Editorial


El rezago de las v韈timas
8 de Abril de 2016


Surgen dolores por la inmoral insistencia de voceros p鷅licos, algunos religiosos, para que las v韈timas ofrezcan gratuitos y no rec韕rocos gestos de reconciliaci髇 hacia sus victimarios.

Como si la presentación oficial de la agenda e interlocutores de las conversaciones en procura del fin del conflicto armado con el Eln no exigieran cambios en quienes pretenden regresar a la sociedad, esa guerrilla hizo arrogante alarde de su poder armado. El miércoles, transportadores que cubrían el trayecto entre Quibdó y Pereira, sufrieron extorsión, el secuestro de dos personas, la destrucción de ocho vehículos que eran sus medios de trabajo, y una infame justificación de esos crímenes. Dicha postura fue recibida sin mayor crítica por una sociedad tan anestesiada por la infamia y la desprotección que no se atreve a exigir con total contundencia el rechazo a toda forma de violencia por quienes esperan ser reintegrados a su seno. 


La agresiva presentación del Eln no dista en gravedad, aunque sí en estilo, de la solapada presión de las Farc contra millones de empresarios y comerciantes, la mayoría pequeños, y habitantes del campo agredidos por extorsiones que se fundamentan en amenazas a sus vidas. Denunciadas por prestigiosos académicos como Eduardo Pizarro o Gustavo Duncan, las extorsiones de esa organización han sido relegadas al mismo segundo plano en el que se ha permitido mantener el equívoco y tibio acuerdo sobre la Jurisdicción especial para la paz y llevar el riesgo de que esa organización logre conservar las armas, al menos algunas, lo que pretende lograr con el pretexto de la presencia paramilitar, cuya diferencia con las bacrim que engrosan algunos de sus exmiembros no han precisado. En tanto el Estado, si se quiere con su apoyo internacional, es el único responsable de la protección de los ciudadanos, la sola idea de permitir “algunas” armas en manos de grupos desmovilizados, es iniciar el recorrido de la ruptura del pacto social, fundado en la garantía del respeto de todos a la vida y la garantía de que el Estado tendrá el monopolio de las armas, la fuerza y la justicia.


Las negociaciones en curso se realizan con organizaciones guerrilleras que han sido habilitadas como interlocutoras del Gobierno para negociar su reintegración a la sociedad, previo cumplimiento de responsabilidades con la dejación de armas, la restauración integral de las víctimas y la desmovilización. Para tal habilitación, el Estado renuncia a su legítimo derecho de combatirlas e imponer sanciones penales; a cambio de ello, reclama respeto por exigencias mínimas, cuyo cumplimiento permite a los beneficiarios demostrar voluntad y vocación de participar en la sociedad, acatando sus reglas de juego y ofreciendo respeto a quienes fueron dañados por la injustificable violencia que usaron. Ese reconocimiento existe, entonces cuando las organizaciones que buscan regresar a la sociedad de la que se excluyeron, admiten los daños que causaron, asumen las consecuencias que ello acarrea y conceden a sus víctimas el lugar de privilegio que merecen, en tanto ciudadanos despojados de sus derechos, la mayoría de las veces por daños a la vida, físicos, morales o económicos, irremediables, aunque sí reparables por voluntad del victimario, el Estado y la sociedad.


Después de años de negociación con las Farc y de generosa apertura hacia el Eln, persisten razonables dudas sobre el acuerdo de justicia, así como surgen dolores por la inmoral insistencia de voceros públicos, algunos religiosos, para que las víctimas ofrezcan gratuitos y no recíprocos gestos de reconciliación hacia sus victimarios, delincuentes contra las leyes colombianas y criminales para el mundo. Sin timidez ni respeto, los personeros del reclamo les exigen sumar al sacrificio ya realizado, su renuncia a los mínimos universalmente aceptados en la justicia transicional a cambio, se afirma, del fin de la violencia, que los hechos aquí enunciados muestran como lejana posibilidad. Las “víctimas de la violencia” serán protagonistas de la reunión que Gobierno y Congreso realizarán en Villavicencio, para escucharlas, según anuncio que presagia el despliegue retórico que les espera. Las del conflicto armado, en particular las de las Farc, lo serán el sábado, en la asamblea anual de su Federación, organismo que mantiene en alto las banderas por el respeto integral a sus derechos. Nos declaramos atentos a los encuentros, sus análisis y conclusiones.