Columnistas

Breve historia de un compromiso
Autor: 羖varo Gonz醠ez Uribe
14 de Mayo de 2016


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Octubre de 1999. Nace Compromiso Ciudadano. Varios ciudadanos de distintas ideologías y sectores veníamos sintiendo en los últimos años un gran inconformismo por Medellín. Aunque reconocíamos -al igual que parte de la ciudad y casi todo el país- que su manejo, infraestructura y prestación de servicios eran mejores que los de las otras ciudades de Colombia, nos dábamos cuenta de que la ciudad se estaba anquilosando, que podía dar más y que era la hora de un salto cualitativo.


Pero lo que más nos movía era cambiar la forma de hacer la política: Modernizarla, sacarla del clientelismo, de los salones oscuros, de las componendas y de su práctica cerrada que permitía que los gobernantes fueran siempre los mismos escogiéndose en elecciones donde simplemente se reciclaban.


Queríamos, además, demostrar que la política podía y debía ser una actividad digna y respetable, que quien fuera político lo pudiera decir con orgullo.


En ese octubre de 1999 éramos muy pocos, contados con los dedos de las manos. Venían elecciones locales en el año 2000, nuestra primera apuesta.


Año 2000. El movimiento fue creciendo. En una reunión de cerca de 70 personas votamos para escoger su nombre entre tres: Pacto Ciudadano, Huella Ciudadana y Compromiso Ciudadano. Ganó el tercero. Mientras organizábamos el movimiento, sumábamos ciudadanos y construíamos la propuesta para Medellín, a la par iniciábamos una alegre, apasionada y novedosa campaña electoral para llegar a la alcaldía con nuestro líder Sergio Fajardo y al Concejo de la ciudad con algunos de nosotros.


Había más que entusiasmo; había pasión por lograr nuestros sueños, por nuestra ciudad, por la política, por la forma cómo la hacíamos. Pocos recursos, a veces creíamos que no pasaríamos el mes en nuestra pequeña sede, una oficina. La calle, los barrios, las esquinas, los parques, casas de simpatizantes, eran en realidad nuestra sede. Si. Nos veían como un grupo de locos y a fe que lo éramos. Queríamos cambiar el rumbo de nuestra ciudad.


Y lo hicimos. La primera vez no conseguimos ganar, pero la cantidad de votos obtenida fue el primer escalón, un gran escalón dada la gran votación pese a nuestra inexperiencia, a los escasos recursos, al todavía incipiente número de activistas y a los contendores que rápidamente pasaron de la incredulidad a la burla y de esta a las triquiñuelas. No nos importó.


Estudiando, reuniéndonos, trabajando, ganamos las elecciones del 2003 por abrumadora mayoría. No solo ganamos la alcaldía de Medellín, la segunda ciudad de Colombia, sino que ganamos al demostrar que nuestra forma de hacer política funcionaba, que era posible hacerla con dignidad, “mirando a los ojos” y respetando a nuestros oponentes pero diciendo las verdades.


Han pasado 17 años, hemos obtenido dos veces la alcaldía de Medellín y contribuimos a ganar otra en coalición. También ganamos una vez la Gobernación de Antioquia con la mayor votación de la historia. Se pudo. Hemos seguido creciendo con cientos de jóvenes y personas de todas las edades que se suman día a día.


2016. Nuestra apuesta ya es nacional. Crecemos en varias regiones y ciudades de Colombia. También nos hemos puesto el reto de volver a gobernar a Medellín y a Antioquia, de llegar a todas las corporaciones púbicas y de ganar alcaldías de otros municipios de Antioquia. Avanzamos en la construcción de movimiento. Todo esto sin perder los principios que nos hicieron saltar a la política.


Hoy nos llamamos Compromiso Ciudadano por Colombia. Esperamos seguir sumando más. Aliarnos o unirnos con otros grupos afines que han surgido por entre la ruta que abrimos, tanto en Medellín como en el resto del país. Por ejemplo, algunos pensamos (es mi opinión personal, sin consultar con nadie) que Creemos, el movimiento del actual alcalde de Medellín, Federico Gutiérrez, puede ser nuestro gran aliado de nuevo. Muchos de sus integrantes son de las entrañas de Compromiso Ciudadano y tenemos bastantes ideas, estilo y fines comunes.


La política es sumando, pero, eso sí, sumando similares sin negociar principios. Se puede.