Columnistas

Hamlet, Fausto y la democracia Colombiana
Autor: David Roll
31 de Marzo de 2016


“Como colombiano y paisa, uno no deja de pensar que a finales de los ochenta nos sentíamos como Hamlet”.

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Hamlet se pregunta, en la ingeniosísima versión semimusical danesa (con genial banda inglesa) del festival de teatro de Bogotá, como debe comportarse un hombre de temple: “(…) ¿Soportará con resignación los rudos golpes del destino o luchará a brazo partido contra el diluvio de desgracias y haciéndoles frente acabará con ellas?”. Fausto, en la original presentación en blanco y negro eslovena, con el escenario inundado y la serpiente del génesis revivida en intrigante conspiradora, se revuelve atormentado entre el nihilismo escéptico y una minúscula esperanza. Boris Godunov, en la impecable obra rusa de este clásico de Musorgskí en opera, no puede disfrutar de su gran poder por los remordimientos de infanticidio que al trono lo llevaron. Como colombiano y paisa, uno no deja de pensar que a finales de los ochenta nos sentíamos como Hamlet; que luego le vendimos el alma al diablo con nuestro silencio frente al paramilitarismo, como Fausto; y que en el posconflicto siempre viviremos como Gudonov, habiendo accedido en nuestro caso al fin a una democracia sin ejércitos paralelos pero sin poder olvidar nunca todo lo terrible que pasó en las anteriores décadas y como de alguna manera fuimos indiferentes a ello. Pero siendo sincero, lo que más ocupaba mi mente era la pregunta de por qué un festival financiado con dinero público y donaciones privadas, y unas obras de teatro como éstas presentadas en salas de cajas de compensación (Colsubsidio), o construidas gracias donaciones de multimillonarios, el Teatro Mayor Julio Mario Santodomingo, las boletas más baratas costaban 85 mil pesos. ¿entrar o no entrar? Era un dilema para muy pocos de nosotros: He ahí el problema.


*Profesor Titular Universidad Nacional