Columnistas


¿Perseguidos?
Autor: Jaime A. Fajardo Landaeta
12 de Marzo de 2016


Abusaron del poder cuando lo tuvieron, impusieron una política de terror y exterminio con el pretexto de luchar contra la subversión y sus aliados.

Abusaron del poder cuando lo tuvieron, impusieron una política de terror y exterminio con el pretexto de luchar contra la subversión y sus aliados, participaron activa o indirectamente en la muerte de defensores de DD. HH. y de miembros de la oposición en nombre de la seguridad, incluidos los falsos positivos. Además, patrocinaron masacres y otros excesos contra la población civil, dejando a diestra y siniestra víctimas ajenas a los grupos ilegales. Pero hoy, cuando la Justicia los toca, se declaran víctimas del terrorismo y de las negociaciones de La Habana, y llaman a sublevarse contra el orden establecido.


Más les convendría prepararse para ayudar a esclarecer la verdad histórica en relación con el conflicto armado y con la obsesión por perpetuarse en el poder a toda costa, antes que esconderse en convocatorias a la calle y en equívocos señalamientos.


Ahora bien, la justicia transicional es una oportunidad que les conviene, antes de que sus propios amigos de tropelías los traicionen y los conduzcan ante los tribunales. Pero prefieren asumir el papel de perseguidos políticos, para machacar el discurso de que el país va hacia el castrochavismo, que las Farc han conseguido en las negociaciones lo que no pudieron por las armas. Urden así un tejido de falacias para tapar sus responsabilidades. Incluso impiden que se conozca qué pasó con algunos amigos de andanzas que aparecieron asesinados, como quien manda a callar a testigos incómodos.


No quieren que trascienda tampoco la manera como celebraban en los principales clubes de Medellín la salida de las Farc de determinados territorios, porque habían logrado acabar con su brazo político, la UP, con defensores de DD. HH. y otras expresiones democráticas. Dieron vida legal a las llamadas “convivir” para entregarlas luego a los paramilitares y propiciar las más variadas manifestaciones de barbarie, mientras les garantizaban solidez a sus negocios.


Ahora pretenden convencernos de que existe una persecución sistemática contra su grupo y familiares por el hecho de ejercitar la oposición política, pero olvidan que cuando estaban en el poder todo dirigente que pudiera representar un obstáculo era objeto de continua persecución. Que los colombianos no olvidemos las chuzadas telefónicas ilegales que hacía el DAS, los acuerdos con los paramilitares para desprestigiar la Corte Suprema de Justicia, la muerte de activistas de los derechos humanos, las maniobras para involucrar a dirigentes opositores en supuestas violaciones a la ley y de acciones de apoyo al terrorismo.


En el fondo tienen miedo de que sean llamados a rendir cuentas por sus actos. Se oponen a la paz porque son los principales responsables de la guerra; cualquier equívoco o gesto de arrogancia de las Farc se utiliza para amplificar la retahíla contra la negociación. Ojalá que no puedan cristalizar sus pretensiones, como ocurrió con los hechos del Palacio de Justicia que llevaron a la ruptura del proceso de paz en la época de Belisario Betancur.


Santiago Uribe no está detenido por ser hermano de Álvaro Uribe sino porque la justicia nuestra, siempre lenta, dispone de suficientes pruebas para pedir que sea llevado a juicio por sus acciones pasadas. Si quienes lo respaldan a troche y moche van a salir a la calle, que lo hagan, pero que en lugar de pedir la renuncia del presidente, que en sus pancartas pueda leerse la verdad que eluden y la urgente petición de perdón a sus víctimas.