Columnistas


Una arteria humana
Autor: Santiago Ortega
27 de Abril de 2016


El tranvía de la ochenta es la gran apuesta de la Alcaldía por la movilidad sostenible. Este corredor conectará el occidente de la ciudad, pero debe hacerse priorizando a las personas. Si no, será un fracaso monumental.

Santiago Ortega Arango*


Profesor, Universidad EIA


@sortegarango


El tranvía de la ochenta es la gran apuesta de la Alcaldía por la movilidad sostenible. Este corredor conectará el occidente de la ciudad, pero debe hacerse priorizando a las personas. Si no, será un fracaso monumental.


En los diseños originales del proyecto, la ochenta se presenta como una avenida amplia, con el tranvía en la mitad y dos carriles vehiculares a lado y lado, amplias aceras y arborización. Aunque los planos pueden con todo, en la realidad esa utopía no es posible. No hay espacio para que todo quepa, y tenemos que escoger entre tener tranvía, carros, árboles o aceras.


Como el tranvía ocupa poco menos que el espacio de un carril vehicular, la calzada se debía ampliar para reponer el carril perdido, de tal forma que no se afectara el flujo vehicular. Pero si reponemos el carril en la ochenta, estamos hablando de despedirnos de 2008 árboles ubicados en el corredor.


No pretendo hacer una defensa de los árboles basada en argumentos ambientales. Es claro que no todos esos árboles cumplen una labor ecológica óptima y que algunos deberían ser talados o reemplazados. Sin embargo, quien tome una decisión al respecto debe entender un tema clave: El valor social de los árboles es muy superior a su valor ambiental, y no tenerlo en cuenta puede amenazar al proyecto entero.


Hace un mes, tuvimos la peor crisis de calidad del aire de nuestra historia. Con el recuerdo reciente de la bruma de contaminación, ¿son capaces de imaginar cómo reaccionará la población al saber que se cortarán más de 2000 árboles? Los vecinos son capaces de parar un proyecto por años, como pasó con el túnel verde en Envigado.


Esto implicaría inmensos sobrecostos, sin contar el golpe político a la administración municipal. Sin embargo, el tranvía es un proyecto importantísimo para la movilidad de Medellín, ¿Qué se puede hacer?


La respuesta la puede tener Claudia Restrepo, la gerente del Metro, quien la propuso públicamente la semana pasada: si hay que sacrificar algo, se debe sacrificar un carril vehicular. Es decir, no habrá reposición de carril ni ampliación de calzada. Esto alivia la necesidad de cortar los árboles y deja “carril y medio” en la ochenta. En la práctica, eso significa un carril más amplio que permitirá adelantamientos únicamente en caso de emergencia.


Si bien esta propuesta puede ser chocante de entrada, un análisis económico muestra que es una solución brillante. Al no tener que ampliar la calzada, el Metro evita tener que negociar y comprar cientos de predios, ahorrándose millones de dólares y numerosos conflictos con los propietarios. Sin mencionar que reponer el carril vehicular significa fomentar el transporte vehicular, afectando el potencial flujo de pasajeros (y de ingresos) del tranvía.


Además, una avenida amplia tiene efectos nefastos en el valor de la tierra circundante. ¿Son capaces de nombrar un sitio de Medellín junto a una vía de 6 carriles que sea atractivo para vivir? El ruido, el calor, la falta de sombra, la contaminación y la congestión permanente espantan a cualquiera. 


Un carril menos no obliga a los ciudadanos a montar en tranvía, la gente puede seguir usando su automóvil y tiene derecho a elegir su modo de transporte. Pero la decisión de no reponer el carril es, por fin, una acción concreta para desincentivar el uso del automóvil particular y poner a las personas en la cima de la pirámide de la movilidad.  


Perder un carril no es el fin del mundo, y en Medellín hay ejemplos que demuestran que es todo lo contrario. Ayacucho es una nueva arteria humana, y será uno de los elementos que ayudarán a recuperar el centro. En vez de un carril vehicular, podemos ganar un corredor atractivo y próspero y una alternativa de movilidad ágil, segura, ordenada y puntual. Es decir, como siempre hemos soñado nuestro transporte público.


¿Será que somos capaces de convertir a la ochenta en una artería para la gente?


Profesor, Universidad EIA