Columnistas


Cultura ciudadana
Autor: Henry Horacio Chaves P.
5 de Febrero de 2016


Es casi incontrastable que los niños y jóvenes de hoy tienen una mayor conciencia ambiental que las generaciones anteriores. Un logro casi silencioso de la educación, que supera los discursos y los eslóganes.

@HenryHoracio


Es casi incontrastable que los niños y jóvenes de hoy tienen una mayor conciencia ambiental que las generaciones anteriores. Un logro casi silencioso de la educación, que supera los discursos y los eslóganes. En eso puede decirse que los alumnos superaron a sus maestros. Una realidad que parece lejana en materia de cultura ciudadana, por eso hay que aplaudir los anuncios que en esa dirección hace la nueva administración de Medellín, y que ojalá no se queden en eso.


Más que titulares de prensa o campañas, el impulso a la cultura ciudadana debe gravitar sobre el ejemplo y sobre una constante motivación a la acción. De nada servirán los discursos y los mensajes pagados en radio y televisión, si en los despachos públicos los ciudadanos encuentran funcionarios que no contestan el saludo, que no responden las preguntas, que no miran a los usuarios. Claro que las campañas y la reiteración de los mensajes hacen falta, pero no son suficientes. 


Ese llamado a la cultura ciudadana es inaplazable. Ya no podemos tolerar más el inmenso cúmulo de basuras en las calles y aceras de una ciudad que se preció de ser una “tacita de plata”. No es admisible el constante olor a orines y heces en vías y plazas céntricas, en los bajos del Metro o las riberas de las quebradas. Y en esto hay que decir con contundencia que no solo aportan los habitantes de calle, sino muchos taxistas y otros ciudadanos que se arriman a cualquier árbol o poste, no en busca de sombra. Es cierto que tenemos una empresa de aseo más o menos eficiente, pero ni la más eficaz lograría hacerle frente a la cantidad de basuras y desperdicios que generamos sin compasión. También es verdad que en algunos lugares son insuficientes o inexistentes las papeleras o recipientes; lo que no es patente de corso para arrojar la basura al piso. El compromiso debe ser de todos.


Sería bonito que así como los niños y jóvenes hoy educan a los padres en cuestiones de medio ambiente, les reclamaran también cuando comenten una infracción de tránsito o cuando contravienen el sentido común. Hoy en Medellín pululan los carros parqueados a ambos lados de las vías, sobre las ciclorrutas, enfrente de los garajes y sobre las zonas verdes. Lo siguen haciendo porque no tienen ni siquiera una sanción social o familiar. Por eso ya nadie da la vía, ni el saludo:hasta lo miran a uno como un extraterrestre cuando saluda en un ascensor o en laacera, o cuando cede el paso.


Esa cultura ciudadana que todavía tenemos en un vago recuerdo, es recuperable con un poco de esfuerzo y mucha persistencia. Requiere un liderazgo coherente e insistencia, pero no puede concentrarse ni en los medios ni en lugares puntuales. Su efectividad depende, además del señalado ejemplo, de que llegue a las aulas pero también a las cafeterías; es decir, que se convierta en motivo de análisis, en invitación a actuar de una manera, pero también en tema de conversación cotidiana. Por esa vía llegan los aplausos y las sanciones sociales; mientras que por la primera se siembran semillas que florecerán en el futuro.


Es de esperarse que parte de las acciones que se anuncian para la nueva gerencia del centro lleven ese camino, sobre todo porque se le ha encargado la responsabilidad a Pilar Velilla, una mujer probada en convocar voluntades y mostrar resultados.  Sea este el espacio para augurarle éxitos en tamaña empresa porque si recuperamos el centro, habremos avanzado enormemente en la cultura ciudadana y cuanto antes, mejor.