Política

Requiem for the National Unity
Réquiem por la unidad nacional
Autor: José Ignacio Mejía / Nacho
29 de Abril de 2016


Todo indica que esta coalición de partidos para efectos electorales está muriendo y no operará para los comicios presidenciales del 2018. Hoy ya la denominan “Unidad por la paz”.


Colombia es ante todo un país político, pese al desprestigio de esta actividad y de sus acciones por el poder. Muchísimos colombianos dicen ser apáticos, pero eso ya es una posición política. Todos en este país cargamos un animal político por dentro. Y eso pasa desde el mismísimo germen de los 200 años que va a cumplir como nación.


Lo fue desde la pujas bolivarianas y santanderistas, desde los conflictos entre centralistas y federalistas, por el bipartidismo que reinó en por lo menos 150 años, por las múltiples guerras por el poder político, debido a la violencia de la década de los años cincuenta del siglo pasado, por el surgimiento de fenómenos como la insurgencia, la narcopolítica y la parapolítica, por las recientes diferencias uribistas-santistas. Por todo eso y mucho más Colombia es un país político.


Y como comenzó esta semana, muy agitada por el revolcón burocrático nacional, también concluye por las consecuencias que se han derivado del reajuste ministerial y en otras dependencias del Gobierno de Juan Manuel Santos.


El hoy profesor de Ciencias Políticas, en la plenitud de su edad madura, pero quien fuera un político neto en los pasados treinta años, Armando Estrada Villa, considera que un reagrupamiento ministerial se tiene que observar desde dos puntos de vista: por un lado el político y por otro el social o el impacto en la gente, en el colombiano raso.


Por ahora las incidencias son coyunturalmente políticas, más que de impacto real en la vida del ciudadano, que aunque puede mirar con algún interés los sucesos meramente políticos de lo ocurrido esta semana, está más pendiente si los cambios de ministros le van a ayudar a mejorar su vida cotidiana.


Y definitivamente, en lo político, la semana termina como despegó, con un obvio agite partidista, porque los políticos no se han cansado ni parado de reaccionar, amagar con amenazas y hablar de las secuelas inmediatas y a largo plazo de cara a las elecciones nacionales del 2018, cuya campaña parece que se estaría anticipando más de la cuenta, aunque con su acostumbrada muletilla los políticos, de todos los colores, digan que “está muy temprano”.


Los funerales


Dos grandes efectos políticos dejó todo el alboroto que se suscito de lunes a viernes tras las decisiones burocráticas, con hábil milimetría, adoptadas por Santos dentro del Gobierno Nacional.


La primera consecuencia fue inmediata y fueron los problemas internos que originó dentro de un partido en oposición como es el Polo y otro independiente como se le ubica a la Alianza Verde.


Santos dejó fracturas que podrían tener derivaciones más adelante en estas corrientes por los nombramientos de Clara López Obregón en el Misterio del Trabajo y del jurista boyacense en la cartera de Justicia, Jorge Eduardo Londoño.


El cisma en el Polo obligó a que desde su cúpula se expidieran dos comunicados, uno de su Comité Ejecutivo Nacional y otro de integrantes de esa directiva que se apartaron de la posición oficial.


La postura mayoritaria aceptó la renuncia de López Obregón a la presidencia del Polo para que asuma el Mintrabajo, pero exclusivamente bajo los postulados de seguir apoyando los diálogos de La Habana y la apertura de la mesa pública con el Eln.


Entre tanto, otros directivos nacionales polistas, en los cuales figuran los congresistas Jorge Enrique Robledo Castillo, Alexánder López Maya y Germán Navas Talero, reafirmaron su total desacuerdo con que Clara López acepte hacer parte del Gobierno de Santos, pues su partido ha aprobado en todas sus instancias ser oposición a su administración.


Sin embargo, ambas partes coinciden en que se mantendrán en oposición a Santos y a sus políticas neoliberales, y que Clara López asumirá a título personal, sin comprometer a nadie y menos al Polo.


Casi lo mismo está ocurriendo dentro de la Alianza Verde, donde un grueso de la directiva decidió apoyar el ingreso de Jorge Eduardo Londoño a orientar el ministerio de las leyes, pero otra parte, muy influyente, donde están Claudia López y Antonio Navarro, se aparta completamente y hasta lanzan su respaldo a la candidatura presidencial de Sergio Fajardo.


No obstante, los verdes siguen jugando al lado de los esfuerzos de paz en Cuba.


Pero el hecho más relevante en la política tradicional con el que se acaba la semana, es que el país puede estar asistiendo al funeral de la llamada Unidad Nacional, o sea, la coalición de partidos que le ayudaron a Santos a derrotar al uribismo, a dos rondas, en los comicios del 2014.


Esta estrategia electoral está moribunda en la práctica, no sólo por los acontecimientos políticos que se han sucedido en los últimos cinco días, sino que ya venía muy enferma desde hace meses atrás por los problemas, evidentes para todo el país, entre varios partidos de esa alianza con el poder que ha tenido en el actual cuatrienio santista el vicepresidente Germán Vargas Lleras, quien sólo cuenta con el apoyo de su partido Cambio Radical, enfrentando el embate durísimo de liberales, de santistas de la U e incluso de conservadores que miran con recelo.


Desde hace tres días ya no se habla de Mesa de Unidad Nacional, sino de Unidad para la paz, todo un embeleco o juego de palabras de liberales, santistas y azules para conservar sus cuotas en el Gabinete de Santos.


Pero el mensaje es muy claro y está dirigido contra la muy segura aspiración presidencial de Vargas Lleras en el 2018, cuando el jefe liberal Horacio Serpa retoma la célebre frase de su abuelo Carlos Lleras Restrepo, en similares casos del pasado, al reclamar “patos al agua”.


Entonces, el camino queda despejado para que en el 2018 no haya candidaturas nacionales o en coalición, y los partidos vuelvan a ser alternativas de poder, cada uno con sus respectivas candidaturas, poniendo en bandeja de plata el triunfo uribista o el fajardista.



Rifirrafe

El último pugilato como resultado del agite político de la semana se registró entre los liberales y Cambio Radical, CR.


Este último partido nació de las entrañas rojas debido al escándalo de la narcopolítica en la década de los años noventa.


Tras las permanentes puyas de Horacio Serpa al jefe natural de CR, Germán Vargas Lleras, el hoy presidente de este partido, Rodrigo Lara, ripostó que lo que busca Serpa es algún tipo de cuota burocrática condicionando el apoyo de su partido a la paz.


Y lo tildó de estar presionando la renuncia en la Vicepresidente de Vargas Lleras.