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¿Se abre paso una constituyente?
Autor: Álvaro González Uribe
6 de Febrero de 2016


Aunque con diversos fines y variables, la constituyente que han propuesto el Centro Democrático y las Farc ha ido sumando adeptos de otros sectores en los últimos días. Una constituyente que antes para muchos parecía razonadamente un esperpento.

@alvarogonzalezu


Aunque con diversos fines y variables, la constituyente que han propuesto el Centro Democrático y las Farc ha ido sumando adeptos de otros sectores en los últimos días. Una constituyente que antes para muchos parecía razonadamente un esperpento -me incluyo- hoy empieza a verse con otros ojos.


Para salir de las encrucijadas difíciles es muy sano detenerse a pensar con profundidad en las propuestas que nos parecen absurdas, ya sea con el fin de nutrir los argumentos para rechazarlas o de aceptarlas de plano o con modificaciones. El germen de la solución a los dilemas propios puede estar en las ideas del contradictor. Es el milagro del diálogo, de la razón y del libre pensamiento.


No cabe duda de que los acuerdos de paz de La Habana serán muy difíciles de implementar, en especial en un país dividido. Por tanto, urge disminuir la polarización y buscar puntos de encuentro.


Lo primero es separar los momentos. Las negociaciones de La Habana culminarán con la firma de los acuerdos ya sea el próximo 23 de marzo o días o algunos meses después. Sin embargo, el camino hacia la paz duradera seguirá por muchos años, camino que también tendrá varias etapas.


Luego de la firma vendrá el plebiscito como mecanismo de legitimación de dichos acuerdos. Ese será otro momento. Si el plebiscito triunfa el momento subsiguiente será el más complicado: implementar los pactos.


Sin embargo, ¿quiénes harán las reformas legales que requieren esos acuerdos? ¿Todos los partidarios de las negociaciones de La Habana son conscientes de que esas reformas pueden ir incluso contra el poder que varios de ellos han acumulado? Me temo que muchos no son conscientes de ello o están pensando en que ya verán cómo doran la píldora. Y no se trata de que esas reformas tengan objetivos personales de tumbar a algunos, se trata de que su contenido implica cambios de sistemas políticos, sociales y económicos que no son compatibles con los medios de gran parte de la actual clase política.


El temor que genera una constituyente se basa en que es una caja de pandora que puede llevarnos a reformas que no nos gustan. Pero esos son los riesgos que conlleva siempre una verdadera democracia. Una constituyente podría ser favorable o desastrosa para las Farc desmovilizadas; lo mismo sucedería para el Centro Democrático y para los demás partidos políticos. Todo depende de cómo esté conformada, y en ello quien decide es el pueblo por medio de unas elecciones libres. No es la primera vez que Colombia deja su suerte a lo que decidan las urnas. Por fortuna, cada dos años lo hacemos.


Es un tema para pensar y discutir sin prejuicios ni temores. Sería una constituyente, no para remplazar el plebiscito o condicionar la validez de los acuerdos de La Habana, sino para desarrollar sus contenidos posteriormente. Sería otra etapa necesaria en este tortuoso pero cada vez más seguro camino hacia una paz sostenible.


Una de las personas a quien más admiro en temas de paz y desarrollo es al padre Francisco de Roux. Se trata de un colombiano sensato, claro y sincero: “Las conversaciones de La Habana no tienen que terminar en una nueva asamblea constituyente, pero el proceso de reconstrucción que reclama la paz va a pedir más adelante reformas de la Constitución...”. (El Tiempo; 4-02-16).


El padre de Roux no menciona de manera directa una constituyente, quizá por no meterle ese leño al fuego ahora, quizá porque no está plenamente convencido de ella, quizá porque hay varias maneras de reformar la Constitución, o quizá por las tres razones. Sin embargo, ya tenemos suficientes pruebas de que las fuerzas que han dominado el Congreso no tienen voluntad de emprender las reformas indispensables. Ejemplos claros son las reformas a la justicia y la electoral, por decir solo dos. Digo indispensables, no solo porque sean fruto de los acuerdos de La Habana, sino porque son un clamor de muchos colombianos que deseamos otra Colombia desde hace más tiempo. Incluso, a lo mejor algunas ni les interesen a las Farc estando ya desmovilizadas.