Columnistas


Mis preguntas sobre el traslado de la FLA
Autor: Miguel Jaramillo Luj醤
17 de Febrero de 2016


La venta de un terreno que es propiedad del Estado no puede ser establecida bajo un par醡etro exclusivamente como el empleo, el impuesto a la renta o el predial; todos aspectos muy importantes, pero debe analizarse sobre una variable clave:

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La venta de un terreno que es propiedad del Estado no puede ser establecida bajo un parámetro exclusivamente como el empleo, el impuesto a la renta o el predial; todos aspectos muy importantes, pero debe analizarse sobre una variable clave: Mayor rentabilidad de un bien desde un función primordial del Estado frente a la economía: Identificar los fallos del mercado para intervenirlos con miras al mejoramiento del bienestar colectivo. 


Luego del anuncio del gobernador de Antioquia, Luis Pérez Gutiérrez sobre el posible traslado de la Fábrica de Licores de Antioquia del terreno que actualmente ocupa en límites entre Itagüí y Medellín, para un lote posiblemente en Rionegro; surgen muchas inquietudes y reflexiones sobre la conveniencia de tal decisión, frente a la cual no quiero expresarme positiva o negativamente sino hacer un llamado al gobernador Pérez y su equipo para que hagan una revisión al detalle de la forma cómo impacta el mercado una determinación de este calibre y desde los fallos que existen desde variables de oferta y demanda, se pudiera generar un impacto mayor con la utilización adecuada de este terreno, en beneficio de la misión industrial y comercial de la licorera antioqueña. 


El Estado tiene la misión de controlar las fallas del mercado sobre el cual se actúa desde el deber constitucional entregado por los habitantes de un territorio y desde ese deber de intervenir para que las variables de la economía generen mejores condiciones de vida para los ciudadanos, es importante resolver preguntas como: ¿Debemos persistir en un Estado Cantinero y tener una empresa de licores rentando al Estado y sobretodo compitiendo en un mercado donde se están vendiendo estos activos y además los jugadores son demasiado fuertes y con talla global? ¿Cuál sería la destinación más apropiada para el terreno de Itagüí en clave de planificación y desarrollo urbano integral de forma que se cuente con los suficientes equipamientos para generar calidad de vida en materia de movilidad, servicios público, vías, salud, educación para los usos que se van a dar a esos 178.100 metros cuadrados en el Valle de Aburra? ¿Cuál es el valor de la tierra en clave de renta presente y futura que más podría convenir al nuevo espacio que aloje la Fábrica de Licores de Antioquia? ¿Cuántos empleos productivos podría generar según la distancia para los obreros de la FLA, pues es un hecho que no son muchos de Itagüí como erradamente lo querían hacer ver las autoridades de esa ciudad, quizá más motivadas por la carga tributaria que paga el gobierno departamental por su presencia allí? ¿Cómo se produciría el traslado para no entorpecer los objetivos de producción y comercialización de la FLA y también los recursos que percibe por ello el Departamento? ¿Cuál es la mejor ubicación geográfica en cuanto a planeación y ordenamiento territorial, adicional a las rutas de movilidad para el licor que se comercializa dentro y fuera del país según el plan de mejoramiento de las autopistas 4G y demás decisiones en materia de infraestructura vial? 


Solo son algunas preguntas que se expanden y podrían multiplicarse a lo largo de la cadena de valor de un producto como el licor en nuestro medio y las implicaciones que además son de carácter tributario, financiero, social y en materia de salud público de un profundo impacto en una cultura como la nuestra y además por los niveles de aprobación y afecto ciudadano que posee esta empresa con más de 92 años patrimoniales. 


Se trata de un tema serio que va más allá de los intereses personales y debe considerarse ligado al futuro del Departamento de Antioquia como entidad territorial, de los municipios por fuera del Valle de Aburrá y merece un tratamiento que no se circunscriba a declaraciones de medios apelando a las emociones de empleados, amigos, usuarios, dirigentes y ciudadanos del común que se ven impactados por las decisiones públicas cuando estas no se toman con un amplio horizonte de análisis y haciéndose las suficientes preguntas.