Columnistas


Vivir en un pueblo
Autor: Dario Ruiz Gómez
14 de Marzo de 2016


Desde el siglo XIX se habló de la llamada aldea planetaria como la necesidad de rescatar una raíz necesaria de la experiencia humana pero abriéndose a lo universal.

Desde el siglo XIX se habló de la llamada aldea planetaria como la necesidad de rescatar una raíz necesaria de la experiencia humana pero abriéndose a lo universal. Goethe, Flaubert o Tomás Carrasquilla se adentraron en los márgenes de vida aldeana  para sacar a flote taras morales, deslealtades,  humillaciones, falsas aristocracias y sobre todo el espeso y deprimente aire de unas vidas signadas por la carencia de horizontes vitales. Buscar que aquellos postrados villorrios se transformaran en una aldea global consistía en, mediante la educación,  vencer prejuicios,  sacar a la justicia de la manipulación de caciques políticos  dueños de vidas y haciendas, para conectar a esas aldeas con el resto del mundo y al hacerlo contar con valores esenciales  como la libertad, el respeto a la vida, escapar de la ignorancia, al sordo alcoholismo, a la ruindad  de los prejuicios. Lo que llamamos modernidad fue ante todo este propósito que el oscurantismo negó despiadadamente hasta frustrarlo. ¿La supuesta globalización que supuso el internet ha sacado a nuestras provincias de la opresión de la ignorancia, de la lacra que supone el desempleo y le ha dado a jóvenes y adultos un nuevo horizonte para escapar del vicio y la delincuencia? Necesariamente debo hacerme estas preguntas ante el acelerado proceso de transformación de la región de Oriente a  causa del desplazamiento de gentes que han decidido escapar de la desaforada irracionalidad que ha tomado la vida de Medellín y su penosa movilidad, la contaminación ambiental, la inseguridad. Un municipio como El Retiro ha duplicado su población en los últimos cinco años debido a un auge de oferta de vivienda  lo que ha llevado a que un municipio que tenía una vocación agrícola hoy en su Plan de Ordenamiento estas áreas sean escasas, las veredas estén altamente parceladas y los campesinos desalojados. La juventud carece de horizontes y el vicio y el alcoholismo se ensañan con ella. La cultura desde luego no está incluida en ningún plan de desarrollo y la corrupción ha imperado mostrando en el día de hoy un contraste doloroso entre esta nueva realidad dominada por el impacto de lo urbano, contando con la presencia de unos nuevos  habitantes  que  duplican en número de contribuyentes a la población nativa y que sin embargo no tienen  representación en la estructura de gobierno ya que los grupos políticos  a pesar de ser una minoría continúan  determinando a su capricho los rumbos que deben marcar la vida municipal, lo que deja a la deriva la complejidad que  ha implicado  esta transformación, inevitable por demás y en la cual la presencia de Cornare ha sido totalmente ineficaz.  ¿Puede darse mayor afrenta que ver como se dejó morir el río Rionegro, un valor paisajístico estructural necesario? ¿Puede verse mayor afrenta que ver convertido en una excrecencia urbana  el Centro Histórico de Rionegro?  La equivocada norma de corredores mixtos  destruyó los valores paisajísticos de la autopista y condujo a la tugurización de la actual vía de Llano Grande, de la glorieta del aeropuerto con improvisados y hechizos  parqueaderos.


Este desfase entre la complejidad  que conlleva la planificación territorial, la configuración de los distintos usos, incorporación de  los nuevos ciudadanos de las unidades residenciales, defensa de la población nativa, frente a obsoletas  estructuras de gobierno municipal dominada por la  politiquería, se da igualmente  en el resto de municipios de esta región. Crear un Área Metropolitana no consiste solamente en dar paso a una estructura vial, a una nueva burocracia,  sino que debe ser ante todo  un  proyecto integral que permita renovar las postradas vidas municipales mediante nuevos  contenidos  de vida, preservando a la ciudadanía  frente a la delincuencia, equilibrando lo urbano y lo rural, integrando lo nuevo con la tradición viva.