Mundo deportivo

The Games’ legacy
Legado de los Juegos
28 de Abril de 2016


Algunas personas aseguran que la crisis económica ha reducido los recursos para la Policía en Río de Janeiro y los grupos organizados han sacado provecho de ello volviendo a tomar posiciones en las favelas.


Foto: EFE 

En los trabajos de la Villa para los Atletas, en Río de Janeiro (Brasil), se ocupan muchos de los habitantes de las favelas.

EFE


Unos 4.000 jóvenes que residen en las favelas pacificadas de Río de Janeiro se han beneficiado de las oportunidades laborales generadas por los Juegos Olímpicos que se celebrarán el próximo agosto en la ciudad brasileña.


El coronel César Rodrigues, coordinador del Centro Integrado de Comando y Control del Gobierno del estado de Río, desde donde se coordina la seguridad de la región, pone este dato como ejemplo del legado que los Juegos dejarán en Río, una ciudad inundada de favelas, muchos de cuyos habitantes “no salen nunca de ellas”.


“Hay niños en la favela de Rocinha (71.000 habitantes) que nunca han conocido la playa”, comenta Rodrigues, quien celebra que los Juegos hayan dado a algunos residentes la oportunidad “de salir a otro mundo”.


Los beneficiarios de este programa laboral son sólo aquellos que viven en las favelas controladas por una de las 38 Unidades de Policía Pacificadora (UPP), que presumen de haber restablecido el orden en estos núcleos de pobreza, tras arrebatárselo a los grupos criminales.


“Un trabajo muy difícil”, explica el coronel Rodrigues mientras recorre la favela de Santa Marta (6.000 habitantes, 56.000 metros cuadrados), en el barrio de Botafogo. Controlada por una UPP, está considerada una favela “turística”: algunos residentes se han convertido en guías que conducen a viajeros y curiosos por su laberinto de calles. La propia Policía muestra con orgullo la aparente tranquilidad que reina entre sus casas de ladrillo.


“La mayoría de los niños de Santa Marta está escolarizada, pero hay otras favelas en las que son muy pocos los que van a clase. En cuanto a los adultos, muchos de los que trabajan lo hacen en la construcción”, señala Rodrigues.


Santa Marta está bajo el control de la teniente Tatiana Lima, de la Policía militar del estado de Río. Exfutbolista (jugó en Botafogo y Vasco de Gama), cuando pasa por una pequeña cancha de fútbol colgada del cerro en lo alto de la favela expresa su deseo de “quedarse a jugar con los niños”. Pero el deber la llama.


“Seguimos haciendo nuestro trabajo de policía, como arrestar a los criminales, pero también ayudamos a la comunidad en asuntos como contratar los servicios de luz y agua, repartir las donaciones que recibimos o enseñar a la gente qué debe hacer con su basura”, explica mientras se para a conversar con prácticamente toda persona que se le cruza en Santa Marta.



Más deportistas

Los Juegos Olímpicos han aumentado el interés de los niños de las favelas de Río por el deporte, aunque sea en disciplinas muy concretas: “Cada vez hay más aficionados a las artes marciales. Son deportes que les dan mucha visibilidad”, cuenta la teniente Tatiana Lima.


“El deporte es una oportunidad para que un joven no recurra a una vida relacionada con el crimen. Siempre les animamos a que hagan deporte, en proyectos a menudo conducidos por oficiales de policía”, añade.


Pero una mujer que conversa con la teniente, Shirli Alves, no ve sentido a que los Juegos se celebren en Río.


“Yo llevo 30 años viviendo en Santa Marta. Soy pobre, soy negra, pago mis impuestos, pero también tengo que pagarme una medicina que no me dan. Los Juegos no me interesan”, señala a la puerta de su casa.


Tatiana Lima sabe que ni los Juegos, “aunque han supuesto más inversión en seguridad pública”, ni las UPP van a eliminar el tráfico de drogas o los homicidios en las favelas. Pero ambos “se han reducido significativamente”.