Columnistas


S骹ocles, el gran ingeniero gramatical
Autor: Rub閚 Dar韔 Barrientos
28 de Abril de 2016


Gabriel Escobar Gaviria (no asociar sus apellidos con nadie), es un ducho ingeniero electricista de la UPB.

Gabriel Escobar Gaviria (no asociar sus apellidos con nadie), es un ducho ingeniero electricista de la UPB. Si escribiera que es ingeniero eléctrico, me reprendería a rabiar. Precisamente porque laboraba en una entidad oficial, no podía aparecer su nombre en la prensa en sus columnas idiomáticas dado que dirían que no trabajaba por estar escribiendo pendejadas. Por eso optó por el seudónimo Sófocles, cuando pertenecía a la nómina de Eade y empezaba a escribir su Gazapera en El Espectador. Luego, se dio el lujo de utilizar otro seudónimo, el de Abel Méndez y así firmaba su leída columna Vista de Lince en El Colombiano, la misma que publica hogaño en el Diario del Otún de Pereira. Y no perdamos de vista, que el joven prospecto y columnista de EL MUNDO, Juan David Villa, es un hincha furibundo de Sófocles. 


Escobar Gaviria, nacido en Sopetrán y ya jubilado es, pues, ingeniero como su inolvidable antecesor Roberto Cadavid Misas (Argos). No entiende por qué se habla de la loma de los Parra, cuando tiene que ser la loma de los Parras; como también predica a pie juntillas que tiene que decirse la loma de los Bernales. Nos ha enseñado y repetido hasta la saciedad que existen las comas del vocativo. Por ejemplo: «Feliz día, mamá» y «Antioquia, la más educada», aunque Fajardo nunca le paró mientes. Crítico ácido del dequeísmo y del seraqueísmo, regañó una vez a Nacho porque no se sabía reír por escrito. Le explicó que hay cinco interjecciones para hacerlo: ja, je, ji, jo, ju, y que uno puede reírse así, pero tres veces: Je, je, je o ¡Je, je, je!, como a bien tenga (No: jejeje). 


Le desesperaba que le dijeran bajar de internet o quemar un cidí, pudiendo decir descargar y grabar respectivamente, pero fue obediente cuando la Real Academia Española aceptó el primero con su contrario subir. Además nos ordena escribir el pa sin apóstrofo y no nos permite nada de anti-robo, porque lo correcto es antirrobo. Nos ha secado con la diferencia entre seudónimo, apodo y sobrenombre. Aclara que seudónimo, es Porfirio Barba Jacob; sobrenombre, el Greco y apodo: el Manco de Lepanto. Está ya fatigado de explicar que los acrónimos son palabras que en español no llevan mayúsculas intermedias: es incorrecto TransMilenio. Se escribe: Transmilenio. No permite que se hable de lecturabilidad, sino de índice de lectura. 


Nos tiene hasta la coronilla a los que nos gusta usar las comillas simples para reemplazar las desgastadas dobles porque, según él, se trata de un embeleco que uno de nuestros diarios grandes trajo del otro lado del Atlántico y que solo debemos usar cuando queramos definir una palabra o como un tercer entrecomillado. También ha enfilado baterías contra los entrevistados que repiten la palabra tema aplicada antes del nombre del asunto que tratan. «Se hablará del tema de la contaminación ambiental» en vez de «Se hablará de la contaminación ambiental». Conferencista, corrector y gazapero, Gabriel no se guarda nada. Tiene humor para escribir y posee ingenio para ser pedagogo. 


El articulista (muy bueno) Juan David Villa, en una crónica que le hizo hace algunos años, dijo de Gabriel: “Un vigía del buen decir y escribir, un ingeniero apasionado y un gramático enseñante”. En su Gazapera y en su Taller del Idioma, y antes en su Vista de Lince, Escobar Gaviria demuestra su sapiencia y su consolidación como el mejor de Colombia. Buen amigo y contertulio, este sopetranero es inigualable. Además, le encantan el chascarrillo y la anécdota, como a su amigo y paisano Raúl Tamayo Gaviria, lo que le engalana sus crónicas hasta volverlas sabrosos pretextos para aprender y nunca olvidar.


Quería evocar a Gabriel Escobar Gaviria, en el Día del Idioma, toda vez que lo celebramos el pasado sábado. ¡Larga vida, para este omnisapiente amigo!