Columnistas


La marcha que marchó
Autor: Alfonso Monsalve Solórzano
10 de Abril de 2016


La marcha “No + Santos, No + Farc”, para ponerle un título, fue un rotundo éxito. Centenares de miles de colombianos en el país y en el exterior salieron a protestar contra el desgobierno y la manera como se conducen las negociaciones en Cuba.

La marcha “No + Santos, No + Farc”, para ponerle un título, fue un rotundo éxito. Centenares de miles de colombianos en el país y en el exterior salieron a protestar contra el desgobierno y la manera como se conducen las negociaciones en Cuba. 


Fue una labor extremadamente difícil porque contó con todo tipo de triquiñuelas para evitar que se conociera la convocatoria, desde el silencio cómplice de ciertos medios de comunicación, que hicieron hasta lo imposible para evitar que el llamado se conociera, hasta la trama de descrédito que circuló en las redes sociales, con todo tipo de mentiras y de advertencias a los destinatarios sobre los peligros que correrían si se atrevían a aceptar la convocatoria. Se habló de que era una marcha contra la paz, convocada por la “extrema derecha” guerrerista, encarnada en el uribismo, como si no hubiese sido organizada por gentes de todas las condiciones sociales y políticas que están hartos de los desmanes y desmanejo de Santos, en las que, por supuesto, cabían, como no, los seguidores del expresidente.


En el colmo de la bellaquería se expandió el rumor de que el paro armado promovido por la bacrim conocida como los Úsuga antes de la marcha, era una muestra de la coordinación que existía entre ese grupo mafioso y criminal – que, entre otras cosas, tiene alianzas con las Farc en ciertos lugares de nuestra geografía- con los organizadores de la movilización, intentando vincular la legítima protesta popular con semejantes delincuentes.


La información del resultado de la jornada fue minimizada por los mismos medios, que, como Caracol radio, se atrevió a afirmar, contra toda evidencia, que en Medellín caminaban 500 personas en el momento en que más de 150.000 lo hacían; o cuando el domingo señalaban que algunos miles de personas se habían movilizado, tratando de mostrar fotografías que buscaban dar la impresión de escasa presencia de manifestantes. O como el reporte del presidente, ese sí publicado y destacado por los medios áulicos, que tasaba en 40.000 el número de manifestantes. O como la expresión de que Uribe es un tóxico para la democracia, utilizado por un caricaturista en un artículo. O como la reiteración de las Farc y algunos columnistas de que la marcha fue organizada por un contubernio entre el Centro Democrático y los paramilitares.


Fue alucinante. Eso no era información espontánea, aunque sesgada, sino el producto del trabajo planificado de mentes maquiavélicas expertas en propaganda negra y manipulación de masas, típico de servicios de inteligencia de dictaduras como las de Cuba y Venezuela y de sus filiales en Colombia. Y no crean que desvarío. En estos días se supo que la inteligencia cubana maneja las bases de datos de ciudadanos venezolana para la expedición de pasaportes y del censo electoral.


Pero el poder de esos medios y la infiltración de las redes sociales no pudieron detener el masivo repudio de los colombianos, que dejaron un claro mensaje a Santos, a su gobierno y a sus socios de esa guerrilla que está cogobernando el país, de que los ciudadanos estamos hartos no sólo de los “diálogos” sino de la politización de la justicia, de la inflación y el manejo, en general, de la economía, del colapso del sistema de salud, de la manera como conduce las relaciones internacionales, del desastre del sistema eléctrico, del aumento del desempleo y un largo etcétera. Y de paso, confirma el hecho político más importante que se quiere ocultar a toda costa: el creciente desprestigio de este gobierno, cuya cabeza, el presidente Santos, tiene, según la última encuesta una imagen favorable de apenas el 13%, porque se ha dedicado a entregarle el país a la guerrilla tratando de enterrar el estado democrático de derecho, y a destruir el tejido social y la economía de nuestra nación. Este hecho no puede ser ocultado ni ignorado. La gente se encargará de que esté en el centro de nuestro escenario político. Parece que comienzan a soplar buenos vientos desde las entrañas de la nación. 


Una nota final. La desaprobación a la manera como se inició la fase pública de las negociaciones con el Eln, en medio de atentados, asesinatos y plagios de civiles por parte de ese grupo, acompañado declaraciones desvergonzadas de que seguirá secuestrando, no alcanzaron a ser registradas en las consignas de las marchas porque el anuncio del inicio de las “conversaciones” se hizo un par de días antes, pero estoy seguro de que si se hubiese contado con el tiempo suficiente, las consignas contra ese adefesio hubiesen sido coreadas por los asistentes.