Columnistas

La desesperanza por la madre patria
Autor: Omaira Mart韓ez Cardona
10 de Mayo de 2016


Es confusa la sensaci髇 que puede desatar un comentario malintencionado y provocador.

Es confusa la sensación que puede desatar un comentario malintencionado y provocador. Cuando se traspasan las fronteras de la tierra natal por cualquier razón y se daba algún encuentro con los compatriotas dispersos por todo el mundo, generalmente surgía la nostalgia y el anhelo de regresar a la madre patria. Ahora esos encuentros parecen haberse transformado; es cada vez más evidente que la percepción, las manifestaciones de patriotismo y el compromiso de los connacionales que residen en otros países, ya no es el mismo que antes se proclamaba con orgullo. 


Expresiones como “si uno logra irse del país a buscar mejores horizontes y sostener a su familia a distancia, no hay a que regresar”, “una cosa es lo que viven ustedes allá que ya se acostumbraron y otra es lo que se ve desde aquí”. Comentarios como estos demuestran que el desarraigo se está esparciendo de una forma tan sutil a la que no se le está dando atención, provocando una mezcla indescriptible de decepción, dolor de patria y vergüenza ajena. 


La incertidumbre, el temor y la falta de cultura política y ciudadana fomentan la desesperanza de más de tres generaciones que han sobrevivido a décadas de conflicto y violencia, suscitando un panorama incierto del que muchos desconfían y al que prefieren dar la espalda, mirar de lejos o resistirse a afrontar, y del que cada vez son más los que están huyendo.


Que todo es una farsa para obtener uno de los Nobel más preciados, que ya no hay nada que hacer, que las cosas no están tan bien como nos dicen, que los niveles de desarrollo y percepción sobre la gobernabilidad y el bienestar decaen, no es algo que se pueda disimular tan sutilmente. Cuando se tiene la posibilidad de comparar, de explorar otras culturas y otras maneras de gobernar, se corre el riesgo de abrir la mente y descubrir  una serie de opciones  para tener otra calidad de vida que ofrezca más oportunidades de bienestar y tranquilidad. 


En los múltiples escenarios que ofrece un mundo global, es precisamente donde se pueden encontrar opciones distintas de convivencia y subsistencia que fomenten el patriotismo más allá de los simbolismos y los límites de un territorio. Es responsabilidad del Estado propiciar momentos y espacios para ocuparse más allá de los trámites legales, de los ciudadanos que por algún motivo han migrado. Se trata de mejorar las condiciones para que cada vez sientan más deseos de regresar y no desconocer la amenaza de perderlos para siempre como si fueran desterrados. 


Retomando lo que el Presidente estadounidense dijo en una de sus alocuciones, el patriotismo es más que la aparente lealtad a un lugar en el mapa donde por coincidencia se nació, es el respeto a unos principios universales de convivencia y respeto a la propia vida y la de los demás.   


El patriotismo de los próceres que entregaron su existencia por sus ideales hace tiempo no existe, ahora se debe expresar de otras maneras, con acciones, con aprovechamiento adecuado de las capacidades y oportunidades que se le presentan a cada quien para ponerlas al servicio de los demás, sin importar su origen, su idioma, su raza. Cuando se asume el compromiso de reconocerse como ciudadano de un mundo diverso, en constantes desacuerdos pero en el que todos finalmente luchan por lo mismo que es sobrevivir lo mejor posible y en paz, la patria no tiene límites ni debería ser motivo de desesperanza, de desarraigo, de fracaso.