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Colombia gatea con dificultad
Autor: Guillermo Maya Muñoz
29 de Febrero de 2016


Los países avanzados o desarrolladlos, como EEUU, la Unión Europea, Japón, etc, están haciendo la cuarta revolución industrial.

Los países avanzados o desarrolladlos, como EEUU, la Unión Europea, Japón, etc, están haciendo la cuarta revolución industrial, basada en la inteligencia artificial, incorporada en las tecnologías de la información y comunicación, robots, algoritmos, etc.


Sin embargo, esta revolución tecnológica está llevando, al unísono con la política de austeridad fiscal que elimina los aspectos positivos del estado de bienestar keynesiano, al incremento de la desigualdad de ingresos, de riqueza, y al incremento del desempleo es estos países, tanto cíclico, determinado por las variaciones en la demanda, como estructural, determinado por el cambio tecnológico. 


En este sentido, New Reddit Journal of Science le preguntó al físico, famoso por su teoría sobre los agujeros negros, Stephen Hawking: “¿Qué hacer frente al cambio tecnológico? ¿Ha pensado en la posibilidad de desempleo tecnológico, donde desarrollamos procesos automatizados, que en última instancia causan gran desempleo mediante la realización de los trabajos más rápido y / o más baratos de lo que la gente puede realizarlos? (...) En particular, ¿prevé un mundo donde la gente trabaja menos porque mucho trabajo será automatizado? ¿Cree que la gente siempre encontrará ya sea más trabajo o más manufacturas por hacer?”.


Hawkins, aunque no es economista ni político, respondió con sentido común: “Si las máquinas producen todo lo que necesitamos, el resultado dependerá de cómo se distribuyen las cosas. Todo el mundo puede disfrutar de una vida de lujo ocioso si la riqueza producida por la máquina es compartida, o la mayoría de la gente puede acabar miserablemente pobre si los propietarios de las máquinas cabildean con éxito contra la redistribución de la riqueza. Hasta ahora, la tendencia parece ser hacia la segunda opción, con la tecnología dirigiendo a cada vez mayor desigualdad”.


La evidencia está confirmando el escenario de Stephen Hawking: Más automatización, menos empleos y más desigualdad.


Por otro lado, en los países subdesarrollados como el nuestro, los problemas del desempleo y la concentración del ingreso son aún más dramáticos, dado que el salario mínimo colombiano es el 80% del salario promedio y existe una fuerte y alta informalidad laboral, cercana al 50%, confirmada por la baja tasa de trabajadores que contribuyen con aportes a la seguridad social. 


Además, mientras las TICS se aplican en muchos de los procesos empresariales y productivos, con un valor agregado local bajo -en esta clase de innovación somos consumidores y no productores de tecnología-, la economía colombiana todavía no se ha apropiado plenamente de la segunda revolución industrial, basada en la energía eléctrica y los procesos fordistas de producción en masa. Al contrario, existe un proceso de desindustrialización prematura, cuyos trabajos han sido reemplazados por los del sector de servicios, y mal pagos. 


Es decir, que sin haber alcanzado la manufactura industrial una participación del 35-45% en el PIB y un porcentaje similar en el empleo, como sucedió en los países desarrollados, la participación apenas si llega al 10-12%, mientras la participación financiera y bancaria, como en el caso del Colombia, suma más que la participación de la industria y la agricultura en el PIB. 


Por otro lado, si los sectores rentistas crecen más que los sectores productivos, esto no solo es un obstáculo a la inversión, sino que está generando más concentración del ingreso. Colombia es el 11º país con más alta concentración del ingreso en el mundo.


La respuesta a esta situación es el asistencialismo, nacional y local, que simplemente sirve de salvavidas pasajero, pero que no resuelve los problemas de fondo, como sería tener un empleo y un salario alineado con la productividad, que no lo está porque los ingresos del capital crecen más rápido que los ingreso del trabajo.  


Llama la atención, como señala la Revista Semana, “que Antioquia es el segundo departamento más desigual después del Chocó, y que Medellín es la ciudad más desigual del país” (Desigualdad por regiones, semana.com, nov 11-2015). En el caso de Medellín, en las tres últimas alcaldías, las transferencias de EPM al municipio, y la venta de activos (50% de UNE) para financiar el gasto social e infraestructura fueron enormes, en términos actuales cercanas al billón de pesos anuales. ¿Cuál fue el resultado? Cemento, mucho cemento; carreta, mucha carreta. 


Los faraones egipcios construían grandes pirámides y enormes palacios, pero eso no creaba una sociedad más igualitaria, ni lo pretendían. Igual pasa en Medellín, sobran las “pirámides”, bibliotecas sin libros, soterrados, los puente-taco de la 4ª Sur, y El Tesoro, etc. Sin embargo, el 52% de la población no tiene para los tres “golpes” (comidas) del día.


Los “faraones” locales pretenden que están haciendo una transformación social, convirtiendo la otrora ciudad industrial de Colombia con buenos salarios y más equitativa en una ciudad de servicios mal pagos y alta informalidad. Y este es el programa presidencial de Sergio Fajardo, quien sostiene que lo que le hace falta al país es que todos sean “bien educados”.