Columnistas


Arriba los corazones
Autor: Alvaro T. López
23 de Marzo de 2016


Semana Santa conmemora la vida de uno de los grandes líderes de la humanidad; el hombre que con su divina historia bautizó, organizó y ha mantenido una de las organizaciones más grandes y poderosas, si no la más, organizaciones del mundo.

Semana Santa conmemora la vida de uno de los grandes líderes de la humanidad; el hombre que con su divina historia bautizó, organizó y ha mantenido una de las organizaciones más grandes y poderosas, si no la más, organizaciones del mundo, no solo por su dimensión religiosa, porque también ha sido su importancia política tan importante como para influir en las grandes realidades de la historia del hombre. Su poder económico no ha sido despreciable y, aunque le ha servido para mantener vigente la ideología de su providencial inspirador, también ha servido para despertar avaricias de algunos de sus propios ministros y de terceros inescrupulosos que no dudan en auto desprestigiarse, para obtener dividendos de sus propias miserias.


La Iglesia ha sido vilipendiada y atacada desde adentro y desde afuera. Debe tener muchos problemas intestinos, como las tendría cualquier organización guiada y conformada por seres humanos, pero su historia de asistencia y consuelo, ha sido verdaderamente redentora para muchas comunidades que no cuentan con más. Su papel como mediadora en conflictos, honra la memoria de aquel que entregó su vida por la redención de sus congéneres. Y no siempre lo ha hecho para defender solo a los católicos, pues hay casos ejemplares de monjas y sacerdotes, aun de jerarcas de muy alto nivel, que han ayudado a etnias y credos que históricamente han antagonizado, aun con la naturaleza divina de N.S. Jesucristo, a huir y salvarse de la barbarie de la guerra.


Todo se fundamenta en la piedra angular del pensamiento cristiano  que es el amor: el amor a Dios que es el amor a nosotros mismos, y el amor al prójimo que es la quintaesencia de la paz entre los hombres, pues constituye respeto por la persona y los derechos de los otros, la tolerancia de las preferencias religiosas, políticas, sexuales e intelectuales del hermano; también es de cristianos la actitud permanente de perdón de las pequeñas ofensas, y el sometimiento a la Justicia de las faltas graves que atentan contra la organización social misma. Es la dimensión del hombre social, del integrante de las comunidades y países, la que pesa sobre las pequeñeces y ruindades de las personales retaliaciones que no dejan vivir en paz. Los odios sin razones y las envidias, son malas para todos.


Es época de reflexión y de perdón. Colombia está inmersa en un proceso de reconciliación con la guerrilla, para lo cual se necesita decisión de convivir en paz. No importa si los guerrilleros firman o no el documento que negocian con el Gobierno. Necesitamos iniciar el proceso del posconflicto desde nuestros propios intereses, anteponiendo el bien imponderable de la paz. Nuestros verdaderos enemigos, son nuestras propias voracidades, los desmedidos apetitos por el dinero y la figuración, que nos llevan a pisotear la honra y persona de los demás, y a aceptar como buenas las prácticas mafiosas y la corrupción. Cuando dispongamos la mente y el alma para la consecución de la paz, estaremos construyendo un buen país, con o sin la participación guerrillera.