Columnistas


Las virtudes del Pr韓cipe
Autor: Pedro Juan Gonz醠ez Carvajal
9 de Febrero de 2016


Para Nicol醩 Maquiavelo, el Pr韓cipe ha de poseer ciertas virtudes y contar con la buena fortuna, si pretende salir airoso en las empresas que ha de emprender.

Para Nicolás Maquiavelo, el Príncipe ha de poseer ciertas virtudes y contar con la buena fortuna, si pretende salir airoso en las empresas que ha de emprender.


Sostenía Maquiavelo en sus tiempos: “Nadie deja de comprender cuán digno de alabanza es el  Príncipe que cumple la palabra dada, que obra con rectitud y no con doblez; pero la experiencia nos demuestra, por lo que sucede en nuestros tiempos, que son precisamente los Príncipes que han hecho menos caso de la fe jurada, envuelto a los demás con su astucia y reído de los que han confiado en su lealtad, los únicos que han realizado grandes empresas”.


Algunas de las virtudes que debe poseer el Príncipe, enunciadas por Maquiavelo, son: Tener un ejército profesional. Imitar al zorro al ejercer la Diplomacia. Imitar al león en la batalla y en la aplicación de justicia. Preferir ser temido que ser amado. Eliminar al adversario. Divertir y distraer al populacho. Atraer a las mentes brillantes y  debilitar a los vecinos.


“No es preciso que un Príncipe posea todas las virtudes citadas, pero es indispensable que aparente poseerlas. Y hasta me atreveré a decir esto: que el tenerlas y practicarlas siempre es perjudicial, y el aparentar tenerlas, útil”.


Está bien mostrarse piadoso, fiel, humano, recto y religioso, y así mismo serlo efectivamente; pero se debe estar dispuesto a irse al otro extremo si ello fuera necesario.


Y ha de tenerse presente que un Príncipe, y sobretodo un Príncipe nuevo, no puede observar todas las cosas gracias a las cuales los hombres son considerados buenos, porque, a menudo, para conservarse en el poder, se ve arrastrado a obrar contra la fe, la caridad, la humanidad y la religión.


Es preciso pues, que tenga una inteligencia capaz de adaptarse a todas las circunstancias, y que, como he dicho antes, no se aparte del bien mientras pueda, pero que, en caso de necesidad, no titubee en entrar en el mal.


Por todo esto un Príncipe debe tener muchísimo cuidado de que no le brote nunca de los labios algo que no esté empapado de las anteriores virtudes citadas, y de que, al verlo y oírlo, parezca la clemencia, la fe la rectitud y la religión mismas, sobre todo esta última”.


La ética de Maquivelo, según aparece resumida en un texto de autor no identificado, es la siguiente:


“Un Príncipe debe manipular las situaciones que se le presentan, utilizando cualquier recurso, hasta conseguir lo que desea: el que consigue el poder es el Príncipe, los que consiguen el orden y la paz son los súbditos. 


El gobernante debe de ser astuto, intuitivo, debe tener la habilidad de adaptarse según le convenga y la sagacidad para sortear obstáculos.


Debe ser amoral y la indiferencia entre lo bueno y lo malo debe estar por sobre todas las cosas.”           


Con respecto a la buena fortuna, este es un don absolutamente casuístico, donde el destino, los astros, las energías apropiadas, le dan al Príncipe el arrojo y la tenacidad suficientes para emprender empresas que un humano común ni siquiera intentaría.   


Guardadas proporciones, hemos sido testigos como politicastros locales han pretendido fungir como Príncipes, siguiendo los consejos y recomendaciones de Maquiavelo, donde las acciones más o menos se ajustan y se acomodan  a lo sugerido, pero donde el talante de quienes las han tratado de ejercer, dista leguas del tamaño de los Príncipes descritos por Maquiavelo.


Retomo de la sección “La frase” del Periódico El Mundo, este pensamiento que me ha dejado pensativo: “Nunca moriría por mis creencias, porque podría estar equivocado”. Bertrand Russell.