Columnistas


Una limosnita para Santos
Autor: José Alvear Sanin
30 de Marzo de 2016


En estos días cuaresmales tiene especial significación el tema de la limosna. Por lo pronto, nunca debe ofender a quien la recibe y el donante no debe vanagloriarse de su pequeña o gran generosidad.

En estos días cuaresmales tiene especial significación el tema de la limosna. Por lo pronto, nunca debe ofender a quien la recibe y el donante no debe vanagloriarse de su pequeña o gran generosidad. 


Para un gran país, como Colombia, cuyo PIB se calcula en US $335 billones y cuyo presupuesto se acerca a US $70 billones, recibir una donación de US $8.4 millones, condicionados además, constituye una humillante limosnita, miserable e innecesaria. 


La celebración de esa minichichigua ocupó amplio espacio en los medios. Pardo Parra la recibió de la baronesa Anelay of Saint John´s, viceministra del Foreign Office, conocida por haber disimulado la gravedad de la tortura en Arabia Saudita, para no perjudicar la venta de armamentos a ese país y por su oposición a la recepción de refugiados del Medio Oriente. 


De paso por Bogotá, la subalterna británica ofreció esa suma exhibiendo en el acto un desconocimiento de Colombia similar al que nuestro ministro del posconflicto tiene del Reino Unido. El Dr. Pardo, a continuación, felicitó al gobierno de Su Majestad por haber “liderado” un exitoso posconflicto en Irlanda del Norte. Allá no se entregaron territorios, y se preservaron tanto el estado de derecho como el modelo económico. El conflicto irlandés es ancestral, étnico, regional y religioso, sin parecido alguno con la subversión en Colombia, rechazada por la inmensa mayoría de los ciudadanos, mientras el Ira, abominable desde luego, no era narcoterrorista y representaba el sentir de cerca del 40% de la población en los seis condados del Ulster, de sentimiento republicano y que desean la anexión a Dublín. 


Además de su monto miserable, esta donación no será recibida por el gobierno colombiano, sino que irá a un dizque Fondo Multidonantes de la ONU, y a otro parecido de la UE, destinados para nuestro “posconflicto”.


Ahora bien, si vamos a cifras, además de infinitas gabelas el gobierno ha prometido a las Farc la gestión de un fondo para la paz de 12 billones de pesos anuales (unos US $4 billones), fondo que los congresistas propusieron, en sesión del 10 de febrero del presente año, elevar a 16 billones de pesos, de tal manera que la ridícula limosnita británica para el Dr. Santos solo sirve para efectos propagandísticos en la prensa embadurnada de mermelada.


Otra cosa es que un presupuesto con un déficit de 30 billones de pesos no puede aumentarlo a 42 o  46 billones de pesos, para complacer a las Farc, a menos que se quiera entrar de lleno en la hiperinflación que requieren las revoluciones para justificar la represión de los pueblos desesperados, desde la Revolución Francesa con los funestos assignats.


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Después de tres días midiéndole el aceite a Obama, ¡cómo serían las carcajadas de Raúl y Timochenko!