Columnistas

Van por Uribe
7 de Marzo de 2016


La detención de Santiago Uribe Velez es un globo de ensayo, para medir la reacción de la opinión, tomarle el pulso a Colombia y distraernos cuando se necesita la máxima concentración para saber qué se firma realmente en La Habana.

Diana Sofía Giraldo


La detención de Santiago Uribe Velez es un globo de ensayo, para medir la reacción de la opinión, tomarle el pulso a Colombia y distraernos cuando se necesita la máxima concentración para saber qué se firma realmente en La Habana.


Debo reconocer que cuando escuché decir por primera vez que la Izquierda Internacional no descansaría en su obsesión de extraditar al presidente Uribe, me parecía descabellado y desfasado.


Lo mismo me sucedía al oír “voces alarmistas” que anunciaban los riesgos de contagio del socialismo del siglo XXI. Las prevenciones sonaban exageradas y algunas caricaturescas. Nos afirmaban, entonces, que eran fabricaciones de “la derecha” para asustarnos, y de puros ingenuos creímos esa explicación.


Ahora es claro que la captura de Santiago Uribe es parte de un plan sistemático, que cumple varios propósitos:


1. Distraer el frente interno mientras se firma el acuerdo sobre justicia, así sea lo único que se firme. Será el triunfo histórico de las Farc. A partir de ese momento podrán proclamar a los cuatro vientos lo que repiten en privado: “la sacamos del estadio”


2. Esta operación distractora se asemeja a la incursión proselitista armada en Fonseca, corregimiento de El Conejo, que fue provocadora, escandalosa, retadora, diseñada para entretener el frente interno y sostener con el Gobierno un pulso que lo mantenga temeroso de poner en riesgo la foto de la firma de la “paz”, que se tomaría utilizando la presencia del presidente Obama en Cuba, ya que no la lograron con el Papa Francisco, durante su visita a la isla.


3.- Tener en jaque al expresidente Uribe, tratando de ocuparlo en su propia supervivencia y la de su familia, mientras le hacen creer en el espejismo de una Asamblea Constituyente. 


Van por él. Hay que creerle a Diosdado Cabello y al abogado de las Farc, Enrique Santiago, quienes, en declaraciones dadas a lo largo del proceso, siempre han dicho que no hay inmunidad para los expresidentes y que van por Uribe.


4. Empujar a uribistas y militares hacia la jurisdicción especial para la paz, arrinconándolos, para no dejarles ninguna otra salida. La presión mediante persuasivas visitas a militares presos y a los exministros de Uribe para que usen esa jurisdicción, confirman el temor del exministro Jaime Castro. No es la jurisdicción con minúscula. ES LA JURISDICCIÓN. Y a unas personas encarceladas, varias injustamente ¿cómo pedirles que se sacrifiquen para salvar, si acaso, las instituciones y la democracia?


Los gobiernistas a ultranza y la mayoría de los medios parecen haber perdido la razón, en cuanto a la gradualidad de las penas y a la gravedad de los delitos. Ahora todos los crímenes son iguales. Parece que fuera más grave una supuesta “recomendación” burocrática del exministro Diego Palacio que el bombazo al Nogal o los cilindros de gas que destrozaron a los refugiados en la iglesia de Bojayá. 


5. La entrada en vigencia del revanchismo. Porque si esto sucede antes de firmar el acuerdo ¿qué vendrá cuando entre en funciones un tribunal elegido con el guiño de las Farc? Comienzan con Uribe pero las cosas no paran ahí. Sigue Samper. Y después Santos. Y terminaran desenterrando mandatarios   para juzgar sus restos en una locura de venganzas retroactivas Entonces no tendremos ni siquiera la paz de los sepulcros.