Columnistas

¿Educación para la felicidad?
2 de Mayo de 2016


¿Por qué los países considerados como paradigmas educativos como Finlandia, Singapur, Corea Sur, Japón y China, tristemente también encabezan el ranking mundial de suicidios?.

Diego Luis Alvarez M*


Colombia


Info@fundacionmundomejor.org


www.fundacionmundomejor.org


Por qué los países considerados como paradigmas educativos como Finlandia, Singapur, Corea Sur, Japón y China, tristemente también encabezan el ranking mundial de suicidios?


Durante los 15 años que fui docente de medicina me tocó el suicidio de seis estudiantes de mi facultad, todos con el mismo denominador: muy jóvenes, brillantes, gran dedicación al estudio, con una historia académica sobresaliente en el colegio, muy competitivos y tremendamente lábiles frente a frustración.


Savater nos ha dicho que la educación es el aprendizaje no solo de los medios, sino de los fines de la vida. ¿Cuáles son los fines a los que estamos apuntando? ¿Talvez queremos que nuestros estudiantes sean más competitivos, tengan menos tiempo libre, se gradúen más temprano, engruesen más rápido las listas de jóvenes altamente calificados, desempleados y frustrados?


Hace medio siglo Ivan Ilich señaló que era ingenuo el discurso que, a más educación, más crecimiento económico y más felicidad. Basta comparar el gigantesco progreso de Japón y Estados Unidos en éstos cincuenta años, con el índice de felicidad, el cual permaneció igual en Japón y disminuyó en Estados Unidos durante el mismo período. Desde los años setenta se demostró que con bajos ingresos hay gente que sufre, pero también hay muchas persones felices y al aumentar el ingreso mejora la felicidad de las personas, pero una vez se llenan sus necesidades básicas el índice no aumenta. 


Muchas de las potencias mundiales están pidiendo reducir la jornada laboral para tener más tiempo para compartir con sus familias y para el ocio creativo. Un 20% de los norteamericanos han cambiado su trabajo por uno con menor ingreso, pero con mayor disponibilidad de tiempo libre.


Entiendo la felicidad como el proceso entre estar feliz y ser feliz, que corresponde a una percepción subjetiva del nivel de bienestar. A un mismo nivel de calidad de vida hay percepciones diferentes, ya que un rico arruinado se siente tremendamente infeliz, aunque esté en mejores condiciones materiales que la mayoría de personas felices de clase media. La felicidad es producto del balance entre tener y querer. Aunque materialmente vivimos en mejores condiciones que los abuelos, somos menos felices, porque las necesidades han crecido desbordadamente. 


Sócrates dijo que la práctica de la virtud no es otra cosa que la educación del deseo, porque buscar la felicidad saciando los deseos es un camino a la insatisfacción ya que jamás podrá el hombre tener suficiente poder, fortuna o gloria. Napoleón con todo lo que logró fue infeliz porque quería ser como Cesar, quien a su vez quería ser como Alejandro Magno, el cual fue terriblemente infeliz porque quería ser como el dios Hércules. 


La felicidad es como un buen olor que solo se nota al comienzo, pero al cabo de un tiempo uno se acostumbra. En cambio, cuando algo falta es como una piedra en el zapato que todo el tiempo martiriza. También es relativa al entorno, si alguien recibe un inesperado aumento del 15% de su salario, la alegría le dura hasta que se entera que su compañero, que hace exactamente el mismo trabajo recibió un 30%. Los países de la antigua cortina de hierro se han vuelto entre los más infelices, al abrir sus puertas a los ricos vecinos.


¿Qué estamos haciendo padres y educadores para que el insaciable deseo de la sociedad consumista no amenace la felicidad humana? En algunos países se está proponiendo prohibir la publicidad en los espacios infantiles y especialmente la dirigida a niños. 


¿Por qué los países con los resultados más bajos en las pruebas educativas Pisa, como Colombia, Perú, Costa Rica, México, Brasil, también encabezan el ranking de los países más felices del mundo? ¿Quién tiene que aprender de quién?


* Este es un espacio que se abre a la reflexión y al diálogo con diferentes representantes nacionales e internacionales de las educaciones alternativas. Una propuesta de la Fundación Mundo Mejor para responder de forma concreta a su compromiso con la felicidad y la libertad de los niños, buscando integrar y debatir sobre conceptos, experiencias y metodologías que están transformando la educación, una invitación que provoque cambios y estrategias más respetuosas y comprensibles en el mundo de los niños.