Columnistas


Hostigamiento intolerable
Autor: Omaira Mart韓ez Cardona
9 de Febrero de 2016


Pocas palabras tienen tantos sentidos y usos como el verbo hostigar que siempre se relaciona con conductas ofensivas destinadas a incomodar, llamar la atenci髇, perturbar.

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Pocas palabras tienen tantos sentidos y usos como el verbo hostigar que siempre se relaciona con conductas ofensivas destinadas a incomodar, llamar la atención, perturbar.


El hostigamiento es tan inherente al ser humano como el conflicto, hace parte de la cotidianidad como táctica de defensa, de reacción o de evasión con el  propósito casi siempre de presionar hasta disuadir. No es nada distinto al acoso que aunque siempre ha estado presente en las relaciones interpersonales, es un asunto que actualmente por moda o conveniencia de intereses particulares, ha cobrado vigencia y se visibiliza más en la agenda pública con la hipócrita reacción de sorpresa de quienes por hábito son hostigadores y ahora quieren parecer los hostigados.


En el ámbito laboral, el acoso u hostigamiento también conocido como “mobbing” es un tema reciente de estudio en las organizaciones actuales en las que prevalece el individualismo y la competencia. El tema es más delicado de lo que parece y es uno de los más descuidados hostigamientos que debe trascender el escándalo y el espectáculo para concentrarse en las causas para evitarlas, y en las consecuencias, para atenderlas. 


Información del Centro de Atención Laboral Sindical de Antioquia que es uno de los departamentos que más situaciones presenta, revela que el año pasado se reportaron sólo 60 casos de acoso laboral, cifra lejana de la  realidad debido al miedo que sienten los afectados a denunciar o a quedarse sin empleo. Aunque las leyes de protección contra el acoso en todos los ámbitos existen, los procesos son lentos y exigen muchas evidencias que no siempre la víctima está en capacidad de demostrar; pocos son los casos que han culminado en acciones preventivas o sanciones a las empresa.


Además sobre el tema aún existe más que prevención y temor, mucho desconocimiento, es una situación que aún avergüenza  y es evadida por muchos de los afectados que optan por abandonar de manera injusta su empleo por la presión sicológica y física.


Pocos son conscientes de la diversidad de conductas persistentes que pueden ser tipificadas como acoso, la discriminación, el entorpecimiento para la realización de una actividad, la inequidad asignando funciones que exigen más de las capacidades o aquellas que exigen menos o subvaloran el perfil ocupacional y tal vez una de las más comunes, el exceso de trabajo atendiendo funciones de dos o más cargos.


Tampoco muchos reconocen que el hostigador o acosador en el ámbito laboral no siempre es el superior o jefe sino también un compañero del mismo nivel o un subalterno que con chistes, comentarios, burlas o saboteos que pueden parecer inofensivos, provoca los síntomas iniciales de hostigamiento y que pueden generar consecuencias nefastas como la de Juan Carlos Forero, un ejecutivo de una multinacional que se suicidó hace 8 años presionado por una situación de hostigamiento laboral y cuyo caso aún es investigado. 


No sólo este caso prendió las alertas, es responsabilidad de cada empleado no esperar hasta que las situaciones detonen para tratar de solucionarlas. Existen muchos mecanismos mediante los cuales se puede denunciar, el asunto es conocer la ley y buscar ayuda en los organismos creados para aplicar justicia y orientar. 


Ser conscientes como personas que conviven en sociedad  y como ciudadanos de conductas irrespetuosas e intolerables que a veces de manera involuntaria se asumen frente a los otros y que intimidan, causan angustia,  perjuicio o problemas de salud,  es el primer compromiso que se debe asumir, recordando que el miedo no está por encima del nivel de dignidad de nadie.