La Habana deben ir pensando en los próximos días en mecanismos de resistencia civil frente a los acuerdos de paz, que serán firmados en poco tiempo”.


Al escucharlo recordé la frase popular que se refiere a la detención de Jesús en Getsemaní: “Mira como estamos, Pedro, y tú cortando orejas. Guarda tu espada porque el que a hierro mata a hierro muere”.


¿Qué entiende usted, Álvaro, por resistencia civil? Dadas la trascendencia del asunto y la gran influencia suya en la gente, debe ser completamente claro y preciso. ¿Desobediencia a las leyes, desconocimiento de los actos de gobierno, denuncia ante organismos judiciales nacionales y extranjeros, resistencia armada, agresión contra los que voten favorablemente por el acuerdo? Tal vez no sea prudente ignorar que puede haber quienes lo malinterpreten.


Los colombianos estamos hartos de violencia, de intolerancia, de discordia y, sobre todo de la insensatez y la falta de asertividad. Muchos pensamos que ni usted ni el presidente Santos tienen la verdad absoluta, y quisiéramos tener una visión clara y precisa de cuáles de los asuntos en discusión son ciertos y cuáles están errados. Pero ninguno de ustedes dos nos ayuda a verlos con total claridad.


El proceso de paz me ha parecido bien formulado, pues en los seis puntos de la agenda están comprendidos los asuntos fundamentales para terminar con un conflicto de setenta años. Sin embargo, hoy me abruman grandes incertidumbres. Las Farc no han entendido la importancia de la mano que la sociedad trata de extenderles y, con sus actos y su lenguaje, están dando el mensaje políticamente más incorrecto que pudiera pensarse. El gobierno también es inconsistente, pues toma decisiones que contradicen asuntos supuestamente definidos en las negociaciones. Y la oposición plantea generalidades y verdades a medias. 


El país no puede quedarse ahí. ¿Dónde quedan las contrapropuestas? Todos tenemos que construir correctamente la paz.


Álvaro, por favor no generalice, señale con claridad cuáles puntos del proceso de paz son acertados y cuáles no. Apoye aquéllos y, para éstos, proponga medidas institucionales, jurídicas o políticas válidas. Cuenta usted con gente, instrumentos y capacidad para esa tarea. 


Las dotes de inteligencia, conocimiento y carácter que usted posee lo obligan a convertirse en un líder que construya, no en uno que destruye.