Columnistas


Apoyemos al alcalde
Autor: Alfonso Monsalve Sol髍zano
28 de Febrero de 2016


La denuncia del alcalde sobre la amenaza de muerte de la que ha sido objeto por parte de los criminales de Medell韓 y el tratamiento, por decir lo menos, irregular que le dieron a este hecho la Procuradur韆 y la Fiscal韆.

La denuncia del alcalde sobre la amenaza de muerte de la que ha sido objeto por parte de los criminales de Medellín y el tratamiento, por decir lo menos, irregular que le dieron a este hecho la Procuraduría y la Fiscalía, son alarmantes, no solo por lo que significa el que nuestro burgomaestre sea víctima de semejante despropósito, que habla de los alcances que el crimen organizado ha retomado en nuestra ciudad, sino, también, del funcionamiento de las instituciones diseñadas para protegernos.


El poder de las bandas ligadas al microtráfico, la extorsión a comerciantes y residentes, en un gran números de comunas, luego de haber retrocedido hasta el 2010, ha ido creciendo a medida que se relajan los controles sobre el comercio de drogas, ligados a la actitud permisiva que se tiene sobre este negocio ilícito de los grandes capos, asentados, los principales de ellos en La Habana, o reunidos en bandas, denominadas Bacrim, que trabajan en alianza en muchas ocasiones, con aquellos.


Es ese intercambio nefasto el que posibilita y articula las otras actividades subsidiarias, porque habilita los controles territoriales sobre la población, determina las alianzas o los conflictos de los grupos que hacen parte del entramado, agrupa en cabeza de avezados delincuentes todos esos delitos.


En Medellín es visible, como en ninguna otra parte del país, pero esto no quiere decir que ese proceso de narcolumpnizacion no se esté viviendo en las grandes capitales, y también en las ciudades intermedias y pequeñas. El punto es que nuestro alcalde osó poner el dedo en la llaga y destapar la basura que se esconde debajo del tapete, pero que gobierna, como ya dije amplios sectores de la ciudad, con un poder paralelo y opresivo que controla la vida y la muerte en ellos, lo que se compra y se vende, lo que se puede hacer y lo que no, que señala el transporte que se puede usar en zonas periféricas y en algunas no tanto, que están por fuera del sistema institucionalizado de transporte.


Se necesita valor y sentido de pertenencia y responsabilidad para querer recuperar la ciudad de esos gobernantes clandestinos. Gutiérrez está honrando el compromiso por el que fue elegido, pues dejó en claro que su tarea principal era recuperar la seguridad de Medellín. Por eso asombra que, todo parece indicar, lo esté haciendo sin contar con la seguridad que le deben brindar quienes están obligados a brindársela. Más triste, aun, si se tiene en cuenta que, luego de producirse semejante denuncia, las cabezas de los organismos concernidos no hayan dado una explicación satisfactoria, al menos, hasta donde yo estoy informado. ¿Qué está pasando?  ¿La seguridad ya no importa si está ligada a los intereses de los grandes narcotraficantes del país que negocian allende los mares el futuro de esta práctica criminal?


En cualquier caso, los ciudadanos de Medellín debemos cerrar filas en torno a Federico Gutiérrez, haciéndole sentir nuestro apoyo y, de paso, notificando a los delincuentes que él no se encuentra solo, y a las autoridades implicadas, que estamos vigilantes de sus actuaciones al respecto.