Editorial


Derroche de vidas y de alimentos
30 de Marzo de 2016


Porque es posible reducir las p閞didas de vidas y de comida, estos hechos claman por la formaci髇 de un sistema nacional de seguridad alimentaria.

La muerte, el Domingo de Resurrección, de cinco niños Wayúu aumentó a 26 las vidas infantiles perdidas por esa etnia durante los 90 días de 2016. Esas son vidas que, para pasmo de la opinión que reclama su protección, dejaron de salvar los responsables del sistema de protección a la niñez, a pesar de visitas de altos funcionarios que se proclaman comprometidos a cumplir con las medidas cautelares dictadas por la Cidh. Mientras el hambre arrecia en territorios periféricos del país, Planeación Nacional ha denunciado que cada año se desperdician o pierden 9,76 millones de toneladas de alimentos.


Los niños y madres afectados por desnutrición y los alimentos no consumidos a causa de prácticas o costumbres modificables, están en los puntos extremos de la desorganizada cadena de producción, distribución, transformación y entrega de alimentos en Colombia. Porque es posible reducir las pérdidas de vidas y de comida, estos hechos claman al Congreso y al Gobierno, hasta ahora tibios en la conformación de un sistema nacional de seguridad alimentaria que organice el manejo de alimentos y la protección de los habitantes en riesgo, actividades que, con algunas excepciones, se han dejado a cargo de respetadas ONG, como los bancos de alimentos.


Con el estudio Pérdidas y desperdicio de alimentos en Colombia, el país se suma a la FAO y ONG como Oxfam, la Cruzada contra el hambre y el Consenso de Copenhague, para estudiar y proponer acciones que contengan el malgasto de la tercera parte de alimentos agropecuarios producidos y garanticen el acceso de los hambrientos a la comida que los salvaría. Gracias a la comparación, se entienden las diferencias de Colombia y el primer mundo a propósito de la cantidad de alimentos derrochados, el proceso en que se produce la pérdida y los productos desperdiciados. Mientras en Europa y Estados Unidos la cantidad de alimentos derrochada oscila entre 95 y 115 kilos anuales por persona, y en África o Asia Meridional es de diez kilos per cápita, en Colombia se ha establecido una tasa de desperdicio de 65 kilos por persona. En estudio realizado en 2011, cuando inició sus intervenciones contra el desecho de alimentos, la FAO identificó que en el mundo desarrollado hay equilibrio entre la pérdida de alimentos (aquella que ocurre durante la producción y la pos-cosecha) y el desperdicio (la que sucede en el comercio minorista y en malgasto de los consumidores). En Colombia en cambio,  ratificando lo que señala el análisis sobre la mayor pérdida en las etapas de producción y pos-cosecha, atribuibles a incapacidades e ineficiencias de productores y medios de transporte, Planeación Nacional identificó que el 22% de la producción agrícola colombiana se pierde, mientras que el 12% de los alimentos entregados al comercio o el consumidor, se desperdician, ese 34% de alimentos no utilizados iguala al país con los promedios mundiales de derroche del 33% de la producción alimentaria. Por otra parte, aunque el país coincide con los desarrollados en que los alimentos que más se botan son hortalizas y frutas, en Colombia estos representan el 58% de los no consumidos, mientras en Europa y Estados Unidos se pierde el 45% de estos grupos alimenticios.


La pérdida o desperdicio de alimentos es una vergüenza para el mundo. Lo es mayor para Colombia, donde cada dos días fallece un niño por causas asociadas a la desnutrición y se pierde la tercera parte de la producción agropecuaria, a pesar de que se han ideado y ejecutado iniciativas de gran valor cívico, y se han desarrollado exitosas estrategias públicas comprometidas con el combate al hambre, entre ellas la estrategia Maná, diseñada en el año 2001 por Guillermo Gaviria Correa para evitar que cada dos días muriera un niño antioqueño por desnutrición y desarrollada por sucesivos gobiernos que condujeron a que en 2014 las muertes infantiles por hambre fueran nueve. El modelo podría ser replicado en Colombia, si así lo quiere la Cámara de Representantes, a cuyo estudio se encuentra el proyecto de Ley que crea el Sistema nacional de seguridad alimentaria y nutricional y da enfoque integral a una necesidad común.