Columnistas

Entre el yoga y el comisario
Autor: Dario Ruiz Gómez
2 de Mayo de 2016


Arthur Koestler es uno de los más importantes escritores del siglo XX, como un intelectual de izquierda apoyó la Revolución Soviética, incluso una vez conocidos los horrores de los Gulags.

Arthur Koestler es uno de los más importantes escritores del siglo XX, como un intelectual de izquierda  apoyó la Revolución Soviética, incluso una vez conocidos los horrores de los Gulags, cuando se conoció la hambruna que Stalin decretó para castigar a Ucrania y donde murieron de hambre cerca de seis millones de personas, Koestler, como recuerda Tony Judt, se mostró en principio partidario de no decir la verdad para – este fue el sucio argumento de Sartre- no “ayudar al imperialismo norteamericano”, finalmente optó por decir la verdad y afrontar la persecución de Stalin y sus sicarios a sueldo en Occidente. “El cero y el infinito” es un texto cumbre que, alertó a las conciencias libres del peligro que corrían al dejarse seducir por este espejismo. Pero en un texto “El yoga y el comisario” planteó la diferencia monstruosa que bajo un régimen de terror como el comunista se llegó a establecer entre quien afirma la vida del espíritu, la necesidad de un humanismo  integral, herencia y patrimonio de la civilización y la presencia de ese ignominioso personaje  el Comisario Político, atento a que nadie se salga del dogma  trazado por el Partido,  recurriendo  al espionaje, a la delación, a los fusilamientos, a ese ejercicio infame de presionar a los inculpados para que ellos mismos delante de los tribunales revolucionarios se autoproclamen culpables de “errores ideológicos”. Recuérdese el caso de Javier Delgado un disidente de las Farc que en Tacueyó ahorcó a cerca de setenta guerrilleros que se dejaron matar, una vez que “aceptaron su culpabilidad por errores ideológicos” O el caso de ese “humanista” Braulio Herrera que llegó a presidir el Comité de Derechos Humanos nombrado por el entonces presidente Belisario Betancurt y que a golpes de martillo “para ahorrar balas” mató veintitrés guerrilleros que habían infringido según  él, la “moral revolucionaria”. ¿Debe un pensador arrodillarse  ante el Comisario político y renunciar a su  libertad? Simone de Beauvoir califica como “hombre  del techo” a aquellos que renuncian a asumir la responsabilidad de pensar por sí mismos  y prefieren que la Organización piense por ellos, cierran los ojos ante las brutalidades y creen que esa supuesta ignorancia de los hechos  los convierte en inocentes, lo cual, claro está no es cierto. 


El caso de un criminal como alias “el paisa” sale ahora de esa difusa penumbra en que había sido disimulado por cierto periodismo que convierte en escueta noticia lo que en realidad es un escándalo moral: ¿Puede una causa revolucionaria justificar el asesinato violento de diez concejales, de dieciséis pobres gentes en un atentado cuyo objetivo era asesinar al entonces presidente Uribe? Desde el punto de vista semántico ¿puede justificarse el asesinato en un pavoroso atentado de treinta y seis “burgueses” en el Club El Nogal? Como el sicario que formó Pablo Escobar,  asesinó a la familia Turbay Cote, a la hermana de César Gaviria, realizó las masacres de Miraflores, El Billar y ya completamente paranoico  mandó a fusilar a los guerrilleros de su “anillo de seguridad”. Volvamos a Merleau-Ponty y su texto indispensable: ¿Se puede justificar una sociedad más justa utilizando el terror? ¿Pueden estos Comisarios gente de acción, analfabetas, imponer aquello que  intelectuales y civiles deben acatar mansamente? ¿Quién le dio las órdenes para asesinar con tanta sevicia o sea quién le ordenó matar argumentando  que esta era una tarea “revolucionaria“ ?  ¿Llevarlo a la Habana no es convertir a Eichman de verdugo confeso en víctima? “el paisa” ha llegado para recordar a filósofos, politólogos, juristas, religiosos, que callar ante la matanza de ciudadanos no es inocencia sino banalizar el mal. ¿Ha llegado tan lejos nuestra indolencia moral? ¿Qué paz podemos consagrar convirtiendo a un sicario  en juez de sus víctimas?