Columnistas

Aerocivil y reforma tributaria
Autor: Alberto Maya Restrepo
9 de Mayo de 2016


En Colombia se está volviendo “normal” enterarse de sobrecostos en obras emprendidas por el Estado. Que Reficar, que una planta de alcohol en los Llanos, etc., etc.

En Colombia se está volviendo “normal” enterarse de sobrecostos en obras emprendidas por el Estado. Que Reficar, que una planta de alcohol en los Llanos, etc., etc. Ahora resulta que la nueva torre de control del aeropuerto Eldorado, de Bogotá, se contrató por $105.000 millones y su costo superó los $150.000 millones. El director de Aerocivil, Gustavo A. Lenis, en entrevista que le hicieron por Radio W, dijo que ese sobrecosto está justificado en mayor cantidad de obra. Entonces, si para que le fuera adjudicada la construcción de esa torre a alguien, ¿éste presento una propuesta incompleta, sin la cantidad de obra requerida y, por tanto, para que apareciera por un precio más bajo? ¿Nadie del lado del gobierno Santos verificó que lo ofrecido por ese alguien correspondiera exactamente a lo que se necesitaba?


Por ejemplo, dijo ese director que por tener esa torre algo más de 80 metros de altura los vientos en ese punto son muy fuertes y por ello hubo que cambiar el diseño de los vidrios, para que pudieran aguantar los ventarrones. Luego, quien hizo la oferta para que le adjudicaran ese trabajo ¿no se dio cuenta de que los vientos existían y demandaban unos vidrios más gruesos y, claro, más caros? Quien contrató los trabajos ¿no analizó las especificaciones de los materiales ofrecidos y no puso reparos? O sea, se contrató cualquier cosa para que al final resultara cualquier otra y más cara, todo por cuenta de los contribuyentes que ya estamos hasta el cuello de pagar impuestos para que el Estado malbarate lo que recibe.


Creo que esa torre se adjudicó en tiempos en que era director de Aerocivil Santiago Castro, quien fuera nombrado por Santos para ese cargo solo por política, sin tener méritos para ello y tan por política fue que, cuando renunció, Santos lo encargó de hacerle campaña a favor de su reelección en el Valle del Cauca. Si la cabeza no tiene ni idea de lo que le encomendaron manejar, ¿cómo no van a resultar sobrecostos en las obras que encargó?


Ahí se ve lo “necesaria” que resulta la tal reforma tributaria que planea proponer Santos al Congreso, la que realmente estará “justificada” en el hecho de que los ingresos actuales no alcanzan para pagar errores y sobrecostos y eso sin contar con las mordidas. ¡No hay derecho!


Adicional a lo anotado sobre esa torre de control, a Santos no le gusta el estilo de micro gerencia (porque no lo entiende) y por ello el desgobierno que se observa es producto de que ha optado por la no gerencia. Ese “estilo” lamentablemente se irradia hacia abajo en la pirámide administrativa, de donde no es raro encontrarse con hechos como el denunciado recientemente cuando localizaron abandonados en una bodega de Aerocivil en Bogotá equipos electrónico por valor de unos $2.500 millones. La suma, diría alguien, es pequeña frente, digamos, a lo ocurrido en Reficar, pero es indicativa del desdén con el que se está manejando lo público y ello confirma el desagrado que me han producido las gestiones de los últimos tres directores de Aerocivil: Fernando Augusto Sanclemente, Santiago Castro y Gustavo A. Lenis. De tiempo atrás he sostenido que la Aerocivil funciona porque, gracias a Dios, el subdirector ha sido siempre un alto oficial de la Fuerza Aérea, quienes sí entienden de la parte operativa, pero en la administrativa (tomada por la politiquería) los baches han sido enormes y costosísimos.


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Que Santos haya nombrado un “gabinete para la paz” es pura carreta porque no habrá paz si el marco de referencia de los acuerdos va a ser el de la impunidad, el del desdén por las víctimas y el de la no entrega de las armas. Sigue así la parafernalia.


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Si Luis Felipe Henao lo estaba haciendo tan bien en el ministerio de Vivienda, ¿por qué Santos lo cambió? Eso demuestra que los compromisos políticos de Santos sobrepasan los intereses del buen manejo y de las ejecutorias excelentes. Como en tiempos de López Michelsen: está chamboniando y los contribuyentes pagan.