Columnistas


Una obra inaplazable
Autor: Jorge Arango Mejía
14 de Febrero de 2016


Hace más de cincuenta años se habla del embalse de Cocora, la obra más importante del Quindío. Recientemente, el departamento tenía unos dineros –algo así como 16.000 millones de pesos- destinados a pagar los estudios correspondientes.

Hace más de cincuenta años se habla del embalse de Cocora,  la obra más importante del Quindío. Recientemente, el departamento tenía unos dineros –algo así como 16.000 millones de pesos- destinados a pagar los estudios correspondientes. En mala hora,  la administración departamental que no vale la pena mencionar, les cambió la destinación  y los enterró (literalmente) en unos tres mil  pozos sépticos, en predios de particulares, con dineros públicos.  Como el nuestro es un país de ciegos, nadie vio lo que era evidente: que cada pozo le costaba al departamento cinco millones de pesos, cuando los particulares los hacían mejores por menos de dos millones; que al destinar esos recursos públicos a valorizar predios de particulares, se quebrantaba el artículo 355 de la Constitución, que prohibe “decretar auxilios o donaciones a favor de personas naturales o jurídicas de derecho privado.” Violación de la Constitución que implicaba la comisión de un delito que, como tantos, quedará impune. 


Estoy convencido de que el gobernador Carlos Eduardo Osorio puede y debe rescatar de su abandono el proyecto del embalse de Cocora, cuyas ventajas son evidentes.


En primer lugar, hay que asegurar el abastecimiento de agua para todos los municipios del Quindío.  Esta región, privilegiada por su ubicación geográfica, su clima, la feracidad de sus tierras, sus paisajes y, sobre todo, por la calidad de su gente, está de moda. Si se observa el ritmo de la construcción en Armenia, y especialmente la cantidad de conjuntos de vivienda campestre, y se tiene en cuenta quiénes están comprando los nuevos inmuebles, se llega a la conclusión de que todo el mundo quiere vivir aquí. De todas partes llega gente, en busca de tranquilidad.


He sostenido que al darse al servicio el túnel de La Línea, Armenia y el Quindío vivirán una era de progreso, solamente comparable a los primeros cincuenta años del siglo pasado. Será como una segunda fundación.


El lago de Cocora sería un atractivo turístico que se sumaría a los que ya hacen de Salento uno de los municipios más visitados de Colombia.


Ésta no es una tarea fácil. Pero hay que hacerla. He oído opiniones respetables de  expertos en la materia, que aseguran que si no se construye el embalse podría alterarse gravemente el clima de la región.


Hay que estudiar la posibilidad de invertir recursos de las regalías en este proyecto. Las que se recibieron hasta ahora desaparecieron, como por arte de magia. Nunca se supo a cuánto ascendieron y cómo se esfumaron, a dónde fueron a parar. Y nunca se sabrá...


Hay que entender varios hechos. El primero, que el embalse de Cocora es  una obra que beneficiaría a todo el Quindío; el segundo, que el clima excepcional (que  impide que en estos días  se vean tierras agostadas, pastos secos, cultivos arruinados por el sol  etc) solamente se mantendrá en el futuro, si se crean grandes estanques que conserven la humedad ambiental. De lo contrario, cada día disminuirá el agua mientras aumenta la población. 


Estamos en tiempos de enmendar errores. Y el mayor es el que se cometió al hacer a un lado el proyecto de este embalse.


 


Una verdad a medias o una mentira


El Tiempo, en su edición del domingo 7, al referirse al escándalo de Reficar (punta del iceberg de la corrupción imperante en la administración pública), incluyó el caso de Termo-Río y Electranta, de Barranquilla.  Hace años conté la historia real, en la cual intervengo en defensa de la Nación, de esta tentativa frustrada contra el tesoro público. No es verdad que el laudo que condenara a Electranta a pagarle a Termo-Río 61 millones de dólares se cumpliera. Fue anulado por el Consejo de Estado y Electranta no pagó un solo peso. En este asunto la Nación no perdió nada. Y solamente falta que el Consejo de Estado falle en última instancia la demanda de nulidad del contrato de suministro de energía celebrado entre esas dos sociedades, demanda que presenté el 5 de agosto de 1998, ante el Tribunal Administrativo del Atlántico.  Cuando el Consejo de Estado dicte su fallo, que de ninguna manera puede perjudicar económicamente a la Nación, habrá  concluido la conjura que fraguara el hermano de un senador para asaltar el erario. Conjura que fracasó...