Columnistas


Playboy desnuda la crisis
Autor: Rubén Darío Barrientos
31 de Marzo de 2016


En su última publicación de marzo (ya es bimestral), la revista Playboy cumplió su promesa: no salieron más mujeres desnudas.

En su última publicación de marzo (ya es bimestral), la revista Playboy cumplió su promesa: no salieron más mujeres desnudas. Según su tambor mayor, ello es el reflejo de la llegada de la sensualidad para rezagar la sexualidad. Sus frondosas ventas, ya son un simple recuerdo: pasar de seis millones de desarropados ejemplares a ochocientos mil, no es nada distinto a desnudar su propia crisis. Se le quiere apostar a un público lascivo de entre 18 y 35 años. Para mí, subyace un error garrafal en la estrategia. Ver mujeres ligeras de atuendos, no ha tenido edad ni la tendrá. Ese era su producto magno y gancho. La conjetura añosa es el yerro. 


Ahora el nuevo señuelo son sus artículos y crónicas (tipo Soho), adornados con fotografías insinuantes nada más. Confieso que nunca he comprado esta revista. Ni tampoco su competidora Penthouse. Mucho menos las revistas suecas (bastante excedidas y prosaicas), que en mis años mozos destilaban morbo subido. Pero no puedo negar que todas éstas, fueron hojeadas gratuitamente y de manera comunitaria cuando era estudiante de años postreros del bachillerato. En clases tediosas, cruzaban de pupitre en pupitre, hasta completar la excitante ronda general de educandos.


Tuve un fofo compañero de trabajo que agolpaba en los cajones docenas de revistas Playboy. Se achantaba cuando lo seguían con la mirada y sabía regresarlas a su morada, sin que lo pescaran in fraganti. El actual imán de mercadeo de Playboy, garantiza que en sus páginas desfilarán mujeres provocativas porque “los desnudos ya están superados”. Según su editor, internet está lleno de pornografía y para ellos es un competidor temible. Por eso hicieron el quiebre. Y se dieron la pela.


Históricamente, la revista inicia actividades en 1953 en Chicago, cuando Hugh Hefner logra reunir con unos amigos inversionistas la suma de US $600. En la primera edición, se roba la portada Marilyn Monroe y se venden 50.000 números. Animado por los resultados, a partir del segundo ejemplar, se dio el diseño del inmortal logo de un conejo con una corbata. Hogaño, están pidiendo por los derechos de la revista la friolera de US $500 millones. Ya se había vendido la mansión del magnate Hefner en US $200 millones. Se buscan soluciones redentoras…


El nombre de pila la revista no era Playboy sino Stag Party (despedida de soltero), pero no se utilizó efectivamente por asuntos de colisiones de propiedad intelectual. Y su primer número costó 50 centavos de dólar. El record de ventas se situó en 7.2 millones de ejemplares y es Pamela Anderson la fémina que más ha aparecido en su portada (13 veces). Curiosamente, la revista que es mirada en el mundo en un 40% por mujeres, siempre ha estado vetada en Singapur. El año pasado perdió US$8,7 millones y cada anualidad viene cayendo en ventas en un 5%. En pleno descalabro, acaba de prescindir de 100 empleos directos y su estructura de costos viene siendo adelgazada en US$12 millones. También cerró sus oficinas en Nueva York y ya se edita en Chicago. La hecatombe se cierne.


Para mí era impensable que esta revista tuviera siquiera un bajón en sus ventas, todo porque el sexo vende y revende. Pero veo que no hay nada eterno. Finalmente, las redes sociales atentaron contra su estabilidad y las webs de pornografía, que son gratuitas, arruinaron su potencia para llegar a tantos ojos ávidos de sexo, al menos en la retina. Yo nunca hubiera cambiado el formato, pero fue capricho de los lujuriosos dueños. Raro ver lo pornográfico sucumbir ante la mirada vulgar de los terráqueos. Lamento que su objeto social se ponga ropa. Ligerita era su punto de atracción y embeleso.