Columnistas


Alexander von Humboldt
Autor: Dario Valencia Restrepo
7 de Marzo de 2016


Andrea Wulf siguió los caminos de Humboldt, ascendió el Chimborazo, un volcán muy importante para aquel, escudriñó archivos en América y Europa, leyó muchas de las más de 50.000 cartas que escribió el prusiano y de las más del doble que recibió.

Andrea Wulf siguió los caminos de Humboldt, ascendió el Chimborazo, un volcán muy importante para aquel, escudriñó archivos en América y Europa, leyó muchas de las más de 50.000 cartas que escribió el prusiano y de las más del doble que recibió, analizó buena parte de la inmensa obra del naturalista publicada en alemán e inglés y pudo ver los libros de Humboldt que Darwin tuvo al pie de su hamaca en el Beagle y que están llenos de anotaciones personales. El autor de la teoría de la evolución diría que nunca nada estimuló más sus ansias de conocimiento que cuando leyó la narrativa personal de Humboldt y que él no se habría embarcado en el Beagle ni concebido el libro Origen de las especies sin la influencia de aquel.


Pero cuando Wulf abrió las cajas de Humboldt con miles de notas, dibujos y datos, pudo por fin entender el trabajo mental del gran naturalista y cómo este imaginaba la tierra como un gran organismo viviente en el que todo está interconectado, una anticipación que ha influido, aunque no lo sepamos, en nuestra visión actual de la naturaleza. Él nos mostró que en lo alto del Chimborazo existían plantas similares a las que él había coleccionado en montañas de Suiza, y también líquenes que le recordaban los del círculo ártico y Laponia. Fue el fundador de la fitogeografía, o geografía de las plantas, presentada en su primera publicación al regresar a Europa después de sus cinco años y más de diez mil kilómetros de viaje por América. Allí nos muestra la variación de especies con la altitud y el clima, un concepto que prefigura las zonas de vida de la actual ecología.


Lo anterior es una mínima introducción al maravilloso libro de Wulf titulado The Invention of Nature. Alexander von Humboldt’s New World, bellamente publicado en 473 páginas por la clásica editorial Alfred A. Knopf. Allí aparece en toda su grandeza el príncipe de los viajeros científicos, explorador sin pausa por toda clase de territorios, incluso los más inclementes, conversador sin límite que asombró a sus contemporáneos con información real y no fantástica de las regiones ecuatoriales. Bolívar lo llamaría el descubridor del Nuevo Mundo y Goethe diría que pasar unos pocos días con Humboldt era como haber vivido varios años.


El arrojo de Humboldt y su acompañante Aimé Bonpland, también explorador y botánico, queda caracterizado si se describe el extenuante viaje de seis meses, lleno de penalidades y peligros, realizado hacia principios de 1800. Salieron de Caracas, cruzaron los interminables llanos en medio de una intensa sequía y se internaron en el bosque húmedo tropical que los llevaría hasta el Orinoco, con el fin de verificar lo que era conocido por algunos: las dos grandes cuencas del Orinoco y el Amazonas están conectadas por corrientes de agua.


En ese viaje, al recorrer los valles de Aragua, en la cercanía del lago Valencia, Humboldt observó los estragos de la deforestación, similar a la de lugares europeos, e intuyó el cambio climático inducido por los seres humanos y el perjuicio causado a las futuras generaciones. Señaló la modificación del régimen de los ríos, la disminución de la infiltración en el suelo y la pérdida de este por arrastre durante los días de fuerte precipitación. Pudo ser el primero en entender el significado del bosque para el clima y los ecosistemas.


Prefirió pasar mucho tiempo en París y no en Berlín porque allí se encontraba nada menos que la “Académie des sciences”, lo cual llevó a que algunos compatriotas lo llamaran traidor y franceses lo tildaran de espía. Fue tan conocido en su tiempo que en Europa lo consideraban la persona más famosa después de Napoleón. Y por supuesto, se dio el encuentro entre el poder y la ciencia. Presentado Humboldt a Napoleón, este lo saludó así: “Me han dicho que usted colecciona plantas... También lo hace mi mujer.” Wulf piensa que al emperador no le hizo mucha gracia que el libro de Humboldt Viaje a las regiones equinocciales del nuevo continente mostrara que su autor había logrado más que el estudio en 33 volúmenes Description de l Égypte, compilado por los 200 científicos que acompañaron las tropas napoleónicas durante su invasión a Egipto en 1798.


La enorme influencia de Humboldt sobre toda clase de personalidades fue detallada en dos libros editados por los profesores Rex Clark y Oliver Lubrich: Transatlantic Echoes. Alexander von Humboldt in World Literature y Cosmos and Colonialism. Alexander von Humboldt in Cultural Criticism.