Mundo deportivo

Mechanical doping, the new threat
Dopaje mecánico, la nueva amenaza
Autor: Merllyn Álvarez Hincapie
6 de Febrero de 2016


Lo que hace unos años era un mito, hoy es realidad. El dopaje mecánico es el nuevo dolor de cabeza de la Unión Ciclística Internacional, UCI, organismo que además de supervisar el consumo de sustancias prohibidas, tendrá que controlar las ayudas.



Con tantas formas de conseguir buenos resultados a costa de ayudas prohibidas, los entes rectores del ciclismo tendrán que vigilar y controlar mucho más a los deportistas para evitar faltas al juego limpio y en contra de un deporte que ya ha sufrido mucho por estos temas.

Cortesía Diego Sinisterra

Lastimosamente desde hace muchos años el ciclismo ha sido empañado por diferentes escándalos, debido a las malas acciones de algunos corredores que han hecho que el deporte de las bielas pierda credibilidad ante muchos aficionados.


Las constantes polémicas que se han desatado en esta disciplina deportiva han sido causadas por el dopaje de algunos de sus practicantes. Con el pasar de los días, las nuevas tecnologías han ayudado a que la práctica del dopaje sea cada vez menos visible; hasta llegar al punto de no tener que ingerir sustancias, sino simplemente utilizar una ayuda mecánica para lograr mejores resultados.


Desde hace algunos años, la Unión Ciclística Internacional, el organismo rector del ciclismo internacional, ha venido investigando la posible utilización de motores dentro de las bicicletas; una práctica que hasta hace pocos días era todo un mito, pues fue comprobado el pasado 30 de enero en Bélgica, cuando un inspector de la UCI encontró un motor dentro de la bicicleta de la belga Femke van den Driessche, quien participaba en el Mundial de Ciclocross.


Antecedentes


Del dopaje tecnológico se ha venido sospechando desde hace muchos años atrás, cuando dos reconocidos ciclistas dejaron dudas de su “juego limpio”, y con evidentes acciones generaron desconfianza.


La primera duda la dejó el corredor suizo Fabian Cancellara en 2010, cuando en el Tour de Flandes soltó a Tom Boonen en el Muro de Kapelmuur, como si fuera en una moto.


En la Paris-Roubaix del mismo año, el mismo Cancellara volvió a ser protagonista, al escaparse de un grupo de corredores a un mayor ritmo del que llevaban, pero sin pedalear muy fuerte.


El último caso fue más reciente, en el año 2014 durante la Vuelta a España, cuando el canadiense Ryder Hesjedal sufrió una caída y las llantas de su bicicleta continuaron rodando solas.


Ninguno de los tres casos fue comprobado como dopaje mecánico, pero desde esos incidentes la UCI ha estado trabajando para evitar estas novedosas trampas y actualmente, cuentan con escáneres que ayudarán a identificar los motores dentro de las bicicletas.


EL MUNDO habló con los directores deportivos de dos de las destacadas escuadras del ciclismo colombiano, quienes desde su conocimiento y experiencia dieron su impresión sobre esta nueva tendencia de dopaje en el deporte del caballito de acero. 


Falta al juego limpio


Luis Fernando Saldarriaga, técnico del Manzana Postobón Team, opinó sobre el tema que se roba la atención de los amantes de las bielas por estos días y aseguró que por muy bien trabajadas que sean estas ayudas tecnológicas, son una falta al juego limpio.


“Como ha venido aconteciendo con este deporte, siempre somos los que damos las noticias con respecto a estas nuevas facetas que está conociendo el ciclismo, como es el tema del dopaje tecnológico. Más allá de que sea muy estudiado, muy milimétrico y desde lo mecánico muy bien estructurado, pienso que es una falta a un compromiso en el ciclismo como lo es el juego limpio, es un deterioro en los valores que nos ha venido arraigando desde lo que pasó con Lance Armstrong hasta lo que vimos en los últimos días”, expresó.


El técnico de la escuadra rosa resaltó que “independiente de lo que sea, pienso que no se debe pasar por encima del talento, de la condición física innata de un corredor que requiere de varias horas de entrenamiento”.


Para Saldarriaga, “dentro de la percepción o del análisis que se haga de un gesto técnico o de un esfuerzo que está haciendo un corredor en cierto momento sería fácil de detectar si hay ayudas tecnológicas. Además, ahora la UCI está utilizando los escáneres, cámaras microscópicas por dentro de los marcos de las bicicletas para ver si hay algo dentro de ellas que genere más potencia”.


El entrenador antioqueño agregó también que sería bueno “revisar antes de las etapas las bicicletas que van de repuesto en los carros y revisar inmediatamente a los ganadores de los diferentes premios de la etapa”.


Salida de los tramposos


Por su parte, el director deportivo del Movistar Team América, Libardo Leyton, también dio su punto de vista sobre el dopaje mecánico y manifestó que “creo que es la salida que están encontrando algunos tramposos para lograr lo que sus condiciones naturales no se lo permitirían”.


Según Leyton, de este tema “se viene hablando desde hace más de siete años. Se conocía también desde hace muchos años que existían en el mercado este tipo de elementos, que se han ido modernizando y cada día se irán desarrollando más, lo que los harán más indetectables”.


El técnico, actual campeón del Clásico RCN Claro, explicó que “hay unos escáneres especiales, pero que cuestan una importante suma de dinero, lo que hace que sea más difícil de controlar o de poner a disposición de los organizadores para darle credibilidad a sus carreras. Afortunadamente, creo que en el ciclismo de alto nivel se conocen las condiciones de cada corredor y cualquiera que se salga de esos parámetros, que todo el mundo le conoce, va a ser detectado fácilmente y va a ser más fácil el chequeo”.




¿Dónde se ubican los motores?

Zimael Mejía, mecánico al servicio del equipo de ciclismo Orgullo Antioqueño, explicó en diálogo exclusivo con EL MUNDO que la instalación de un motor en una bicicleta es “relativamente fácil. Desde mi conocimiento en el tema, tengo entendido que es un cilindro, de fácil instalación, que va en la barra vertical de la bicicleta y encaja en las bielas, aunque también existe otro sistema que se da a través de unos imanes electromagnéticos en la rueda”. 


Para descubrirlo es necesario “un escáner, rayos láser que muestren qué hay dentro de la bicicleta, o desarmándolas; porque a simple vista es muy difícil notar que la bicicleta lleva un motor”, expresó.


Según explicó Mejía, el tiempo que se puede demorar la instalación de un motor en una bicicleta es de “aproximadamente 30 minutos” y además aseguró que “el fabricante del motor debe entregar todas las piezas, el mecánico sólo tendría que encargarse de instalarlo y ponerlo a funcionar”.




¿Cómo funcionan?

El entrenador Luis Fernando Saldarriaga explicó que el dopaje mecánico se trata de “motores que se introducen dentro de la bicicleta, que son generados por un sistema eléctrico manipulado también en los manillares y esto da una ganancia de más de 200 vatios, que el corredor se está ahorrando en energía y en contracción muscular”.


El ingeniero húngaro Istvan Varjas, quien se ha hecho famoso por crear este tipo de motores eléctricos para bicicletas, le explicó a un diario deportivo del nivel de L’Équipe que este motor “no mide más de 22 centímetros de largo, y tiene un diámetro de 31,6 milímetros”. Sobre el peso que este añade a la bicicleta detalló que “son unos 750 gramos, más las baterías, que añaden un peso diferente según la versión elegida: 900 gramos por 60 minutos de asistencia, o 1,3 kilos por 90 minutos”.