Columnistas


Contra la inseguridad
Autor: Henry Horacio Chaves P.
8 de Abril de 2016


Como en otras oportunidades, la amenaza logró su cometido y el pánico cundió. El miedo hizo de las suyas en las vías, en muchas cabeceras municipales, en algunas veredas y aún en ciudades como Medellín.

@HenryHoracio


Como en otras oportunidades, la amenaza logró su cometido y el pánico cundió. El miedo hizo de las suyas en las vías, en muchas cabeceras municipales, en algunas veredas y aún en ciudades como Medellín. Unas acciones puntuales ayudaron a sembrar el temor, reforzando los mensajes que circularon en panfletos y por las redes sociales. Por eso, el gobernador Luis Pérez, que en principio desestimó el alcance de la amenaza, luego anunció que así como los medios electrónicos se han usado para llevarlas, se usarán también para rastrear a sus autores y para perseguir el crimen.


Mensajes de chat, cadenas de correos, mensajes en las redes sociales y cuantas más cosas estén al alcance de las autoridades, buscarán deshacer la madeja del terror para encontrar a sus autores. Una decisión que requerirá seguramente de un alto componente de inteligencia y de paciencia, pero también el respaldo del aparato judicial, porque no puede ser que las redes y nuevas autopistas sirvan a los bandidos pero no puedan ser usados para disuadirlos o castigarlos, según sea el caso. 


Esa pesquisa, si se hace con juicio, encontrará seguramente que muchas personas que nada tenían que ver con el origen de las amenazas ayudaron a difundirlas reenviándolas, con tono de advertencia, a sus amigos y familiares. Sin proponérselo, como en un cuento de Gabo, muchos ciudadanos terminaron amplificando el rumor de que “algo muy grave va a suceder en este pueblo”. Fue tal la circulación de los mensajes (viralización dicen los expertos), que el alcalde Federico Gutiérrez decidió atacar el mal con la misma estrategia:un mensaje suyo anduvo de chat en chat y de grupo en grupo desmintiendo la veracidad de las intimidaciones. 


Como en la triste quema de un bus alimentador del Metro, en las amenazas y rumores que hablan de catástrofes y miedos, los ciudadanos de bien debemos acompañar a las autoridades. No es posible que el silencio nos haga cómplices de quienes buscan oscuros intereses. Menos aún debemos ser cajas de resonancia para su intimidación. Cuanto menos compartamos ese tipo de mensajes, más difícil les será difundir su miedo. Más allá de las diferencias políticas o de estilo, el apoyo a la institucionalidad y el rechazo a toda forma de violencia, debe animar nuestro comportamiento cotidiano, en las calles y en las redes sociales.


Por esas calles y esas redes deambulan también los delincuentes que se camuflan para parecer amigos. Son los que queman vehículos, los que asesinan jóvenes y niños artistas en la comuna 13, los que nos quieren encerrar con miedo, los que afectan nuestra economía y amenazan nuestra vida. Son quienes han hecho revertir la tendencia de disminución de homicidios en Medellín y financian su accionar delictivo con el producto de las extorsiones.No podemos ni tolerarlos ni ignorarlos. 


Se hace preciso abrir las ventanas para hacerlos visibles, pero cerrarles la puerta a sus mensajes para no replicarlos.Además hay que exigirles a las autoridades que pasen de los anuncios y el ultimátum a las acciones coordinadas y efectivas. Porque más allá de la premura mediática, la lucha contra la inseguridad debe ser un asunto permanente y sistemático, de liderazgo y cooperación entre las autoridades, de mayores recursos técnicos y económicos, de mucho talento y sobre todo de férrea decisión. Más que fuerza en la voz, la defensa de la vida y de la propiedad demanda inteligencia.