Columnistas


Ring ring o televisión, es la nueva cuestión
Autor: Mariluz Uribe
16 de Febrero de 2016


Feliz en Medellín, porque además de ver amistades y familia, y de que los médicos me vean a mí, puedo ver programas como los de Telemedellín.

Feliz en Medellín, porque además de ver amistades y familia,  y  de que los médicos me vean a mí, puedo ver programas como los de Telemedellín. Pues en mi primitiva tele de Bogotá sin antena ni nada, o sea en pura pelota (ella) no puedo ver ningún canal extranjero contando como tales los nacionales fuera de Bogotá. Pues aquí  puedo ver entre otras cosas, la maravillosa Telemedellín aunque en algunos momentos o programas funciona como si fuera una  telefónica. Yo de lo más atenta al programa cuando empieza a sonar el teléfono:


 Ring ring ring, desesperada de pensar qué habrá pasado y qué quién me estará llamando a esa hora, gateando por la sala -porque estoy en un cojín en el suelo - alcanzo la bocina. Piiiiiiiiiiiii, me contesta ella de lo más educada. No, nadie estaba llamando, vuelvo a mi cojín. Y enseguida otra vez ring ring. ¡Oh Dios mío por qué se acuerdan tanto de mí! Ring ring, al fin dejo el teléfono descolgado, aunque de pronto me puedo perder la llamada del último de los amantes ardientes, si es que todavía existe por ahí. 


¡La bocina está tirada patasarriba y continúa el ring!


¿Debo ir al psiquiatra que me recibe hasta sin marido? ¿Debo ir al médico de ojo, pupila y distancia, digo de oído, cerumen, daño en martillo, yunque, lenticular o estribo?  ¿Debo mandar reparar el televisor, tirarlo por la ventana y salir a mendigar otro, o de pronto hasta a comprar uno?


¡El ring me ha dominado, o al fin y al cabo arrullado, y me ha mandado a dormir! Así que hasta mañana. Espero amanecer viva y en silencio y poder seguir contando acerca de las jugarretas tecnológicas. De ésta la peor sí es, realmente, que el “profe de compu” no llegue, pero a lo peor tiene casos  mejores que los míos. 


NOTA:  Me iban a negar la renovación de mi pase de conducir y no por bruta ni sorda ni ciega, ni paralitica ni paleolítica, sino por no tener huella registrable en un aparato “digital”, (¿?) porque obviamente con tinta sí la tengo, ¡por más platos que haya lavado o teclas que haya espichado, o manos que haya cogido! Tampoco me he cambiado la huella donde el cirujano plástico, pues ni siquiera he estado en narcotráfico ni en nada que sea meter los dedos donde no es. Creo que lo importante es que sin huella ni nada distinga el acelerador del freno, el policía del peatón, la moto de la cicla y el carro de bomberos de la ambulancia. Ah del Centro Internacional donde dan los Pases o Patentes, deben llamar a Bogotá para que “habiliten mi inhabilidad”.


 Desde que cambiaron el cojincito con tinta por un aparatico “electrónico” ¡ Ja ja!, hecho en los USA de los gringos, o tal vez en la China de los chinos, por más que meta el dedo 15 veces 15, mi huella no sale y lo peor, creo que ya estoy electrocutada. Siempre recuerdo que cada vez que salía una de estas “novedades” cosas, mi marido suspiraba y decía: ¡QUÉ INVENTARÁN DESPUÉS!


P.S. Dizque uno como periodista no debe escribir sobre uno mismo, espero que como columnista sí. Pues eso le dicen a uno en clases de Periodismo en USA, allá siempre comienzan: “When Bill was….” y el tipo era Memo que contaba su propia historia. 


*Psicóloga PUJ y Filóloga U de A