Columnistas


El costo de los errores diplomáticos
Autor: José E. Mosquera
14 de Abril de 2016


Por nuestra política exterior errática, el país ha perdido más de la mitad de su territorio con los países vecinos.

Por nuestra política exterior errática, el país ha perdido más de la mitad de su territorio con los países vecinos. Colombia no ha sabido sortear sus diferendos limítrofes y por eso cada vez cede más territorio. En el litigio marítimo con Nicaragua ha tenido más desaciertos que aciertos. Indudablemente que nuestra política frente a Nicaragua ha sido desacertada. Colombia desde 1804, tenía dominios sobre la costa de Mosquito de El Cabo de Gracias a Dios al río San Juan y el archipiélago de San Andrés. La doctrina de utti posidetis juris de 1810 que se impuso en las antiguas colonias españolas después del fin del colonialismo, ratificó los derechos colombianos sobre aquellos territorios. 


Igualmente que el tratado Gual-Molina, firmado en 1825, entre la República Unida de América Central y la Nueva Granada, también ratificó nuestra paternidad sobre esos territorios. 


Nicaragua de 1890 a 1894, invadió las islas de Mangle y la costa de Mosquitos. El error de Colombia fue que por más de tres décadas dejo que Nicaragua ejerciera dominios sobre los territorios insurpados. Lo insólito fue que en 1928, Colombia firmó con Nicaragua, el tratado Esguerra-Bárcenas, que en palabras del abogado e historiador Enrique Gaviria Liévano, “Colombia entregó dos territorios y ganó soberanía sobre otro que también le pertenecían”. 


Por lo tanto, en su criterio “si Colombia no fuera cedido la costa de Mosquitos no tenían los nicaragüenses como reclamar el archipiélago como lo han hecho en el último siglo”. Mediante el tratado Esguerra-Bárcenas, Colombia concedió soberanía a Nicaragua sobre la costa de Mosquitos de El Cabo de Gracias a Dios al río San Juan y las islas de Mangles, Corn Island y Littie Corn Island. En cambio, Nicaragua reconoció la soberanía nuestra sobre San Andrés, Providencia, Santa Catalina y los islotes de Quitasueños, roncador y Serrana. 


Colombia entregó dominios a Nicaragua en la costa Caribe sobre un territorio que le pertenecía. Ahora lo polémico es que estamos sufriendo las consecuencias de aquel yerro diplomático y con el ingrediente que en dicho tratado no hubo delimitaciones de la frontera marítima entre los dos países.


Cuando en 1980, la Junta de Reconstrucción Nacional de Nicaragua, decidió declarar la nulidad e invalidez del tratado Esguerra-Bárcenas, Colombia tuvo la oportunidad de haber entrado en unas renegociaciones directas con Nicaragua para definir una frontera marítima y sobre los derechos colombianos sobre la costa Caribe nicaragüense. 


La tesis de Nicaragua fue que debido a la ocupación norteamericana, el tratado firmado con Colombia, fue producto de una imposición de Estados Unidos. Por consiguiente, un pacto firmado bajo esas circunstancias carecía de validez jurídica. Es claro que Colombia cometió el error al no aprovechar la coyuntura para renegociar con Nicaragua un nuevo tratado antes de ir a la Corte de La Haya. 


Recuerdo unas declaraciones del excanciller Guillermo Fernández de Soto, revestidas de arrogancia cuando, dijo que no había ni conciliaciones, ni renegaciones del tratado Esguerra-Bárcenas, porque había sido firmado y ratificado de conformidad con el derecho Internacional. 


De hecho, Colombia actúa con arrogancia debido a que de 1976 a 1993, firmó tratados de delimitaciones marítimas con Haití, República Dominicana, Jamaica, Honduras, Costa Rica y Panamá. Sin embargo, no ha hecho lo mismo con Nicaragua. La tesis del meridiano 82, como límites marítimos de Colombia con Nicaragua fue una falacia que no fue definida claramente en dicho acuerdo. Por eso el historiador Jorge Orlando Melo la ha llamado “una ilusión sin bases”.


De manera que, Managua jamás aceptó aquel referente como línea fronteriza y, desde luego, por las funestas consecuencias de los errores del tratado Esguerra-Bárcenas, fue que Colombia cedió a Nicaragua tres islas que hacen parte del archipiélago y fracturó su unidad geográfica y ahora tras los fallos de CIJ siente los efectos del costo de sus errores diplomáticos.