Columnistas


Campa馻 apasionante
Autor: Jorge Mej韆 Martinez
17 de Febrero de 2016


Hace apenas 50 a駉s la poblaci髇 negra de EEUU daba la lucha para poder sufragar sin intimidaciones e ingresar a las universidades sin discriminaciones. Todav韆 hoy en los discursos p鷅licos de los gobernantes hay cabida para que cese la segregaci髇.

jorgemejiama@gmail.com


Hace apenas 50 años la población negra de EEUU daba la lucha para poder sufragar sin intimidaciones e ingresar a las universidades sin discriminaciones. Todavía hoy en los discursos públicos de los gobernantes hay cabida para que cese la segregación. Las palizas de los policías a los muchachos afros recuerdan esas épocas del pasado, pero recientes. El respaldo mayoritario de los miembros del partido Republicano a las tesis retrogradas de Donald Trump dan cuenta de que las raíces de la intimidación racial son muy profundas en el alma de millones de norteamericanos. Pero otros muchos millones ya doblaron en definitiva esa página. La mejor muestra es lo que ocurre en la campaña actual por la Presidencia de la República. 


Después de padecer los gobiernos Republicanos de Reagan y Busch y soportar la tibieza del mandato de Clinton, llegó a la Casa blanca el primer representante de los pobladores no blancos con el respaldo mayoritario de los jóvenes y las mujeres. Un hito histórico. Para desgracia de Obama su partido fue incapaz de conservar las mayorías en el Congreso y la puja ejecutivo-legislativo bloqueó buena parte de sus intenciones reformistas. Por lo menos, eso es lo que creemos los que simpatizamos con su nombre y su gesta. Nos gustó su reto de facilitar el acceso a la salud de la población más urgida, venciendo el espíritu individualista de los norteamericanos que creen que ese servicio es el resultado del libre juego de la oferta y la demanda, rindiendo culto al mercado, y no una consecuencia de la obligación pública de garantizar el ejercicio de los derechos ciudadanos. Gustó mucho lo de Cuba. Se dio la pela ante la influyente población de inmigrantes cubanos reacios a aceptar que el aislamiento y el embargo de la Isla es reflejo de la discriminación interna que caracterizó a la sociedad norteamericana.


Mientras en el frente del partido republicano el pasado más oscuro sigue siendo un activo electoral, por el lado demócrata el panorama es de expectativa. Apasionante. De un lado, después de darle la oportunidad al primer negro de ser Presidente, el turno ahora sería para la primera mujer. No exenta de los influjos de los grandes sectores de poder de EEUU, pero aguerrida y sensible como toda esposa y madre. Interesante observar el comportamiento de una mujer al frente del cargo más poderoso del mundo. 


Pero el colmo de la tapa, por lo positivo, es la posibilidad de que un socialista desparpajado pueda ser el reemplazo de Obama. Bernie Sanders nos tiene pegados del transcurrir de la campaña. Que un político en ejercicio como senador tenga chance de ganar la Presidencia pregonando su lucha contra el poder corruptor del dinero de los grandes financiadores de las contiendas electorales, en cabeza de los banqueros de Wall Street, o facilitar el acceso gratuito a la universidad pública o a la salud, duplicar el salario mínimo y aumentar los impuestos al uno por ciento de los más ricos, es toda una revolución. Palabreja que no suelta de su lenguaje. Así como luchar por la “igualdad económica y social”. Lo mejor es que ese discurso ha sido el de toda su vida, no solo ahora. Muy coherente el hombre.