Columnistas


Dos ponencias singulares en la Jornada Caldas
Autor: Dario Valencia Restrepo
6 de Abril de 2016


Estudiosos y asistentes han reconocido el alto nivel acad閙ico de la Tercera Jornada Caldas, llevada a cabo el pasado 31 de marzo en el Parque Explora.

Estudiosos y asistentes han reconocido el alto nivel académico de la Tercera Jornada Caldas, llevada a cabo el pasado 31 de marzo en el Parque Explora. No sería posible referirnos a cada una de las exposiciones que allí tuvieron lugar, pero conviene destacar dos ponencias al parecer sin precedente.


Andrés Ochoa Jaramillo presentó un análisis cuantitativo de los registros diarios de precipitación en Bogotá en el primer semestre 1808, efectuados por Caldas e incluidos en varios números del Semanario del Nuevo Reino de Granada de ese mismo año. Observa que en esos 182 días del semestre no falta ningún registro diario. Al comparar algunas características estadísticas de los registros de Caldas con los de 23 series de tiempo de lluvias diarias en Bogotá en el período de 1942 a 2014, obtiene una conclusión muy significativa: el régimen pluviométrico en la Bogotá de 1808 fue más húmedo que el promedio de los registros que se tienen del siglo XX. Dice Ochoa Jaramillo que Caldas ha sido estudiado desde la historia, la geografía, la botánica y la meteorología, en tanto que en su trabajo lo hace desde la hidroclimatología y que espera con ansias los enfoques desde la dendrocronología, la palinología y la pedología. 


Una importante afirmación de dicho autor es la siguiente: “El valor histórico de los registros de Caldas es indiscutible desde varios ángulos. El juicio en la descripción de los instrumentos, el cuidado en la medida, la descripción del estado del cielo a la manera de lo que hoy llamaríamos metadatos y la conciencia de la importancia de la repetición metódica y rutinaria. Es además de resaltar la visión de Caldas de la relevancia de la publicación de los datos y su trascendencia en la agricultura y la salud, y “otros objetos de igual importancia” que Caldas no precisa, pero que hoy podríamos listar como generación hidroeléctrica, transporte fluvial, terrestre y aéreo, prevención y mitigación de desastres naturales como crecientes, inundaciones, deslizamientos de tierra, incendios forestales, etc. Los datos de Caldas parecen ser los más antiguos, tomados de forma sistemática, que se tengan en Colombia. Posiblemente haya otros, del mismo Caldas, o de Mutis, o de otros. Es una tarea encontrarlos”.


Y concluye Ochoa Jaramillo con una hermosa cita premonitoria de Caldas, extraída del No. 7 del Semanario: “Qué bello espectáculo se presentaría al Filósofo, al Físico, al Estadista en un cuerpo de observaciones de la lluvia que cae en la extensión del Virreinato! Sabríamos si este meteoro es más abundante sobre la cima de los Andes o en los valles, qué ley sigue en su degradación o aumento, qué relación tiene con la masa total de las aguas que arrastran nuestros ríos, en una palabra, conoceríamos el carácter de nuestra atmósfera en esta parte, y podríamos compararla con la de Europa y las otras regiones del globo”.


Por su parte, el escritor Pablo Montoya se refirió a apartes de su novela histórica Los derrotados, publicada por Sílaba Editores, en la cual narra aspectos de la vida de Caldas con referencia especial a sus trabajos sobre botánica y a la participación en la lucha por la Independencia. Incluye un bello diario botánico del neogranadino que incluye días de  los años 1802, 1803 y 1805 para decirnos que el herbario es una de las formas del amor, que el botánico debe escribir primero sobre la belleza y que el herbolario siente a cada momento que la condición efímera de la flor es su verdad ineluctable. Y pone en boca de Caldas: “Somos una parte pequeña del universo y aunque gozamos de la razón, ella es insuficiente. Me protejo, sin embargo, en un deliquio que supongo nuevo, así sepa que se ha repetido en otros hombres. Pienso que debo superar tal desfallecimiento de la perseverancia de la razón. ¿Qué es el conocimiento ante la inmensa presencia de una naturaleza escurridiza? Solo una luz que cualquier circunstancia apaga. Pero yo, repito, sabiendo esta condición, me sobrepongo y escribo en este diario: el camino para salir del laberinto en que me han cercado las plantas es recoger, describir, diseñar aquello que mi precariedad pueda observar”.


Dice Montoya a propósito de su obra que “La novela gira en torno a la relación entre el científico, el artista o el escritor y la militancia revolucionaria en Colombia. Por un lado, aborda la vida de Caldas para resaltar su lado naturalista y criticar su vínculo político y militar. Y, por el otro, relata los avatares de tres jóvenes antioqueños que se vinculan de un modo u otro con la guerrilla del Ejército Popular de Liberación (Epl). La unión entre ambos tiempos (finales del siglo XVIII y principios del XIX con las últimas décadas del siglo XX y primeros años del XXI) se logra a través de diferentes técnicas narrativas que acuden al formato biográfico, al apunte ensayístico y a los juegos de las focalizaciones. El lector es sometido a un vaivén de eventos y problemáticas que, me parece, hacen de la lectura de Los derrotados una experiencia literaria llena de guiños intertextuales, donde diferentes anacronismos tienen su papel lúdico y en la que la autoficción posee un espacio bastante activo”.